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Columnistas
26/02/2023

No es "clamor", es sentido común ...

No es "clamor", es sentido común ... | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Votar bien y útil a candidatos que han decidido ponerse al hombro al país obrero y popular y a la nación soberana, para que la democracia deje de ser "un abuso de la estadística...". De eso se trata.

Juan Chaneton *

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Alberto Fernández parece no entender lo esencial de la etapa política argentina que, a partir de los finales meses de 2019, comenzó a tenerlo por protagonista. Lo esencial es que su proyecto, su programa, su ideología y sus valores son antitéticos a los de la fuerza que lo aupó al lugar institucional que hoy ocupa... y que la invitación venía sin beneficio de inventario. Esa fuerza es el kirchnerismo. y cuando la jefa política y mentora fundamental de ese espacio le propuso encabezar la fórmula con ella como vice, él no podía no saber que unos extraños a él, a su historia y a su ideología y valores, le estaban proponiendo caminar juntos. Nadie le ha preguntado nunca por qué aceptó pudiendo haberse negado al convite. Sus dificultades de hoy eran previsibles. Lo hubiera pensado antes. Si lo pensó pero igual lo obnubiló la exótica idea de que iba a entrar en la historia en un pie de igualdad con Alfonsín o Néstor Kirchner, en ese caso el hombre estaba mirando otro canal.

El caso es que él no tiene derecho a ninguna independencia si de abrirse del programa que encarna y expresa Cristina se tratara. La disciplina y la preponderancia de lo colectivo en desmedro de toda infatuada autorreferencia, es de buena práctica política. El actual presidente, que se dice tan tributario de "Néstor", debería saberlo y practicarlo. Bien entendido que fue candidato no para que Cristina no perdiera, pues Cristina ganaba sola, aun cuando no fuera por aquellos guarismos históricos que supo conseguir. De modo que no tiene justificación alguna tanta torpe obcecación en candidatearse, como no sea -y tal vez lo sea- la razonable pretensión de no ingresar a la patética condición de "lame duck" en los tramos finales de su ya desafortunada gestión.

Aquella festichola en Olivos en la que le sacaron una foto que previsiblemente verían los mismos a los que él les peroraba acerca de la responsabilidad social y de la obligación de "cuidarnos" que teníamos todos, sumada a otros fraudes que nunca se arreglan diciendo mala suerte, me equivoqué, no sólo lo comprometen electoralmente, sino que le aseguran plaza fija en algún círculo del infierno dantesco, probablemente aquel adonde van los que no honraron la verdad en el cielo, en la tierra y en todo lugar, que son los sitios en que mora Dios.

Alberto Fernández supo, exponer, en su orwelliana neohabla, que las jubilaciones le ganaron a la inflación, y que él sabe derecho penal porque es hijo de un juez (como Fernando Burlando); también aseveró, hallándose al frente pro témpore de la Celac, que él "cree en la democracia", no obstante lo cual hizo befa del legado de Néstor Kirchner (que es el espíritu Mar del Plata 2005), pues invitó a Estados Unidos a participar de contrabando en un foro cuyo sentido último era evitar que la comunidad iberoamericana siguiera (como lo está en la OEA) uncida al yugo del hegemonismo norteamericano en la región. Esto último, aun cuando no incide en los desvelos del pueblo votante, lo pinta bien, pinta su ethos, su calidad de líder, al modo como también dijo, en su momento, algo de él, aquel insólito declararse devoto de las "novelas" de Borges.

Asimismo, insinuó, confusamente, comprender algo de lo que ocurre en la geopolítica global cuando le ofreció a Vladimir Putin la disposición de Argentina para actuar como "puerta de entrada" de Rusia en Latinoamérica; para, al día siguiente, correr a decirle al canciller alemán que no le comprara nada a Rusia y que lo que Rusia no le vendiera se lo vendería la Argentina. Un horror...! Parece creer, el presidente argentino, que nadie se dará cuenta de que la posverdad suele ser un arma politica en la que creen los que están formados en el muladar de la trampa, la morisqueta y la simulación.

