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Columnistas
23/10/2022

Lugares para el sindicalismo en las listas

Lugares para el sindicalismo en las listas | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Héctor Daer y otros jefes de la CGT reclamaron ser candidatos a legisladores y concejales. Una gran parte del gremialismo fue opositor al gobierno de Cristina Kirchner y contribuyó a su desgaste y desestabilización. A la líder del kirchnerismo, en lugar de pedirle cargos deberían pedirle disculpas.

Miguel Croceri

El reciente 17 de octubre, como se sabe, el peronismo en general y la dirigencia del Frente de Todos se dividieron para la celebración del Día de la Lealtad.

Uno de las actividades estuvo encabezada por dos de los tres principales dirigentes -al menos en lo formal- de la Confederación General del Trabajo (CGT): Héctor Daer y Carlos Acuña. Ambos, junto con Pablo Moyano, son co-secretarios generales de la central sindical, en el esquema de conducción comunmente llamado “triunvirato”.

Mientras Moyano fue uno de los líderes que impulsó la movilización en Plaza de Mayo, los otros dos triunviros y un conjunto de dirigentes de sindicatos importantes organizaron un acto en el estadio cerrado del club Obras Sanitarias (de Buenos Aires), donde se lanzó el “Movimiento Nacional Sindical Peronista”, con el propósito de influir en la conformación de las listas de candidatos/as a cargos electivos.

Durante el acto, Daer (del sindicato de trabajadores/as de la Sanidad) se quejó porque “la CGT no está sentada en los lugares donde se define la política”, y por eso “decidimos crear un espacio para estar presentes en los debates que Argentina necesita”. Aclaró que “no queremos romper el peronismo, pero queremos peronismo con trabajadores y trabajadoras”.

El más explícito fue Gerardo Martínez (titular del gremio del personal de la construcción, Uocra): “Queremos poner concejales, legisladores provinciales, senadores y diputados nacionales. (…) No queremos ser convidados de piedra, y nos van a respetar porque tenemos la fuerza”, lanzó el dirigente al exigir que el sindicalismo tenga lugares en las boletas electorales el año que viene”. (Crónica del portal Infobae, nota del 17/10/22). 

En otro lugar de la capital federal, Plaza de Mayo era el epicentro de una concentración multitudinaria, convocada por espacios sindicales que se opusieron a las políticas del gobierno de Mauricio Macri y por sectores peronistas que tienen como referente a Cristina Kirchner.

Desde allí Máximo Kirchner, presidente del Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires, contestó al posicionamiento lanzado -un rato antes, el mismo día- por la cúpula de la CGT: “Piden bancas pero cuando hay que votar contra los ‘fondos buitre’ no aparecen”, criticó el hijo de la actual vicepresidenta de la Nación.

Fue una crítica directa, aunque sin nombrarlo, a Héctor Daer, quien era diputado nacional en marzo de 2016, cuando el gobierno macrista firmó el pacto con los fondos buitre que significó el comienzo del brutal endeudamiento que hoy sufre Argentina. Ese pacto debía ser aprobado por el Congreso, donde el actual co-titular de la CGT, en lugar de votar en contra faltó a la sesión.

Su función como legislador abarcó el periodo 2013-2017, pero estuvo ausente en el 56% de las votaciones donde tenía que participar en la Cámara. (Información del portal El Destape, nota del 18/10/22). Además, el periodista Ari Lijalad informó en su cuenta de Twitter que “Daer votó a favor del blanqueo que hizo Macri para sus amigos, vestido de una falsa reparación histórica a los jubilados, y que incluyó una reducción del impuesto a los Bienes Personales, (que fue) otro regalo macrista a los sectores más ricos de la economía”. (Tuit del 18/10/22). 

Sindicalismo argentino

Argentina es un país con un movimiento gremial vigoroso, sobre todo desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón. A lo largo del tiempo ello significó una fortaleza de la clase trabajadora para disputar la distribución de la riqueza nacional frente a las clases propietarias, pero también la conformación de poderosas burocracias sindicales que degeneraron y degeneran –frecuentemente– la índole de los sindicatos como representación organizada de los/las trabajadores/as.

Por otra parte, e inevitablemente, ese vigor tuvo sus altibajos y vivió transformaciones según las condiciones políticas –persecución y/o terror bajo regímenes dictatoriales– o según la reconfiguración de la estructura productiva que tuvo cada etapa política del país –desindustrialización durante la dictadura 1976/1983, colapso del pleno empleo y bancarrota de la economía nacional bajo el menemismo y el delarruísmo, nueva devastación productiva y de los puestos de trabajo durante el macrismo, etcétera–.

