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Columnistas
13/11/2022

Mi último Mundial

Mi último Mundial | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El fútbol ha sido para mí el espectáculo que más me ha conmovido, porque me permitió jugar sin hacerlo concretamente, de soñar con estar ahí y suponer que podría hacer bien lo que los que juegan yerran o se equivocan.

Osvaldo Pellin

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Como Messi, sospecho que viviré mi último Mundial. Ya octogenario, llevo “jugados” todos los mundiales desde el de 1950, en Brasil, cuando sólo contaba con 10 años, incluido este de Qatar, sería un total de 19 mundiales.

No creo que llegue, aunque lo deseo, al de 2026. Parece demasiada omnipotencia superponer el tiempo vital con el de un calendario mundialista, ¿verdad?

Pensar que para Messi, con 35 años, en su calidad de excelso jugador tal vez este sea también su último Mundial, claro que como jugador.

Agradezco a la vida que yo terminémi carrera de aficionado, viéndolo en un campo de juego y jugando para nuestro país y con la expectativa de salir campeón. Se lo merece porque ha sido un jugador excepcional y los goles hechos en la Champion y en cualquier campo de juego del mundo, quedarán para siempre en la Enciclopedia Mundial del fútbol,como modelo de lo que por siempre se considerará un súper crack.

Vi en el 54 a los húngaros de Puskas y Kocsic, con la TV en blanco y negro, en el 58 al de Pelé, en el 78 al de Kempes, en el 86 al del Diego.

El fútbol ha sido para mí el espectáculo que más me ha conmovido, porque me permitió jugar sin hacerlo concretamente, de soñar con estar ahí y suponer que podría hacer bien lo que los que juegan yerran o se equivocan. Atajar las pelotas que los arqueros no alcanzan con sus manos, cabecear, en fin, esos centros que se tiran sobre la hora, desesperadamente, al centro del área y pegarle con mi parietal derecho directo a la red marcando el gol del triunfo.

En fin, el sueño del pibe, como se dice vulgarmente.

El fútbol me hizo soñar, consiguió alegrarme en un triunfo y me condenó a la pena en la derrota. También grité con otros alrededor del monumento al General San Martín en Neuquén con alguno de mis hijos y nietos, enarbolando banderas y agitando banderines, festejando algún campeonato.

Igualmente, le alcanzan al fútbol críticas que vienen de lejos en el tiempo. Dante Panzeri un insobornable periodista, decía ya en su época, que fue la de los años 60, años del bautizado “fútbol espectáculo”, donde clubes argentinos incorporaban para sus escuadras futbolistas sobre todo jugadores brasileños por cifras millonarias, renunciando al estilo criollo del juego y a las divisiones inferiores. Casi como Ernesto Sábato que decía que dejó de interesarle el fútbol cuando el juego se profesionalizó.

Panzeri sostuvo, que al fútbol profesional lo ha malherido el dinero, la enorme cantidad de dinero que mueve y yo agregaría la fascinación que ejerce sobre enormes multitudes que se hipnotizan con los resultados deportivos y se exponen a ser manipulados por el poder político de turno. Un buen triunfo deportivo de un equipo popular suele garantizar una semana de paz política en las grandes ciudades pero sobre todo en Buenos Aires. Quiere decir que ciertos éxitos en el fútbol, y ni hablar si ese éxito alcanza al seleccionado nacional en un Mundial, pacifican a una inmensa mayoría y el poder político respira aliviado sí lo que vivía era como siempre una crisis, de la que, por otra parte, raramente salimos. Los efectos de los éxitos futboleros resultan efímeros y solo paliativos cuando llegan a una sociedad compleja y plural y que vive sus desasosiegos.

No obstante, este puede ser mi último Mundial, mis hijos no lo han notado, tampoco el resto de la familia. No me han hecho notas por esto, ni salió mi foto en la portada de ninguna revista del ramo. No hace falta. Se va el fútbol como se va la vida. Eso no es noticia, 

Pero  el  fútbol renace siempre en la calidad inacabable de los chicos argentinos que en cualquier lugar de su vasto territorio, sueñan con jugar en primera división y exaltar la admiración de un público que se renueva en el tiempo pero no deja de llenar los estadios. 

Como decía el gran Diego Maradona, que la pelota no se manche, que quede por siempre la honestidad del jugador de fútbol para dignificar un deporte maravilloso.

29/07/2016

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