Si este hombre barrunta, a estas horas, que puede ser el candidato a Presidente de una nueva y ganadora fórmula frentista, la responsabilidad por el dañino regreso de la derecha al poder del Estado estará a cargo, mitad y mitad, del vanidoso obstinado en la "hubris" y de los que no le obturan el camino a tan insensata aspiración. Como el hombre vano de la Ética Nicomaquea, Alberto Fernández tiene limitaciones y no sabe que las tiene o cree no tenerlas. Su participación en una Paso sólo es concebible en términos de lúdico jolgorio rabelesiano, como si lo aunáramos imaginariamente en fórmula conjunta con ese escritor devenido increíble especialista en hambre al que el propio Fernández le hizo pisar el palito de una foto conjunta al comienzo de su gestión.

Al parecer, estamos inmersos en una "guerra", tal como lo dijo, pioneramente, aquel periodista de Clarín, ya fallecido, que se llamó Julio Blanck. Hoy ratifica esa caracterización de la política argentina, la señora Florencia Arietto, quien cayó sobre su rostro y reculó sobre sus dichos, yendo a pedirle perdón a Patricia Bullrich pues -dijo Arietto- no se dio cuenta de que "esto es una guerra" y enfrente "está el kirchnerismo que es capaz de todo" y que, por eso, ella debería haber objetado en privado y no en la tevé, el tendal de muertos que dejó la gestión de Patricia Bullrich en Seguridad. Esta es la calaña de gentes que combate en una de las trincheras de la actual guerra argentina.

Cuentan, estos guerreros de utilería, con un pelotón (sobre todo, pelotón) de zapadores todo servicio, integrado por "007" Stiusso, "Geri" Millman y otros "copitos" de similar ralea, que prefieren a Alberto y no a Cristina.

Y encima, en los honorables hemiciclos parlamentarios, ayer hablaban Moisés Lebensohn, Belisario Roldán y Rodolfo Ortega Peña; y hoy están sentados allí Ritondo, Fernando Iglesias y el marido de Pampita, madre mía... decadencia tenaz...!

Es una pena, porque, al principio de las cosas, el espíritu planeaba sobre las tinieblas y Alberto Fernández parecía un hombre con el volumen político apropiado para batallar en ésta y otras guerras. Incluso nos pareció, en su momento, que debíamos colaborar estrechamente con el gobierno, pues no creemos en el periodismo “objetivo” y sí queríamos que al gobierno le fuera todo lo bien que hacía falta en un escenario global tan diferente al del siglo pasado y que, por eso, exige otras estrategias para ir en pos de la felicidad colectiva, y así nos expresábamos, en forma pública y no tan pública. La irrupción de lo inesperado, bajo la forma de aquella peste medieval que narró Daniel Defoe, confirmó lo acertado de nuestras constructivas cavilaciones, pues la gestión albertista de la cruel epifanía covidiana, fue bastante razonable. Pero aun así nos equivocamo ... y todo, ahora, ya luce too much: así, nos vamos a los caños.

Pues si esto va a terminar en Scioli, Massa, Manzur o Alberto Fernández, la estafa histórica habrá sido completa. En 2003 alumbró, en la Argentina, una promesa de futuro que, como todas las promesas políticas, corría el riesgo de virar, desde el cuadrante de la esperanza al de banal incidente de la Historia. Era el riesgo que corría el kirchnerismo: ser o no ser. Hoy, ha quedado claro que al kirchnerismo le acontece lo que al deseo de Antígona. Se trata de un deseo inasimilable, pero no por la dialéctica como dice Derrida que pasa con la hija de Edipo y Yocasta, sino por el sistema político. No es que el kirchnerismo sea inclasificable (porque ya se lo ha clasificado: es populismo), sino que es irrecibible dentro de tal sistema. Deviene, cada vez más, formación espectral hasta para ciertos peronistas, como Fernando Gray, el Chino Navarro y la CGT. El kirchnerismo, además de populista, admite, en la frenética alucinación de la derecha, otra clasificación: es el elemento excluido del sistema.

La pregunta, entonces, es esta: ¿no es acaso, siempre, un elemento excluido del sistema el que asegura el espacio de posibilidad del sistema? ¿Cómo se deja de ser el elemento que asegura la posibilidad del sistema? ¿Existe voluntad política para dejar de ser el elemento que asegura la posibilidad del sistema?

