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Columnistas
02/10/2022

Los cien años desde la marcha sobre Roma

Los cien años desde la marcha sobre Roma | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

No se puede permanecer indiferente ante este avance mundial de la extrema derecha, que afecta a los valores de la modernidad que hacen a nuestra civilización, a la democracia como forma política y al respeto a los derechos humanos.

Humberto Zambon

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En este mes de octubre se cumplen los cien años de la ”Marcha sobre Roma”, comienzo del régimen fascista en Italia y principal antecedente histórico del fascismo mundial. A partir de ella asumen el poder distintas dictaduras en todo el mundo, en general conservadoras tradicionales pero con indudable simpatías hacia la experiencia italiana: Primo de Rivera en España en 1923, antecedente directo de la dictadura de Franco luego de la guerra civil de 1936, también en 1923 Tsankov en Bulgaria; Pángalos en Grecia (1925), Carmona en Portugal en 1926 y Hitler en Alemania (1933).

Benito Mussolini había sido dirigente socialista, incluso director de “Avanti”, uno de los periódicos más representativos de esa ideología, pero rompió con el partido por la posición internacionalista y pacifista que éste adoptó ante el comienzo de la primera guerra mundial; en 1919 comenzó con su movimiento con lemas patrióticos, en defensa de valores tradicionales y contra la democracia como forma de gobierno y, en especial, contra una izquierda (socialistas y comunistas) que había crecido con motivo de la guerra y la crisis económica que le siguió. Con sus “camisas negras” realizó violenta persecución callejera contra sus enemigos, en particular contra los afiliados a los sindicatos de izquierda, a cuyos militantes se obligaba a tomar aceite de ricino.

El surgimiento del fascismo se debe a

1-Problemas de reivindicación del honor nacional: Italia, a pesar de haber triunfado con los aliados en la Primera Guerra Mundial, no vio satisfechas sus ambiciones territoriales; además, había llegado tarde a la distribución imperialista: su sueño colonial se limitaba a Somalía y Eritrea en África, ocupadas a fines del siglo XIX.

2-El enfrentamiento ideológico previo a la guerra entre un nacionalismo desarrollado con la unificación nacional y la concepción de internacionalismo militante que sostenían los socialistas, debate que se reinstaló en la sociedad con la frustración que trajo el fin de la guerra.

3-La Inestabilidad social; la crisis económica y la desocupación (agravada por la desmovilización militar debido a la finalización de la guerra), con problemas de inflación; huelgas y tomas de fábricas.

4-Régimen político débil, acusado de inoperancia y corrupción. Crecimiento político de los partidos socialistas (divididos en socialistas y comunistas a partir de la Primera Guerra), con posibilidades ciertas de acceso al poder.

5-Escasa tradición democrática en la sociedad italiana.

Las condiciones que hicieron posible el fascismo se agravaron luego de la crisis de 1929, apareciendo movimientos similares en casi todo el mundo. En la Argentina tomó el carácter de nacionalismo aristocratizante, con gran influencia en el poder; así, el general Uriburu, jefe del golpe de estado de 1930, no ocultó sus simpatías corporativistas, ideas que tuvieron gran influencia dentro de las filas del ejército por lo menos hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial.

La base social de apoyo de Mussolini fue la clase media (en especial pequeños propietarios, profesionales independientes, comerciantes, industriales y campesinos arruinados, los empleados de “cuello duro” qué, aunque ganaran menos que los obreros, no querían ser confundidos con el proletariado) y los desocupados pauperizados por la crisis. El gran capital vio primero al fascismo como un mal menor, pero como un freno al avance de las izquierdas, así que no tuvo inconvenientes en financiarlo.

S. J. Woolf señala que "la ideología fascista proclamaba cambios revolucionarios en la sociedad moderna. Pero sus rituales exudaban una profunda nostalgia por la vuelta a un pasado medieval mítico"1. A pesar de su discurso, no era anticapitalista: según el estudioso inglés Harold Laski, "El fascismo es el capitalismo que rechaza sus orígenes liberales para adaptar la estructura social de producción a aquellas circunstancias en que la idea liberal sería política, económica y socialmente fatal para la idea capitalista"2.

No sólo por sus ritos sino también por sus mensajes ideológicos asumía características irracionales, tal como surge claramente de los siguientes fragmentos de discursos de Mussolini:

"Los ideales de la democracia se han derrumbado, empezando por el del progreso. El nuevo es un siglo aristocrático. El estado de todos acabará por convertirse en el estado de unos pocos"

"El fascismo es un deseo de acción y es acción. No es partido sino antipartido y movimiento".

"Por mucho que podamos deplorar la violencia está claro que, para que nuestras ideas penetren en la mente de los pueblos, tenemos que actuar sobre los cerebros refractarios a golpe de garrote".

Después de 1922, con la toma del poder, el fascismo fue desarrollando sus principios doctrinarios: superar la antinomia trabajo-capital, organizando a los productores en sindicatos de trabajadores por un lado y de patrones por otro, ambos controlados por el estado, que se unían en una instancia superior, la corporación, que tenía como objetivo superar los conflictos y regular los campos de la producción. Se prohibieron las huelgas y los partidos políticos. La representación popular se tendría por la participación del individuo en la producción (a través de las corporaciones) y no por su condición de ciudadano, lo que se consideraba una mera abstracción. Desde el estado se persiguió a opositores políticos y a las minorías tanto étnicas (judíos, gitanos) como por sus preferencias sexuales (homosexuales).

En Alemania la versión fascista fue menos doctrinaria aunque más autoritaria. Allí el irracionalismo alcanzó su punto máximo al adoptar las teorías racistas de Gabineau y postular una supuesta superioridad aria, lo que fue acompañado por políticas antisemitas que culminaron en un genocidio.

Hoy, en una especie de triste celebración al centenario de la marcha sobre Roma, el neofascismo, con sus aliados de derecha, han ganado la última elección general y está a punto de ser gobierno en Italia. Es que muchos factores son similares a los que, cien años atrás, explicaron el surgimiento del fascismo:

1-Desencanto, esta vez con la Unión Europea, que no resultó como sus integrantes esperaban; se la responsabiliza por la pérdida de identidad étnica y cultural (influencia del islamismo) debido a la inmigración y a la difusión de ideas liberales que atentan contra la familia y su organización.

2-La larga crisis del capitalismo, con su concentración de ingresos y amenazas de desocupación y marginación social. Situación agravada por la guerra en Ucrania.

3-El individualismo asociado al neoliberalismo y su concepción de la meritocracia: si el éxito económico se debe, fundamentalmente, al mérito individual (y no a la herencia, como indica la evidencia), entonces el fracaso económico también sería responsabilidad del individuo; para superar el trauma que implica esta autoacusación, se busca a responsables externos, que suelen ser los inmigrantes, que vienen a “quitar” el trabajo a los europeos; a la plutocracia, que se asocia al pueblo judío; a los funcionarios públicos, que aumentan los impuestos y a quienes hay que mantener; etc.

En lugar de buscar una respuesta racional y colectiva para superar la crisis del capitalismo maduro, se recae en el individualismo y la irracionalidad.

No se puede permanecer indiferente ante este avance mundial de la extrema derecha, que afecta a los valores de la modernidad que hacen a nuestra civilización (racionalidad, libertad, igualdad, solidaridad), a la democracia como forma política y, fundamentalmente, al respeto a los derechos humanos.

1S.J. Woolf: El fascismo europeo, Ed. Grijalbo (México, 1970)

2Citado en Historia General de las Civilizacionesdirigida por Mauricio Crouzet, op. cit., Tomo VII, pg. 197.

 

29/07/2016

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