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Columnistas
28/08/2016

No culpes a las retenciones

No culpes a las retenciones | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El análisis de la problemática del sector frutihortícola debemos centrarlo entonces en la composición de la cadena de producción en la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, la que presenta una profunda asimetría en sus eslabones.

Nora Díaz *

Terminados los juegos olímpicos en Brasil, se acabó la magia: la semana pasada las protestas sociales contra la política del gobierno de cambiemos volvieron al centro de la escena nacional: docentes que pedían reapertura de negociaciones paritarias (que fueron reprimidos y desalojados de la autopista La Plata-Buenos Aires), y en plaza de mayo, los productores valletanos regalaban peras y manzanas con la esperanza de ser recibidos por el presidente de la Nación. De paso sea dicho, ya que no es menor, recibidos por largas colas de personas necesitadas de esta donación.

La producción frutícola de nuestra región viene sufriendo vaivenes desde hace varias décadas. A fines del siglo pasado, la retracción del mercado interno sumado a la falta de competitividad externa que implicaba la convertibilidad con un tipo de cambio atrasado y devaluaciones de países vecinos, sumió a los chacareros en una profunda crisis en la que se fueron multiplicando los remates de sus tierras debido a los altos niveles de endeudamiento en los que se hallaban comprometidos. Fue la época en la que se conformó la agrupación de Mujeres en Lucha, quienes lograron impedir varios remates con acciones de protesta.

La salida de la convertibilidad y la pesificación de sus deudas les dieron un respiro, aunque pronto recomenzaron los problemas. Las críticas hacia el gobierno kirchnerista hicieron centro en la retención a las exportaciones y, con los años, a un relativo nuevo atraso cambiario. Las retenciones bajaron entonces al 5% para los productos frutícolas. Sin embargo, los problemas continuaron para los chacareros, demostrándose ya en ese entonces que las retenciones no constituían la causa profunda, puesto que afectaban, en todo caso, al sector exportador que traslada los mayores costos hacia los eslabones más bajos de la cadena, pero al obtener mejoras éstas no “derraman” hacia los productores primarios.

El análisis de la problemática del sector debemos centrarlo entonces en la composición de la cadena de producción frutihortícola en la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, la que presenta una profunda asimetría en sus eslabones. En los últimos años, se ha experimentado una caída de la cantidad y calidad de la producción, la expulsión y desaparición de actores económicos, concentración y el progresivo abandono del uso de la tierra para fines productivos. Resumidamente, en un extremo encontramos unas pocas grandes empresas que absorbieron chacras y se enriquecieron y en el otro miles de productores que vendieron, alquilaron o lotearon sus tierras ante un proceso de empobrecimiento que le impedía seguir desarrollando su actividad.

Los pequeños productores han demandado al Estado cambios de políticas que no han tenido buenos resultados, quizás porque partieron de diagnósticos equivocados. Como analiza el economista Claudio Scaleta, el cuello de botella que enfrenta el productor primario de una economía regional es que un producto perecedero genera una dependencia con los propietarios de activos estratégicos, plantas de empaque y frigoríficos, que se traduce en una situación de “oligopsonio”. Es decir, una mercado en la que existen pocos compradores para muchos oferentes. El resultado es una diferencia de poder en el momento de la comercialización, provocando una asimetría que perjudica a los dos extremos de la cadena: productores y consumidores.

En efecto, la diferencia entre lo que cobra el productor y lo que paga el consumidor ha llegado a un 850% en el caso de la manzana y más del 1000% en la pera. El sistema de comercialización que corresponde a esta relación es “la entrega de la fruta” al capital comercializador (“galpón”) en consignación, sin precio ni contrato. Aunque formalmente el productor recibe un precio al que se le descuentan todos los servicios prestados (empaque, frío, comercialización) la realidad es que los chacareros carecen de control e información y el precio resulta discrecional.

Por lo tanto, surge la necesidad de modificar el esquema comercial que hoy presenta la producción del Alto Valle, elaborando una propuesta que permita obtener mayores retornos por kilo comercializado al productor y, por otra parte, lograr que los productos frutícolas resulten accesibles para el consumo de las familias. El mismo deberá facilitar un acortamiento en la cadena, acercando la producción al consumidor. Experiencias como el camión de “Fruta para todos”, que dio buen resultado, deberían retomarse y profundizarse. Asociaciones de cooperativas que comercialicen en forma directa a través de ferias y distribución hacia otros mercados del país armando redes y alianzas con productores del NOA y el NEA, por ejemplo.

Es decir, soluciones creativas, asociativas y autogestionadas, apoyadas por estamentos estatales que crean en la producción. El gobierno del presidente Macri devaluó y eliminó las retenciones, tal como pedían nuestros productores, quienes apoyaron un cambio. Sin embargo, los resultados están a la vista. No culpen a las retenciones.



(*) Lic. en Economía. Docente e Investigadora FAEA, UNCO.
29/07/2016

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