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Columnistas
31/12/2022

Lula al gobierno, Cristina en la resistencia

Lula al gobierno, Cristina en la resistencia | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El líder brasileño vuelve a la presidencia mientras la conductora del kirchnerismo resiste a los poderes antidemocráticos que la condenaron y proscribieron, y que intentaron asesinarla. El gobierno de Bolsonaro en Brasil y la ultraderecha en Argentina fomentan la violencia social y el terrorismo político.

Miguel Croceri

Luiz Inácio Lula Da Silva llega al 1ro. de enero de 2023 con toda la carga de responsabilidades y enfrentando los desafíos, incertidumbres, amenazas y peligros que implica asumir la presidencia de Brasil después de cuatro años del régimen ultraderechista encabezado por Jair Bolsonaro, y de los devastadores dos años previos en que gobernó Michel Temer, cómplice y beneficiario directo del derrocamiento de Dilma Rousseff en 2016.

Mientras tanto, quizás Cristina Fernández de Kirchner haya tenido o tenga entre sus primeros pensamientos en las Fiestas de Navidad y Año Nuevo el agradecimiento por el hecho de estar con vida: finaliza el año en que milagrosamente se salvó de morir asesinada, el pasado 1 de septiembre.

“Siento que estoy viva por Dios y por la Virgen”, dijo dos semanas después del ataque en su contra, cuando se reunió con curas villeros y en Opción por los Pobres y con hermanas católicas tanto religiosas como laicas -según ella misma informó-, en lo que fue su primera aparición pública tras el atentado. Esa vez les pidió también a sus interlocutores/as que “por favor recen mucho, mucho, por mí, porque lo necesito”. (Reporte de la agencia de noticias Télam, nota del 15/09/22). 

El pedido de contención espiritual que Cristina formuló en esa ocasión debería ser tomado en cuenta por las dirigencias y militancias kirchneristas, que en cambio, generalmente dedican gran parte de su tiempo y energías políticas a discutir con cierta frivolidad si ella será candidata presidencial, a pesar de que está proscripta por un fallo judicial y a raíz de eso -aunque la sentencia no está firme y puede pasar largo tiempo hasta que se resuelvan las apelaciones-, dejó muy en claro que en las elecciones del año que viene no será candidata “a nada”.

Una parte considerable de esas dirigencias y militancias actúan como si su conductora fuera “de piedra”. Solo le piden más y más sacrificios personales, sin tener muy presente que en los últimos meses sufrió una situación terrible y otra políticamente gravísima: es un ser humano que sobrevivió a un intento de asesinato, y como dirigente política le prohibieron para siempre ejercer cargos públicos.

Momentos diferentes, similitudes inmensas

El comienzo de 2023 encuentra a Lula y a Cristina en dos momentos muy diferentes de su vida personal y pública, aun cuando los dos tengas inmensas similitudes en sus trayectorias políticas.

En estos días el líder brasileño vuelve al gobierno, después de haber sido injuriado, perseguido y encarcelado por una judicatura arrasada por la corrupción ética, ideológica y política, y por las cadenas mediáticas que responden a los intereses de las oligarquías del país y de la dominación norteamericana sobre el sur continental.

La líder argentina, víctima exactamente igual de esos mismos factores de poder locales y extranjeros, con la diferencia de que hasta el momento no la metieron presa -aunque sí tiene una condena a seis años de prisión que será apelada-, despliega una estrategia de resistencia ante la persecución y la proscripción.

En ambos países, desde mediados de la década pasada dejaron de regir las normas básicas del Estado de Derecho que, a partir de los años ‘80, habían sido parte del contrato social democrático posterior a la oleada de dictaduras pro-estadounidenses que sufrió América Latina durante gran parte del siglo XX.

La etapa actual se caracteriza por el predominio de aparatos judiciales corrompidos que tienen más poderío que las autoridades surgidas del voto ciudadano. De todos modos, entre un país y otro siempre hay diferencias.

