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Columnistas
19/03/2017

El cepo salarial

El cepo salarial | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Este año el gobierno intenta poner un “techo” a las mejoras salariales de un 20%, que equivale a la inflación planeada para el mismo lapso, lo que funcionaría como un verdadero “cepo” para las convenciones colectivas de trabajo. Si lo lograra quedaría aceptada en forma definitiva la caída salarial del año pasado.

Humberto Zambon

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Es evidente que para una mercadería cualquiera si baja el precio aumentan las cantidades demandadas. Esto lo saben muy bien los comerciantes y los publicistas, que nos inundan con “ofertas increíbles” y “por tiempo muy limitado”, tratando de mejorar individualmente las ventas alicaídas de todo el sistema comercial.

Para la teoría y la práctica neoliberal también el trabajo es una mercadería, que tiene su mercado y su precio (el salario). Por eso, cuando hay desocupación involuntaria suponen que el precio es muy elevado: hay que rebajarlo para que aumente la demanda laboral y se acabe la desocupación. Y, también, para que aumenten las ganancias de los empresarios, haya más inversión y crecimiento económico.

Como la desocupación para ellos se debe al salario elevado, también deducen que los culpables de que aquella exista son los sindicatos y los “gobiernos populistas”, que impiden al mercado fijar el precio justo del salario.

Los razonamientos anteriores estaban detrás de la política propuesta por López Murphy, en la época en que De la Rúa ejercía la presidencia, de bajar todos los sueldos públicos y privados para combatir la desocupación, la rebaja del 13% en los sueldos públicos o el “cepo salarial” que pretende establecer el actual gobierno. Resulta que el año pasado, por la diferencia entre el aumento inflacionario y las mejoras otorgadas en las paritarias, los salarios reales perdieron en promedio aproximadamente un 10% de su valor. Este año se intenta poner un “techo” a las mejoras salariales de un 20%, que equivale a la inflación planeada para el mismo lapso, lo que funcionaría como un verdadero “cepo” para las convenciones colectivas de trabajo. Si lo lograra quedaría aceptada en forma definitiva la caída salarial del año pasado y, además, significaría aceptar la nueva pérdida originada por la diferencia entre la inflación real de este año y ese límite.

Esta política se complementa con la negativa a cumplir con la ley que establece las paritarias nacionales en educación o con el intento de plantear el juicio político a los jueces que legalizaron un aumento de sueldos a los empleados bancarios superior a ese límite.

El objetivo perseguido es doble: por un lado combatir la inflación y, por el otro, bajar los costos laborales para aumentar las ganancias y la inversión, con lo que se supone que aumentaría la ocupación laboral. Respecto al primero, aunque oficialmente sostienen que la inflación es un fenómeno monetario, en realidad saben que se origina en la economía real y que es el resultado de una puja en la distribución del ingreso entre los distintos sectores sociales.

Respecto al segundo, el trabajo no es una mercadería más y no puede ser tratada como tal. El salario cumple una doble función: por un lado, para la empresa, es un costo productivo; por el otro, para la economía en su conjunto, es una parte fundamental de la demanda agregada.

En nuestro país el consumo representa el74% de la demanda global y depende, en gran parte, del nivel de los salarios (entre el 80% y el 90% del consumo total está relacionado con la retribución al trabajo). Por otra parte, desde Keynes se sabe que tanto la inversión productiva como la demanda laboral dependen mucho más de la evolución de la demanda agregada que de otros factores (la tasa de interés para la inversión y el nivel de salarios para la ocupación).

Si hubiera alguna duda al respectose podrían exhibir numerosos ejemplos, desde la experiencia de Margaret Thatcher en Gran Bretaña hasta las diversas experiencias argentinas. Pero no es necesario llegar a ello; basta con observar la realidad actual donde la caída de la demanda, después de un año de gobierno neoliberal, ha generado recesión económica que ya ha devorado unos 200.000 puestos de trabajo y caída de la ocupación productiva del capital existente (en promedio ha bajado del 71,4% del 2015 al 62% del 2016).

Mientras continúe esta política de retroceso distributivo el consumo seguirá deprimido, por lo que no habrá inversión productiva, continuará el cierre (total o parcial) de empresas y el aumento de la desocupación laboral.

29/07/2016

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