Pero a pesar de la importancia estructural de los gremios como organizaciones capaces de contrarrestar el poder de las corporaciones empresarias en una sociedad capitalista, para lo cual necesitan que haya altos niveles de ocupación y de remuneraciones salariales, y siendo que frente a ambos desafíos hubo inmensos avances entre 2003 y 2015, el kirchnerismo no tuvo respaldos sindicales firmes, leales y con arraigo extendido en las bases sociales industriales y de servicios, acordes al reparto de la riqueza nacional que benefició a las clases trabajadoras en ese periodo.

En términos de cómo se repartieron los beneficios entre el capital y el trabajo, fue la época más próspera para las/los asalariadas/os después del peronismo fundacional (mitad del siglo XX), y con solo una igualación semejante en 1974 (segunda época peronista) pero que fue muy fugaz y desembocó en un ajuste feroz a partir de 1975, prolegómeno de la barbarie social –además de humanitaria– que perpetró la dictadura genocida.

Sin embargo, las fracciones sindicales dominantes acompañaron el proceso kirchnerista solo hasta cierto punto, y en el segundo mandato de Cristina privilegiaron sus estrategias burocráticas y se pasaron a la oposición. Una gran parte del gremialismo contribuyó al desgaste y desestabilización de aquel gobierno.

Al terminar el periodo presidencial finalizado en 2015, había cinco centrales sindicales: la CGT conducida por Hugo Moyano (gremio de Camioneros); la CGT dirigida por Antonio Caló (del sindicato metalúrgico, UOM) y por Ricardo Pignanelli (del gremio de personal de fábricas automotrices, Smata); la CGT Azul y Blanca encabezada por Luis Barrionuevo (del gremio de empleados de turismo, hotelería y gastronomía); la CTA Autónoma, al mando de Pablo Micheli (de la Asociación de Trabajadores del Estado, ATE); y la CTA de los Trabajadores, liderada por Hugo Yasky (de la confederación docente Ctera).

De todas ellas, unicamente la última mantuvo una consecuente defensa del gobierno kirchnerista. Solo una de entre cinco centrales sindicales. Y era la que tenía una representación real que se limitaba, de forma predominante, a ciertas expresiones del gremialismo docente y de otros/as trabajadores/as estatales. La inserción de esa central en la actividad industrial y de servicios del sector privado de la economía era –es– poco significativa.

Entre las otras cuatro centrales, la CGT encabezada por Caló y Pignanelli era reconocida legalmente como “oficial” por el Ejecutivo de entonces, e incluso se la denominaba como “oficialista”, y sin embardo funcionaba como un aliado a desgano. Su respaldo al gobierno se limitó a no realizar huelgas generales, pero evitó todo compromiso en las disputas más difíciles y épicas de Cristina Kirchner.

Así fue, por ejemplo, ante los reiterados golpes de mercado que intentaron el caos económico y social mediante el encarecimiento o desabastecimiento de productos básicos. O también frente a los continuos ataques especulativos para que subiera el dólar y se devaluara la moneda nacional. O, peor aún, durante el patriótico enfrentamiento del país contra los fondos buitre (como lo recuerda el caso, mentado en estos días, de la ausencia de Daer en la votación de Diputados).

Contra el gobierno de Cristina

No solo importantes dirigentes del peronismo sindical tuvieron posicionamientos contrarios a la gestión presidencial de la actual vicepresidenta de la Nación. Entre los férreos opositores al segundo mandato de Cristina basta mencionar solo dos nombres: Alberto Fernández y Sergio Massa. Y fueron muchos/as más.

Pero la etapa del país bajo la presidencia de Macri reconfiguró los alineamientos políticos, aquellas discrepancias quedaron relegadas por la necesidad de ganar las elecciones de 2019, y finalmente muchos/as de los/las que habían estado enfrentados/as se unieron en el Frente de Todos.

Los acuerdos posteriores le otorgan nuevos significados a lo acontecido previamente, pero no borran los hechos del pasado. Por eso, en el actual contexto donde la CGT reclama lugares en las listas electorales, cobran valor algunos ejemplos de cómo se comportó cada quien hace menos de una década.