En el caso brasileño, desde la misma estructura de jueces y fiscales antidemocráticos que había condenado, proscripto y encarcelado a Lula, surgieron luego otras mayorías que tomaron las decisiones opuestas: anular las sentencias, dejarlo libre y permitirle ser candidato.

Pero en Argentina hasta el momento no se observa la más mínima discrepancia de fondo dentro del aparato judicial dominante. Por el contrario, los jueces y fiscales que ocupan los cargos más relevantes están férreamente unidos contra el kirchnerismo. A tal punto que ni siquiera investigan en serio el atentado terrorista contra Cristina sino que, por el contrario, las actuaciones que llevan a cabo tienen como destino el encubrimiento.

(Las diferencias al respecto entre la nación vecina y la nuestra fueron comentadas en una columna de opinión similar a esta, publicada por Va Con Firma en noviembre. Nota del 20/11/22). 

Violencia y terrorismo

Como parte de la devastación del Estado de Derecho y los principios democráticos en ambos países en los últimos años, el gobierno de Bolsonaro en Brasil y la ultraderecha en Argentina -esta última con la complicidad de la centroderecha y derecha autodenominadas “republicanas”- sentaron las bases para el incremento brutal de la violencia social y para los crímenes políticos y actos terroristas.

El presidente brasileño que termina su mandato fomentó de mil formas el armamentismo de la sociedad, la resolución violenta de las disputas y la militarización de la política. Desde la etapa pre-electoral de 2018 implantó como distintivo de su campaña -y siempre riendo a carcajadas- el gesto de levantar los dedos pulgar e índice de una mano formando una letra “L” inclinada, asemejando la forma de una pistola.

Bajo su gobierno emitió unos 40 decretos y resoluciones para facilitar el acceso de la población a las armas. Así, en menos de cuatro años la cantidad de tiradores y cazadores inscriptos en un registro oficial aumentó casi 500 por ciento. “Hoy tenemos un verdadero ejército de civiles armados”, declaró meses atrás la principal dirigente de la organización no gubernamental Sou da Paz. (Análisis de la plataforma BBC-Mundo, nota del 27/09/22). 

En cuanto a la influencia de las fuerzas armadas en la política gubernamental, la gestión bolsonarista multiplicó por tres el número de militares que ocuparon puestos ministeriales u otros altos cargos en la administración nacional. Los mayores incrementos se encuentran en los ministerios de Economía, Medio Ambiente y Salud. (Información de elDiarioAr, nota del 06/06/22). 

Además, las acciones de gobierno más los discursos de odio multiplicados por las grandes cadenas mediáticas y a través de ejércitos de activistas en redes digitales, generaron el surgimiento de planes terroristas. En la reciente Nochebuena fue detenido un extremista bolsonarista que pretendía hacer explotar un camión cargado de combustible cerca del aeropuerto de Brasilia, la capital del país. (Crónica del diario El País, de España. Nota del 25/12/22). 

Así de amenazadas están la paz social y las libertades políticas en Brasil, cuando este 1ro. de enero se debe producir el recambio presidencial.

Lula vuelve al gobierno mientras en nuestro país Cristina inició una nueva etapa de la resistencia contra los poderes de facto antidemocráticos. Es una etapa nueva porque, a diferencia de los años recientes, ahora no solo está amenazada judicialmente sino con una sentencia en su contra y una proscripción de por vida. Y además sufrió un intento de asesinato.

Las oligarquías de Brasil y Argentina, a través de sus instituciones judiciales, mediáticas, empresariales y corporativas en general, más las estructuras político-partidarias que representan sus intereses, y todas ellas subordinadas a estrategias elaboradas en Estados Unidos, rompieron las bases de la democracia y de la convivencia pluralista y pacífica.

Su recuperación para el bienestar de los pueblos será una tarea histórica en el corto, mediano y largo plazo, que deberán encarar el conjunto de las organizaciones populares y de la sociedad civil democrática.

29/07/2016

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