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20/11/2022

Cristina invoca la esperanza

Cristina invoca la esperanza | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

No es casual que la consigna del encuentro del jueves en La Plata haya sido “La fuerza de la esperanza”. Eso que el pueblo argentino debe recuperar si quiere superar la grave coyuntura actual que atraviesa el país en un contexto mundial tan adverso.

Héctor Mauriño

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En el acto de La Plata, en conmemoración de los 50 años del regreso de Perón a la Argentina, Cristina Kirchner no confirmó su candidatura presidencial para el 2023 como muchos esperaban, pero comenzó a esbozar un programa de cara a un futuro gobierno y ratificó una vez más su condición de conducción estratégica del campo popular.

“Todo en su medida y armoniosamente”, respondió al “¡Cristina presidenta!” del público,citando al Perón del 1972. Y afirmó que a su regreso, luego de 17 años de exilio, el viejo líder “no quería ser presidente” porque estaba mayor y ante un mundo difícil. Un planteo frente al que resulta imposible no trazar un paralelismo con su figura y con la espinosa la coyuntura actual.

Es probable que Cristina, como el Perón de los ‘70, se considere “amortizada”. Luego de dos períodos presidenciales es posible que en lo personal ya no esté interesada en volver a gobernar. Pero luego de escucharla parece claro que está dispuesta a hacerlo si las circunstancias lo requieren. En línea con el “voy a hacer lo que tenga que hacer para lograr que nuestro pueblo vuelva a recuperar la ilusión”,quehabía dicho en el acto de la UOM.

Lo que no parece dispuesta a resignar la vicepresidenta es su papel como la más lúcida conductora del campo nacional y popular, al igual que su responsabilidad histórica para ayudar a construir un proyecto de unidad nacional que le permita al país salir de la grave coyuntura actual.

No es casual que la consigna del encuentro del jueves en el estadio Diego Maradona haya sido “La fuerza de la esperanza”, esperanza que el pueblo argentino debe reconquistar si quiere superar la grave coyuntura actual que atraviesa el país en un contexto mundial tan adverso. A despecho, inclusive, de todas las limitaciones que pueda haber tenido el actual gobierno del que Cristina forma parte.

En ese plan, Cristina esbozó la necesidad de un “acuerdo democrático” que abarque más allá del peronismo y del Frente de Todos, y que permita gobernar la Argentina en la década de la pospandemia que, dijo, “viene fulera. Viene con graves problemas geopolíticos”, motivo por el cual los argentinos tienen que ponerse de acuerdo por lo menos para preservar los recursos naturales. Y en ese contexto habló de defender el petróleo y el gas de Vaca Muerta, el Litio, la soberanía del Paraná y el agua.

Además de confirmar una vez más una estatura política muy por encima del resto de la dirigencia, Cristina planteó la necesidad de “reconstruir el acuerdo” que a partir de 1983 permitió estos 39 años de convivencia democrática, acuerdo al que, dejó bien claro, puso fin el reciente atentado fallido contra su vida.

“Se quebró aquel pacto democrático, aquel acuerdo democrático, el de la vida, el de respetar la vida”, sentenció y abogó por reconstruir ese pacto “separando a los violentos, al lenguaje del odio, al que quiere que el otro se muera porque piensa diferente”.

Agregó que a ese acuerdo le “debe suceder también la construcción de un consenso económico, pero no de un consenso en que todos opinemos igual, sino que abordemos los graves problemas que tiene la Argentina”.

Y en ese tren de cosas, dejó en claro que la sociedad tiene que saber cuál es el rumbo elegido, “porque cuando la sociedad sabe se empodera y no hay mejor ayuda (que esa) para un gobierno popular”.

Aunque el discurso fue de cara al futuro y centró el debate político en la necesidad del diálogo y el acuerdo, Cristina no dejó de consignar que la aguda crisis actual tiene que ver con el “brutal endeudamiento” contraído por el gobierno de Macri. De la misma manera salió a disputar a la oposición la aptitud para introducir cambios, recordando que fue el peronismo el que en sucesivas oportunidades trajo lo nuevo al país.

Otro tanto hizo al desmontar las falacias del programa que propone la derecha. Bastó que recordara las calamitosas experiencias de las privatizaciones de Aerolíneas y las jubilaciones.

Y también demolió la presunta solvencia para resolver el grave problema de la seguridad que agita la oposición. “Que no nos berreteen más con que saben de inteligencia y de seguridad (...) ¡Basta muchachos, los vimos, ya nos dimos cuenta!”, apuntó.

Eso no le impidió señalar que “ningún partido político”, ni los partidarios de la mano dura ni los garantistas, ha podido solucionar el problema de la seguridad, con lo cual volvió a centrar su postura ante un problema que es bandera de la derecha pero afecta a todas las clases sociales.

Ni qué decir de sus definiciones sobre el “partido judicial” que, dijo, ha venido a reemplazar en el continente al “partido militar” y del ejemplo -la cautelar que impide que los servicios de internet, tevé por cable y la telefonía celular sean declaradas servicios públicos esenciales- con que ilustró la forma en que las decisiones inconstitucionales del Poder Judicial sobre las políticas económicas afectan el costo de vida del hombre de a pie.

La impresión que dejó la Cristina del acto del Día de la Lealtad es que más allá de eventuales candidaturas -eso se verá después- no está dispuesta a resignar su rol en la reconstrucción del frente nacional y popular susceptible de encarar los graves condicionamientos que enfrenta el país.

29/07/2016

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