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28/08/2022

Si la tocan a Cristina

Si la tocan a Cristina | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Foto: Gentileza

Cuando todo parece a punto de perderse, aparece la vicepresidenta y renace la esperanza. El pueblo peronista sufre en carne propia los ataques a su líder. Sabe que es el último destinatario de esa ofensiva. Por eso proscribir a Cristina es atacar a la democracia.

Héctor Mauriño

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 En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. George Orwell

Cristina es capaz de cambiar con un mensaje grabado, una aparición pública o un video el humor de los argentinos. Sacar de un plumazo a esta sociedad del “bajón” que provocan el empobrecimiento, la inflación y las vacilaciones del gobierno para inyectarle una dosis de coraje, energía y optimismo. Cuando todo parece a punto de perderse, aparece Cristina y renace la esperanza.

El pueblo argentino (su mejor parte) se identifica con esta mujer que tiene una inteligencia y una voluntad superiores: “Si la tocan a Cristina…”. Y la tocaron. Es decir; además de endeudar al país, poner sus recursos naturales en la mesa de saldos, someter al Poder Judicial a su arbitrio y no hacerse cargo de nada, quieren proscribirla y meterla presa. Ella habló, puso en banco sobre negro lo que ocurre, quiénes son los corruptos y los que gozan de impunidad, y la gente salió espontáneamente a llenar las plazas de todo el país. Si la tocan a Cristina, los tocan a todos.

Deben estar preocupados los que inspiraron esta farsa. ¿Qué se creían? La oposición, el partido judicial, la prensa canalla y la embajada de Estados Unidos (que les sopla el libreto al oído) se olvidaron del “hecho maldito del país burgués”. Se les pasó que al peronismo no solo lo alimentan sus conquistas sociales, también lo ayuda a estar vivo el antiperonismo, ese odio hacia los sectores populares que lo predispone a resistir.

El juicio a Cristina por la obra pública de Santa Cruz es un escándalo, por su falta de pruebas y por la desvergonzada parcialidad del tribunal que lo lleva adelante, integrado por un juez y un fiscal que se reunían a jugar al futbol con Macri cuando era presidente en su quinta Los Abrojos.

Nada muy diferente a los camaristas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, asiduos visitantes de Olivos, nombrados por decreto del entonces presidente y que atajarán este juicio fraguado para ratificar la condena. Qué decir de los caraduras de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, que “Mauricio” y su operador de la “mesa judicial” Pepín Rodríguez Simón hicieron entrar por la ventana de la Corte.

La semana que concluye hubo un parteaguas político. Cristina dejó en claro que el lowfare argentino comenzó en 2015 con el caso Nisman y es una estrategia delineada no sólo para proscribir y perseguir a los dirigentes populares sino también para asegurar la impunidad de Macri y los suyos. Esta es una política continental de Estados Unidos que ya se aplicó en Brasil con Lula y con Dilma, y también en Ecuador con Correa.

Como el fiscal no tiene pruebas, la acusación contradice los testimonios de sus propios testigos y recurre a la figura de la asociación ilícita, algo insólito porque es impensable que una persona o un grupo se proponga ganar las elecciones con el sólo propósito de robar. ¿O será que el ejemplo de Macri lo confunde?

La asociación ilícita tiene además triste memoria. Nació de un tribunal especial, manifiestamente anticonstitucional, creado durante la dictadura de Lanusse, el famoso Camarón, que disolvió el gobierno de Cámpora. Pero luego fue retomada y las penas agravadas por la dictadura cívico militar del ‘76, siempre con el objetivo de perseguir a los opositores políticos.

El intento de proscribir a un líder popular no es nuevo en la Argentina. Los que vivieron la proscripción del peronismo a partir del golpe del ‘55 lo conocen bien. El decreto 4161 de la “libertadora” prohibió hasta nombrar a Perón. La persecución a la figura más representativa del país lo único que trajo fue violencia y una sinfín de penurias al pueblo argentino.

Cuando se impide a las mayorías que se expresen, estas buscan otras formas de hacerlo y como la proscripción es esencialmente antidemocrática y violenta, una de las salidas que encuentran es responder a esa violencia con violencia popular.

El intento de proscribir a Cristina Kirchner lleva al borde del abismo a la democracia que tanto sufrimiento le costó al pueblo argentino. Hoy la sostienen casi exclusivamente los sectores populares, al partido judicial, a los medios concentrados y a la oposición ya no les conviene tanto. Tal vez por eso convocan al fantasma de la violencia, sin tener presente que todos, también ellos, saldrán perjudicados.

29/07/2016

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