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Columnistas
07/02/2019

Venezuela: un presidente-peón virtual, el poder real en EEUU y la OEA que se hunde

Venezuela: un presidente-peón virtual, el poder real en EEUU y la OEA que se hunde | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Estados Unidos quiere “retomar el control de los inmensos recursos naturales venezolanos y demostrar que aún puede atacar a un pequeño país”, dice el autor de esta nota publicada por Nodal. Pero agrega que desde hace décadas los norteamericanos no han podido “derrotar a ningún país decidido a resistir su agresión”.

Aram Aharonian *

Según los medios hegemónicos, cartelizados y trasnacionales, Venezuela tiene un presidente virtual, que dirige un país desde su cuenta de Twitter y mediante la cual retransmite las órdenes del poder real en Washington, que es un desconocido para sus connacionales y que llegó a presidir la Asamblea Nacional en desacato por rotación de los partidos: nadie lo eligió, nadie votó por él, nadie acata sus órdenes, pero representa, para sus mandantes, a la democracia.

En la época de la posverdad, el problema mayor es que aquellos que inventaron una verdad virtual y tratan de imponer imaginarios colectivos a tuitazos o por las redes digitales, se tropezaron con la realidad-real. Y la única verdad es la realidad, decía Aristóteles.

En un delicado contexto donde la política comienza a ser pensada como campo de batalla, el presidente Nicolás Maduro llama al diálogo y desde la oposición se levantan voces que promueven la sensatez, la necesidad de dialogar y de procurar salidas consensuadas. En este trancado juego geopolítico mundial, los gobiernos de México y Uruguay invitan a una Conferencia Internacional sobre la situación en Venezuela.

La oposición venezolana y sus financistas y guionistas de Washington y Bogotá, trataron de imponer en el imaginario colectivo el surgimiento de una resistencia popular al “dictador”, al “usurpador”, o la necesaria “ayuda humanitaria” para solventar una crisis co-producida por los embargos económicos y financieros no solo de EEUU sino también de la Unión Europea. Crearon la crisis, y ahora pretenden “solucionarla” por medio de una invasión.

Han sido semanas de mentiras, presiones, y ahora, en épocas de Carnaval, de quitarse las caretas. Nadie cree que Guaidó gobierne o pueda hacerlo: la realidad le quitó la mascarita de prócer. El mundo ve cómo repite lo que dicen los halcones del gobierno de Donald Trump, desesperados por apoderarse del mayor reservorio de petróleo del mundo y de las riquezas minerales de la Amazonia venezolana.

Obviamente, tras la cadena de fake-news, no hubo ningún desmentido, rectificación o disculpas. Y, como dice la analista Victoria Korn, lo que ha logrado Trump es atornillar a Maduro y revivir a la aletargada “marea roja” chavista.

La cadena de mando está clara y en ella Guaidó solo es quien acata y, junto al Grupo de Lima -o cártel de Lima-, son solo los comunicadores de aquello que los halcones de Washington mandan, con un ataque despiadado por redes sociales y medios hegemónicos controlado desde EEUU, para crear el imaginario colectivo la fantasía de que se está liberando a un pueblo sometido.

A ellos se suman mercenarios (mano de obra ociosa de ocupaciones anteriores, tan fracasadas como genocidas), paramilitares colombianos y venezolanos alistados en territorio del vecino del sur, “asesores” israelíes para la ocupación de territorios y desestabilización interna.

Y la “ayuda humanitaria” que la oposición dice que hará entrar al país -con apoyo de diplomáticos y ONGs, cámaras de televisión en vivo-, y el resguardo de paramilitares y bandas criminales alentadas por los sucesivos gobiernos de Bogotá, sufrió un revés grande cuando la Cruz Roja y La Media Luna internacionales anunciaron que de acuerdo a los principios de neutralidad e independencia, no pueden participar en la entrega de asistencia planteada para Venezuela desde Colombia, sin que exista un acuerdo previo.

Mientras tanto, Craig Faller, jefe del Comando Sur, visitó Cúcuta, ciudad colombiana cercana a la frontera con Venezuela, quizá para evaluar la llegada de los 5.000 soldados estadounidenses que se dice que traen de Afganistan y llevan a Colombia.

Obviamente, quienes están al mando de la Operación son Donald Trump, John Bolton, Mike Pence, Mike Pompeo, Elliot Abrams, Marco Rubio, los jefes militares del Comando Sur, o sea los vectores del neoconservadurismo norteamericano vinculados a las tramas más oscuras de las intervenciones directas o por debajo de la mesa en el mundo. Basta recordar el escándalo Irán-contras, en el que Abrams fue uno de los responsables junto a Oliver North.

Es difícil exagerar lo totalmente ofensivo que es un personaje como Elliot Abrams para los latinoamericanos que recuerdan la sangrienta debacle de EEUU en Nicaragua. Pareciera que los “Estados vasallos” ahora tienen que renunciar a cualquier tipo de dignidad frente a su propia gente y actuar como si Abrams fuera un ser respetable.

Es un tipo de condicionamiento de la obediencia mediante la humillación, una táctica deliberada que terminará lastimando a los títeres de EEUU en todo el mundo. Las metas norteamericanas son retomar el control de los inmensos recursos naturales de Venezuela, y también demostrar al mundo que todavía puede atacar un pequeño país y que EEUU habla en serio.

Pero pocos toman en serio a los militares estadounidenses: desde hace décadas no han sido capaces de derrotar (salvo en las películas o en las series de televisión, claro) a ningún país decidido a resistir su agresión.