En 2013, Cristina Kirchner sostenía las más difíciles disputas políticas y económicas contra intereses locales y extranjeros, por ejemplo contra las corporaciones financieras que intentaban voltearla mediante golpes de mercado, el Grupo Clarín, los fondos buitre, los poderes de Estados Unidos e Israel que sabotearon el acuerdo con Irán para esclarecer el ataque terrorista contra la AMIA, etcétera.

Dentro de ese marco, la mayor parte de la dirigencia sindical le quitó su apoyo. Hugo Moyano, quien conducía la CGT opositora, armó una fuerza política a la que llamó partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo, CET. (Artículo del portal Perfil, nota del 08/05/2013). Participaron del lanzamiento figuras como Roberto Lavagna, el ruralista Eduardo Buzzi, el empresario y político Francisco De Narváez, y hasta el cabecilla sedicioso Aldo Rico, quien en 1987 y 1988 encabezó dos intentos de golpes de Estado en los primeros años de la democracia.

Héctor Daer ingresó como diputado nacional justamente en 2013, como opositor al kirchnerismo, en la nómina del Frente Renovador que encabezaba Massa en la provincia de Buenos Aires. Esa lista derrotó en el distrito bonaerense al entonces oficialista Frente para la Victoria.

En aquella ocasión también obtuvo una banca por la oposición Omar Plaini, quien se postuló detrás de De Narváez en la boleta de un espacio llamado “Unidos por la Libertad y el Trabajo”. (El detalle de todos/as los/las que asumieron como diputados/as el 10 de diciembre de 2013 por cada provincia, puede recuperarse en una página web informativa de Microjuris.com. Nota del 29/10/2013). 

Plaini hasta ese momento integraba el Frente para la Victoria pero se separó para ser reelegido por la lista “denarvaísta”, que tenía como aliados a sectores sindicales liderados por Hugo Moyano. (Tema desarrollado por el portal La Política Online, nota del 10/07/2013). Hoy Plaini es senador provincial bonaerense por el Frente de Todos, y un firme defensor del actual gobierno de la Nación.

Después de 2015

En diciembre de 2015 tomó el control del país el régimen de derecha encabezado por Macri, el ganador de las elecciones. La persecución contra Cristina recrudeció. Ella, en medio del acoso judicial y propagandístico que amenazaba -como ahora- con encarcelarla y proscribirla, en las elecciones legislativas de 2017 formó el espacio Unidad Ciudadana y se postuló como senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. Perdió por cinco puntos frente al oficialismo de Cambiemos, pero ingresó al Senado como representante de la minoría.

En esa ocasión, la dos veces presidenta de la República armó una lista con dirigentes claramente afines a su proyecto político y que la habían respaldado durante su gobierno. Incluyó, en la nómina de candidatos/as a diputados/as nacionales, a la dirigente gremial Vanesa Siley (del Sindicato de Trabajadores Judiciales, Sitraju), a Hugo Yasky (histórico referente docente en la Ctera), y a Walter Correa (del sindicato de la industria del cuero, y hoy ministro de Trabajo en el gabinete bonaerense de Axel Kicillof).

En los comicios de 2021, el mismo espacio impulsó como diputado nacional -entre otros/as, pero este de manera destacada- a otro gremialista identificado con el proyecto político que tiene como referente a la actual vicepresidenta: se trata del titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, también representante de la Corriente Federal de Trabajadores, un sector que forma parte de la CGT pero no integra la conducción.

Las/los sindicalistas más coherentes en la defensa del modelo de país vigente hasta diciembre de 2015 han sido reconocidas/os por el liderazgo kirchnerista para acceder a puestos de responsabilidad parlamentaria.

A su vez, desde otros sectores de la dirigencia sindical peronista, por ejemplo los que fueron contrarios al gobierno kirchnerista en su etapa más difícil, es lícito que tengan aspiraciones a ocupar funciones como "concejales, legisladores provinciales, o senadores y diputados nacionales", como se dijo en el acto cegetista del 17 de octubre.

Pero lo razonable es que no le reclamen apoyo para esas candidaturas a quien, como como presidenta de la Nación, logró lo más altos niveles de calidad de vida para las/los trabajadores/as y el conjunto del pueblo en las últimas décadas, mientras los que hoy reclaman desde la CGT integrar las listas electorales, formaban parte de la oposición.

Es obvio que a ella no deberían pedirle cargos. A Cristina Kirchner, deberían pedirle disculpas por haber sido opositores a un gobierno popular y soberanista que tanto respaldo necesitaba.

29/07/2016

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