

La gente está mal, votó para no estar peor y el protectorado yanqui obró de garantía. Pero el tipo interpretó que es exitoso y aprieta el acelerador: quiere pisotear a los laburantes, destruir la educación... Pone de ministro a un milico, de senadora a una narco y va por la privatización del fútbol. Quiere todo. Adquirió un aire solemne, se siente superhéroe, en serio. En realidad lo sostiene Trump y aunque son lo opuesto, uno nacionalista, el otro entreguista; uno patrón el otro empleado, en mala conducta son gemelos: groseros, ignorantes, prepotentes. Pero el cowboy tiene un frente interno complicado. Sus alardes imperiales son un búmeran para la economía estadounidense y sus locuras fatigan a algunos poderosos. Esta semana dijo que iba a echar de “una patada en el culo” (!!) al bueno de Bessent, el otro padrino del coso local. Si Trump tropezara con un juicio político o, quién sabe, con algo peor (los yanquis son expeditivos) el superhéroe no duraría ni dos meses.

Al final, la vaquita que iban a hacer los principales bancos estadounidenses a instancias de Trump y Bessent para “auxiliar” a la Argentina, también era un verso. Con esa zanahoria le hicieron ganar una elección a un gobierno que se caía. No habrá préstamo de 20 mil millones de dólares. Les salió barata la Argentina de Milei. Los piratas norteamericanos y su Fondo Monetario ya prestaron lo suficiente para tenerla atada de pies y manos. ¿Para qué más? A propósito del tema, se celebró el Día de la Soberanía, pero en el país que quiere esta gente el recuerdo de la Vuelta de Obligado, cuando los patriotas rechazaron el ataque de la flota anglo francesa, va siendo un sin sentido, algo medio incómodo. Acá el gobierno celebra la dependencia, le gusta. ¿Día de la Soberanía? Conforme a los tiempos que corren, no extrañaría que el coso que está instalado en la Rosada lo elimine.
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