Las diversas fuerzas especiales de EEUU, que normalmente encabezan cualquier invasión, tienen un registro especialmente espantoso de fallas cada vez que dejan de posar para las cámaras y tienen que participar en un combate real. Quizás los fracasos humillantes de otras sangrientas invasiones logren convencer a algunas personas responsables en el Pentágono y consigan evitar que EEUU se involucre en otra guerra estúpida e inmoral orquestada por los neoconservadores y su máquina de guerra.

Se hunde la OEA

El desprestigio y la falta de credibilidad volvió a la ya desacreditada OEA (Organización de Estados Americanos). Los gobiernos de los 15 países que integran la Comunidad del Caribe (Caricom) exigieron al actual secretario general de la OEA, Luis Almagro, a no hablar por ellos ni por ningún otro Estado que integra el organismo, en su ilegal reconocimiento al autoproclamado diputado en desacato Juan Guaidó.

Con mucha prepotencia y carente de autoridad per se, Almagro, rechazó la posición de la ONU respecto a las sanciones económicas contra varios dirigentes venezolanos, a quienes calificó de “corruptos y violadores de los derechos humanos”, al tiempo que aseguró que la ONU comete “un grave error” al no expulsar al presidente Maduro del país. “La secretaría general discrepa tajantemente con la postura de los expertos de la ONU (que) guardan silencio ante la crisis generada por el régimen” de Maduro, señaló en Twitter.

Ante los sucesivos fracasos diplomáticos, el brazo proestadounidense de la OEA, el llamado Grupo o Cartel de Lima, prohibió la entrada a sus territorios a altos representantes del gobierno de Maduro, tal como se lo ordenaran desde Washington.

El presidente boliviano Evo Morales aseguró que Estados Unidos, al retirarse del tratado para eliminar misiles nucleares y convencionales, apunta a América del Sur para una intervención militar como lo hizo en Medio Oriente, pero que los países del Sur no lo permitirán. “América Latina es una región de países independientes, soberanos y solidarios entre sí. Todos unidos desde la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe), Mercosur (Mercado Común del Sur) y ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América), vamos a trabajar por garantizar la paz en Venezuela”, dijo.

Siguen anunciando golpes sobre la economía, que se convirtieron en actos de piratería, robo, con John Bolton y Steve Mnuchin en primera fila: congelaron 7.000 millones de dólares de los fondos de la estatal petrolera Pdvsa en EEUU y anunciaron que el monto de las compras de petróleo venezolano irán a Guaidó. Ya no se trata solo de bloqueo: ahora es atraco, robo, piratería televisada en vivo y en directo, difundida por las redes digitales, con daños que superan los 23.000 millones de dólares.

Siguiendo su larga tradición, los piratas británicos retuvieron 1.200 millones en oro venezolano, 7.000 millones sobre la estatal petrolera Pdvsa, a los que hay que agregar los 11.000 millones que se generarán a partir de estos nuevos ataques, según Bolton.

La “comunidad internacional”

Se ha creado un imaginario colectivo de que la llamada “comunidad internacional” ha desconocido el gobierno constitucional de Maduro. Pero como dijera Aristóteles, la única verdad es la realidad:

Los que reconocieron al presidente fantasma Juan Guaidó con 16 países de América (de un total de 35), 15 países de Europa (sobre 50), uno del Medio Oriente (son 16), uno de Africa (son 54) y uno de Oceanía (son 15). En total, lo reconocieron 34 países de 198 de la “comunidad internacional”. Solo el 17%, que representan unos 1.088 millones de habitantes de un planeta de 7.350 millones.

Es cierto que los países que reconocen a Guaidó también representan el 55% de PIB mundial. De los 34, al menos 15 están entre las 20 economías más grandes del mundo, enfervorizadas por adueñarse de los recursos naturales venezolanos.

El conflicto, producto de exportación

Con la anuencia y complicidad interna de sectores políticos de oposición, entraron en juego fuerzas externas y el futuro del país se decide en función de intereses geopolíticos ajenos a la realidad venezolana. Dos años atrás, Washington ordenó a los representantes de la oposición venezolana a romper el dialogo en República Dominicana, lo que se tradujo en la exacerbación de las polaridades y se decretó así el fin de la coexistencia.

Este quiebre marcó una nueva etapa en la relación gobierno-oposición y en el juego geopolítico global, cuando -intencionalmente- se inició una fase dirigida abiertamente desde el exterior. La disputa interna se trasladó entonces a un amplio escenario internacional y la oposición vernácula quedó reducida a una mera peonada, no por ello exenta de responsabilidad.

Cansados ya de esperar a que la oposición derrocara al gobierno bolivariano, tras 20 años de financiamiento y apoyo, Washington decidió asumir la responsabilidad total de las acciones. Y no por eso le ha ido mejor.

“Pérfida coalición geopolítica con altísimos costos sociales, políticos, económicos y humanos. Tras una justificación política doméstica, se abren las puertas al control y usufructo de la mayor reserva mundial de petróleo, lo que constituye, además, una clara invitación a la militarización del conflicto”, señala la socióloga Maryclen Stelling, coordinadora del Observatorio Global de los Medios.

Para sectores radicales de oposición, señala la analista, la anhelada invasión se interpreta como triunfo político, como estrategia legítima de exclusión y eliminación del demonizado adversario. Sorprende el salto que se ha dado de la violencia a la guerra naturalizada, y de ello dan cuenta narrativas y relatos transmedias, campo de disputa y expresión de la dañina polarización radical devenida en producto de exportación.



(*) Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Función para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y www.surysurtv.net Autor de los libros Vernos con nuestros propios ojos, La internacional del terror mediático y El asesinato de la verdad.
29/07/2016

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