Respuesta: los contextos son la clave; lo ha dicho la propia Cristina cuando explicó que, en su momento, la decisión de ponerlo ahí a Alberto era la correcta. Del mismo modo, hoy, cuando las cosas han cambiado y el contexto es otro, lo que corresponde es desafiar en el terreno político la tentativa judicial de proscribirla. Ella es la única candidata pensable. No es "clamor". Es sentido común. Se la percibe, hasta sus enemigos la perciben, más como candidata a todo que como “candidata a nada”.

En otro caso y si se prefiere apelar a la pócima del alquimista, queda aún la opción de ir por Zannini-Axel en la fórmula mayor y CFK en la provincia de Buenos Aires, donde es la única que cuenta aún con 30 ó 40 puntos de diferencia sobre unos eventuales Santilli o Ritondo que quedarían, de atreverse ahí, reducidos a las cenizas de la invisibilidad, con el valor agregado de que ese puntaje bienhechor se trasladaría (dada la envergadura electoral de la Provincia) a escala nacional para que la fórmula presidencial del FdT vaya por la gloria eterna, como la Selección. La Corte podría, como acaba de advertir Máximo Kirchner, dejar firme en minutos la reciente condena proscriptiva, pero debería, en ese caso, oblar el costo, que consistiría en arrojar a las llamas de la ingobernabilidad al próximo gobierno, ante la evidencia de la persecución y de que lo que hicieron, jueces y oposición, es proscribirla, no sólo de la presidencia sino de cualquier cargo público al que legítimamente pueda aspirar la dirigente nacional y continental, malgrado las causas armadas con que Bonadío, Stornelli y otros impresentables la pusieron en la mira. Sería una opción para desplegar con el timingadecuado, más cerca de octubre, cosa de que la detonación aturda bien y, sobre todo, aturda a los que tiene que aturdir, y, de paso, se trata de no quedarse sin nafta antes de que baje la bandera a cuadros.

La patria, el movimiento... así era...? y por último, los hombres... o las mujeres. A los argentinos les importa más la patria que el movimiento.

Vive la Argentina, horas de zozobra e incertidumbre. No hay poder judicial en la "república" de Macri-Carrió- Gargarella-Sabsay-Rosatti, pues no hay vocación de "lucha por el derecho", y ello porque tampoco hay propósito de investigar quién financió el intento de asesinato de la vicepresidenta de la Nación, quiénes fueron los autores intelectuales de la tentativa de magnicidio, por qué no se investiga a los carpinteros de la familia Caputo, a Gerardo Millman y delincuentes de similar ralea. Tampoco hay poder judicial que le pida cuentas a la hija del comisario Capuchetti, devenida jueza, acerca de por qué se filtró el nombre de Abello, el acusador de Millman que ahora está siendo seguido e intimidado (Millman fue el que dijo que cuando mataran a la vicepresidenta de la Nación, él iba a estar "camino a la costa"). No hay supremos ni "juristas" a los que les llamen la atención estas obscenidades.

Todo se agrava en la medida en que el despliegue de las estrategias proscriptivas va dejando en evidencia que con la Corte puede no alcanzar. Es lo que sostiene como política Anthony Blinken, secretario de Estado de Joe Biden y jefe político de las derechas políticas y periodísticas continentales. Para estas estrategias de poder estadounidenses, asociar a los líderes populares al terrorismo y a las drogas resulta el núcleo candente de aquéllas y es lo único que completaría la efcacia de la proscripción. Así, en la Argentina, podría reabrirse la causa memorándum con Irán, algo que jurídicamente no tiene gollete alguno pero que, en términos políticos, resulta esencial para los Estados Unidos. Contra esto, y si Alberto Fernández es el garante de la soberanía argentina, no queda otra que la convocatoria a ganar las calles pero sin dejar de ponderar el hecho de que, para los geoestrategas norteamericanos, el caos social es el camino que conduce al apetecido objetivo de producir, en América Latina, un “dominó” de "Estados fallidos" con los díscolos que no se someten. Es lo que están haciendo en Perú.

El laberinto, tan parecido a los espejos rotos, a los tigres, a los sueños, a las enciclopedias, al misceláneo Oriente, a la encina de los druidas, a las runas dibujadas en unas cuevas de los campos aledaños a Reyhjavyk, tiene una salida en octubre de 2023. Votar bien y útil a candidatos que han decidido ponerse al hombro al país obrero y popular y a la nación soberana, para que la democracia deje de ser "un abuso de la estadística...". De eso se trata.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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