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Remando en el Riachuelo

El Club de Regatas Almirante Brown renace en el Riachuelo con un concepto inclusivo y transformador del deporte y del espacio público. Fue fundado en 1925, y cuando se entubó el arroyo Maciel perdió su sede original y despareció totalmente en la década del `90, hasta el año 2007 que fue refundado.

Pepe Mateos

“Náufragos del mundo que han perdido el corazón”, decía uno de los versos de “Niebla del Riachuelo”, el tango de Cobián y Cadicamo que describía el paisaje de La Boca en los años 30. Casi un siglo después, en un paisaje cambiante y amenazado por proyectos urbanísticos, otros náufragos de un mundo incierto que no han perdido el corazón, recuperan una actividad, el remo, que sintetiza el deporte con una concepción del espacio público inclusivo y transformador.

El Club de Regatas Almirante Brown tuvo su primera fundación en 1925 y la pérdida de la sede original con bajada al agua cuando se entubó el arroyo Maciel, hace ya más de dos décadas, fue un golpe que lo desactivó totalmente.

Tuvo su época de oro en años en que La Boca era un enclave productivo dinámico. A partir de los años setenta fue decayendo hasta desaparecer totalmente en 1992. En el 2007 fue refundado gracias al impulso de Roberto Naone, un entusiasta involucrado en temas sociales, ambientales y políticos del barrio. Desde entonces, el club ha mantenido una actividad creciente teniendo actualmente unos 120 socios, de los cuales un número más o menos constante se encuentra los sábados y domingos para surcar las aguas marrones del Riachuelo.

No es sencillo el acceso al río. A los botes hay que bajarlos (y al finalizar la práctica subirlos), utilizando un sistema de poleas y guinches que requiere de la participación de las y los remeras y remeros en un protocolo que tiene varias instancias que exigen la coordinación y precisión de un trabajo conjunto.

Los nuevos socios, antes de subirse al bote, en el agua adquieren las primeras destrezas en una embarcación plantada en el pasto. Ahí aprenden todas las rutinas previas, como subirse, ajustarse los pies, tomar los remos, todo lo que les permite llegar al agua con una idea del funcionamiento de la práctica.

El capitán de remo, Roberto Naone, impulsó la refundación del club en 2007 junto a viejos socios. El objetivo era recuperar el río para la práctica del remo en un río despreciado, una masa oscura, maloliente y sucia a la que los vecinos de La Boca y los habitantes de la Ciudad le daban la espalda.

“Cuando empecé a usar la camiseta del club por la calle, mucha gente me paraba porque sabían de la anterior existencia del club y se sorprendían de su renacimiento. Así, muchos empezaron a venir y a partir de eso se generaron nuevas relaciones. Gente que se conocía del barrio, de la panadería, comenzaron a vincularse de otro modo a partir del remo y a tener otra perspectiva de la importancia del Riachuelo”, dice Roberto, que además del remo tiene una dinámica participación en otras organizaciones que hacen a la vida del barrio.

De los 120 socios que tiene el Club, hay un grupo más o menos permanente de 30 que van remar todas las semanas y sus edades oscilan entre los 30 y más de 70 años. Una de las veteranas es Tere, jubilada de la antigua ENTEL, una de las socias más antiguas que espera tomando mate su momento de subir a remar.

Alejandra, la vicepresidenta del Club, docente de artes, jubilada, llegó hace 4 años al club y desde el primer día no dejó de venir. A ella el remo le hizo revivir muchas sensaciones de su infancia cuando iba de vacaciones con sus padres y aprendió a remar en un bote “chinchorro”. Profesora de Bellas Artes, Alejandra dice que “el remo me impulsó a volver a pintar, algo que había dejado de lado hace mucho tiempo”.

Paola, kinesióloga, la mayor de siete hermanos con los que vivían en un típico conventillo, cuenta que el remo la hizo reconciliarse con el barrio y el Riachuelo. “Fue sanador, antes venía a la orilla a llorar por todas las cosas que me pasaban y la imagen del río estaba vinculada a esos momentos difíciles y hoy este deporte me ha dado la posibilidad de sentir de otra manera”, enfatiza.

Recuperar el río para los vecinos, una visión popular del acceso a los deportes y actividades que se pueden realizar en él, integración con el barrio y dar pelea a los proyectos excluyentes, son las consignas que están implícitas en esta práctica que congrega a personas de distintas edades e intereses pero profundamente comprometidos con la actividad que va más allá del mero hecho deportivo.

-Roberto, una cosa más.

-Sí, decime….

-¿Qué pasa con la contaminación?

- Mirá, en este momento el mayor factor contaminante, alrededor de un 85 %, son los efluentes cloacales que la Ciudad de Buenos Aires descarga. Los residuos industriales han bajado o están en proceso de conversión. El problema es el modelo de tratamiento de los efluentes.

-¿Y esto cómo se explica?

El relato de Roberto es largo, va de las primeras cloacas después de la fiebre amarilla en 1871 hasta el actual Sistema Riachuelo, una mega obra que transporta los desagües cloacales de todo el área metropolitana a lo largo de 30 km, realizados con tuneleras de empresas vinculadas a la familia Macri. Se trata de una obra muy discutida desde ámbitos académicos por el impacto a futuro, teniendo en cuenta las transformaciones que está sufriendo el medio ambiente y por ser un diseño que desde los países centrales se considera obsoleto.

Mientras tanto continuamos remando en el Riachuelo.

29/07/2016

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