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Panorama Político
29/05/2016

Una relación fría y competitiva

Una relación fría y competitiva | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Para el gobernador Gutiérrez, Quiroga es nada más que "el intendente de Neuquén". El líder de Nuevo Compromiso dice que con el gobernador no se lleva “ni bien ni mal”.

Héctor Mauriño

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El gobernador Omar Gutiérrez y el intendente Horacio Quiroga apenas si disimulan la fría relación que mantienen, mientras compiten por el reconocimiento y el apoyo del gobierno nacional.

Cuando se le pregunta a Gutiérrez su valoración sobre Quiroga, se limita a responder con frialdad elocuente que “es el intendente de Neuquén”. Nada más -tampoco nada menos-, ni una mínima ponderación sobre las cualidades o defectos del principal político de la oposición.

Frente a una demanda similar, Quiroga responde que con el gobernador no se lleva “ni bien ni mal”. Lo que traducido quiere decir que no se lleva; que el intendente de la capital prácticamente no tiene relación con el gobernador de la provincia.

Pero cuando se lo consulta acerca de si tiene dificultades para entrevistarse con Gutiérrez, “Pechi” desliza una ‘chicana’. Responde que “no siempre es fácil hablar con un gobernador que tiene que viajar en forma permanente buscando plata para pagar los sueldos”.

Es como si dijera, a Gutiérrez no le alcanzan los recursos de la provincia, que desde ya son muchos, porque él y su partido, el MPN, administran mal y entonces tiene que ir a pedir plata. ¿A quién? Al gobierno de Cambiemos, que administra bien y que, justamente, es de la coalición política a la que pertenezco yo, Horacio Quiroga.

Si esto no es una puja de poder entre las dos figuras más encumbradas de la política provincial actual, por lo menos se le parece bastante.

Ocurre que en poco más de cinco meses de gobierno de Gutiérrez ha obtenido más adelantos de coparticipación que la gran mayoría de sus pares; fondos para obras de infraestructura; autorización exprés para endeudarse en el exterior y el ansiado aumento del valor del gas en boca de pozo, reclamado por todos los gobiernos neuquinos desde hace por lo menos una década.

No es casual que la figura de Gutiérrez, quien ascendió al poder con un empujón del ex gobernador Jorge Sapag, haya crecido tan rápidamente. Inclusive, dentro de su propio partido no pocos observan que “Omar” obtuvo en tiempo récord más de lo que consiguió su mentor en los últimos dos años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Sea porque hizo bien los deberes, apoyando en el Congreso las más controvertidas políticas de Cambiemos, sea porque el gobierno nacional está huérfano de gobernadores amigos, Gutiérrez -a pesar de pertenecer a un partido que no es ‘del palo’-ha terminado por sacar ventaja a su vecino el intendente de Cambiemos

No es que Quiroga no haya obtenido nada de sus aliados del gobierno nacional. No sólo es bien recibido en Buenos Aires sino que le han dado fondos para obras de infraestructura y pronto podrá contar con un presente especial de “Mauricio”: ese tótem de la política macrista que es el metrobús. Un artificio que fue capaz de engendrar un presidente y bien podría parir un gobernador.

Pero, claro, la influencia de uno y otro no se puede comparar. Es una cuestión de escala. Uno es gobernador y el otro intendente, y por fuerza no se pueden cotizar igual en el Olimpo de gerentes y patrones que hoy decide los destinos del país.

¿Qué es lo que en realidad se discute detrás de esta puja inocultable?

Para Gutiérrez, Quiroga y el ex candidato a gobernador del Frente para la Victoria Ramón Rioseco, son los principales adversarios de cara al futuro. Por eso no cesa de criticarlos en privado -por ahora- y de someterlos a cierto “ninguneo” en público.

Quiroga, quien acaso no ha terminado de digerir la derrota ante Gutiérrez en las elecciones del año pasado, apunta a consolidarse como líder y árbitro de la oposición de cara a los años venideros.

Aunque pregona que está excluido de cualquier fórmula futura porque sólo se propone ser “el mejor intendente de la historia de Neuquén”, todo el mundo sabe de su pasión por el poder y es un hecho que, si a él y al macrismo les fuera medianamente bien, sería número puesto para la gobernación.

De todo esto una cosa es segura, en la provincia la puja por el poder de cara al futuro ya está instalada.

Dale gas

Pocos dirigentes políticos con aspiraciones serían capaces de tomar una decisión tan divorciada de las necesidades de la población como el tarifazo en el gas decidido por los funcionarios de Cambiemos.

Este pensamiento antisocial, que se intenta maquillar con invocaciones tan inverosímiles como “terminar con la desigualdad” o lograr la “pobreza cero”, está retratado en el exabrupto pronunciado por el accionista de Shell y ministro de Energía, Juan José Aranguren, en relación al combustible. “Si el consumidor considera que este nivel de precios es alto en comparación a otros gastos de su economía, deja de consumir”. Es decir: consumidores y no ciudadanos.

En su sorprendente miopía, el gobierno de Cambiemos no sólo aumentó el valor del gas sino que eliminó todos los subsidios que estaban en vigencia desde la época en que gobernaba otro liberal ‘pro’ mercado: Carlos Menem.

Durante una década larga, el mantenimiento de precios internos en los alimentos, el transporte y la energía, permitió superar la hecatombe social provocada por el neoliberalismo y se constituyó en un poderoso estímulo para el crecimiento de la economía, inclusive durante la debacle financiera internacional que sobrevino después.

Si de lo que se trata ahora es de fijar precios acorde con el mercado internacional -algo de todos modos discutible-, resulta lógico que se pague a Neuquén lo que vale su gas.

Lo ilógico es que se elimine el subsidio en las regiones del país que tienen clima frío. ¿No es acaso responsabilidad del Estado corregir inequidades, no ya sociales sino geográficas o climáticas? ¿Lo único que importa es la rentabilidad de las empresas?

29/07/2016

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