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Columnistas
20/11/2022

Zelmar Acevedo, la revelación inminente

Zelmar Acevedo, la revelación inminente | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

No hay alegato ni moraleja en la literatura de Zelmar Acevedo Díaz y, por eso, hay sólo literatura. Sin embargo, en algún lugar ha dicho el propio escritor que él escribe "sobre el individuo", es decir, sobre su tragedia cotidiana, sus pesares, sus alegrías y desdichas.

Juan Chaneton *

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¿Es un destino la literatura? En el caso de Zelmar Acevedo, ¿lo hirió la vida gravemente, como a un Kafka nuestro, propio y cercano, de tal modo que en ese vínculo hombre-mundo transido por la ardua tarea de vivir habría que buscar las claves recónditas de una literatura incandescente de tan pura, de una prosa que atrapa con los tentáculos de una imaginación desbordada hacia la heterotopía -como ocurre en los trazos iniciales de "El hombre que quedó solo", primero de los cuentos de esa Antología llamada El tiempo a la deriva y que estuvo al borde de un Premio Nacional en 2014, según nos lo confidencia el propio autor.

                   

Encontrarle una explicación lógica a lo fantástico supo ser programa estético de Zelmar Acevedo, aunque él sabe también revelar lo fantástico que late en los pliegues de una realidad presente que hunde su origen en la historia. Y así, el doctor Francia paseará una mirada "expatriada" sobre ese metro cuadrado de suelo paraguayo que pisan sus botas raídas por las guerras. Cómo, o de qué modo, una mirada puede expatriarse es puro genio en la adjetivación sorprendente que El Piano de Chopin, una especie de opus magnum de una narrativa que ab initio miente ser histórica pues va más allá, hacia las claves existenciales de una soledad de siglos en que se debate el continente latinoamericano, nos entrega como novela que sorprende, como sorprende la emboscada, lo inesperado.

No hay alegato ni moraleja en la literatura de Zelmar Acevedo Díaz y, por eso, hay sólo literatura. Sin embargo, en algún lugar ha dicho el propio Zelmar Acevedo que él escribe "sobre el individuo", es decir, sobre su tragedia cotidiana, sus pesares, sus alegrías y desdichas. No obstante, no hay que ver allí ninguna exploración al interior de la subjetividad humana del tipo de las que cristalizan en la "buena voluntad" kantiana como concepto ético central. Al contrario, en la literatura de Zelmar Acevedo, aquel "individuo" siempre nos recuerda que la pura interioridad no agota la persona completa, pues ésta tiene que actuar y, con ello, se nutre también del medio en que actúa y es ese medio el que le dicta al eminentísimo interlocutor del coronel Centurión esta verdad: nada significa la verdad en una tierra arrasada donde los vencedores son todo y los vencidos nada, así dice el dictador paraguayo en El piano de Chopin.

Es muy poco lo que se puede agregar a lo que ya nos ha dicho el maestro Jitrik acerca de la literatura de Zelmar Acevedo. Nada les debe éste a los fundadores de la literatura argentina, a Horacio Quiroga, a Bioy, en fin, y el juicio laudatorio de Noé Jitrik es el más puro y verdadero homenaje para un escritor argentino que tal vez sea de los mejores que hayan dado estas tierras rioplatenses a la consideración de un mundo miserable en reconocimientos cuando el genio vive entre nosotros y que sólo parece esperar su muerte para consentir la exposición de unos motivos y verdades que las letras de Zelmar Acevedo merecían de antemano, cuando él vivía entre nosotros y era un imperativo estético y una consecuencia inevitable rendirse ante la belleza de su prosa.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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