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Columnistas
12/03/2023

Aguafuertes del Nuevo Mundo

Los dioses también están en la cocina

Los dioses también están en la cocina | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En la Antigüedad, Heráclito daba a entender que cualquier circunstancia puede ser propicia para el pensamiento, el análisis y la reflexión. Quizás el escritor y periodista Marcelo Figueras le rinda tributo cada vez que conecta el arte o la cultura populares con los temas de nuestro tiempo.

Ricardo Haye *

Parece ser que, en la Antigüedad, Heráclito, que era ya un pensador destacado, había hecho una incursión en su cocina. No era un hecho habitual, convengamos. Y allí se lo encuentran sus discípulos, que quedan un poco cohibidos cuando se topan con el Maestro en ese lugar desacostumbrado.

Entonces Heráclito, que se da cuenta de que sus pichones estaban un poco intimidados y con vergüenza, les dice: “Pasen, pasen, que aquí también están los dioses”.

Es decir, que los dioses (o la razón) no se encuentran únicamente en lugares determinados, recogidos y prestigiosos y que cualquier circunstancia puede ser motivo propicio para poner en marcha los mecanismos del pensamiento, el análisis y la reflexión. En definitiva, del logos, que es el vehículo de la lógica y el razonamiento.

A veces encontramos una oposición forzada entre el logos y el mito. Porque el primero encamina su tarea a través del raciocinio y el mito se apoya en la fantasía y la imaginación. Pero los dos pueden ser igualmente útiles para explicar el mundo.

Tal vez esa voluntad de centralidad que tenemos las personas nos haga creer que solo nuestro momento es el que merece especial atención. O puede ser que, en realidad, este momento en particular tenga urgentes necesidades de explicación. Quizás ocurra que las circunstancias que nos rodean y nos determinan requieran de esclarecimientos y definiciones específicas.

El punto es que a nosotros y nuestras circunstancias, esa relación que tanto les interesaba a Heráclito hace 2.500 años y a Ortega y Gasset en el siglo pasado, nos vendría bien una visión contenedora amplia; una explicación rica y profunda como la que puede llegar desde los aportes integrados del mito y del logos.

La ciencia ofrece conceptualizaciones acreditadas que las supercherías a veces cuestionan. Apenas basta pensar en los planteos extravagantes de sectores terraplanistas; en las nociones recalcitrantes de grupos ultramontanos que continúan reclamando la subordinación de la autoridad civil a jerarquías que rinden culto a poderes sobrenaturales incomprobables, o en las propuestas recurrentemente injustas y despiadadas de sectores neoliberales que siempre terminan consagrando desigualdades sociales.

El mito flaquea cuando elude cualquier relación con la realidad; cuando renuncia a la metáfora o la alegoría como punto de contacto con nuestra cotidianeidad y solo se refugia en propuestas cuya centralidad excluyente es la de la pura evasión. Sin anclaje alguno en nuestra existencia, los relatos se vuelven vaporosos e inasibles, carentes casi siempre de toda aplicación útil.

Las columnas semanales que Marcelo Figueras publica en la web “El cohete a la luna” enhebran de modo coherente, provechoso y atractivo los mitos con el logos.

Por ejemplo, cuando hace conjugar en un mismo texto una película deliciosa como “Hechizo del tiempo”y una tira cómica encantadora como “Charlie Brown”, con alguna expresión de Friedrich Nietzsche en la que el filósofo se refería a poner a prueba los límites de las capacidades humanas para ampliar el horizonte de nuestras vidas.

Figueras tiene la habilidad de conjugar a Kierkegaard y Hobsbawm con el Indio Solari, Frank Capra, Charles Dickens o J. K. Rowling y en esa convivencia que tan a menudo propone sin que jamás suene afectada o antinatural se articulan saberes “académicos” y expresiones de la cultura popular cuyo maridaje es menos habitual de lo que resultaría deseable.

Porque los relatos futuristas en los que recurrentemente acostumbra encontrar referencias incluyen nutritiva información del futuro, que resulta valiosa para perseverar en la ruta que nos conduce hacia ese porvenir o para pegar un volantazo oportuno y evitar que nos estrellemos.

Amante confeso de la literatura de género, Figueras reivindica que, en el futuro, cualquiera que desee saber qué clase de lugar fue la Argentina de nuestros días haría bien en sumergirse en la lectura de Liliana Bodoc, Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. Allí, en el “ejercicio libre pero disciplinado de la imaginación que propone lo fantástico” -sostiene- obtendrá mayor comprensión “que si opta por la mayoría de los nombres que circulan por aulas y suplementos1”.

Quizás ese mañana se muestre más receptivo a una vertebración que hoy algunos círculos intelectuales resisten, sin advertir que la épica desafiante de “El eternauta” ante invasores imperiales extraterrestres o el combate intrépido de Sandokan contra los colonizadores británicos podrían constituir la estupenda puerta de entrada a una nueva conciencia y mayor capacidad crítica para colectivos que fortalezcan la capacidad resiliente de los pueblos avasallados.

Si algo necesitamos en estos días son cuentos de hadas”, expresa Figueras y no se trata de relatos concebidos para distraer a un público ingenuo, sino de historias breves, pero “con un espinazo ético, de esas que incorporamos cuando niños y si hay suerte terminamos de entender de grandes2.

A Heráclito, con el que arrancamos esta Aguafuerte, suele mencionárselo más por su referencia a los ríos en los que nadie se baña dos veces. Pero la anécdota del comienzo, que lo presentaba en la cocina de su casa, nos mostró que fue un hombre capaz de desacralizar divinidades, lo cual ya le hacía acreedor a una consideración especial.

Enterarnos que había nacido en una familia acomodada de su época y rehusó los privilegios de cuna para dedicarse al pensamiento autodidacta, acrecienta su valoración. No sabemos si conscientemente o no, Figueras le rinde un tributo elocuente cada vez que reivindica alguna manifestación del arte o la cultura populares, a veces realista y con frecuencia fantástica, como conector o puente con los temas y las circunstancias de nuestro tiempo.

Vincular la realidad de estos días con la trama de alguna película de nuestra infancia, establecer relaciones entre el contexto actual y las canciones que acompañaron nuestra juventud, escarbar en las ideas que historietas del pasado desarrollaron como anticipaciones lúcidas del futuro, volver una y otra vez sobre libros incomparables para sacar enseñanza de ellos, visitar y revisitar a creadores ricos en saberes, son formas placenteras de sumar experiencias, ayudarnos a pensar y disfrutar con ello.

Las columnas semanales de Marcelo son tan gratificantes como las lecturas de este portal porque ambas llenan de sentidos nuestras mañanas domingueras.

 

1 Ambas citas provienen de su nota “Qué fantástica esta fiesta” a la que puede accederse mediante este enlace https://www.elcohetealaluna.com/fantastica-esta-fiesta/

2 Véase el artículo “Retorno al bosque oscuro” en https://www.elcohetealaluna.com/retorno-al-bosque-oscuro/



(*) Docente e investigador del Instituto Universitario Patagónico de las Artes.
29/07/2016

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