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Energía
26/04/2018

Las falacias de Macri en Vaca Muerta

Las falacias de Macri en Vaca Muerta | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En su spot televisivo realizado en los yacimientos neuquinos, el presidente hizo un discurso sostenido sobre la abundancia de falsedades y como es su costumbre trasladó responsabilidades al gobierno anterior y los usuarios.

Acorralado por tarifas impagables que desataron el repudio generalizado, incluso dentro de su propia base de apoyo, Mauricio Macri hizo un viaje relámpago hacia el corazón de Vaca Muerta para grabar un discurso de 13 minutos que fue difundido por los medios de comunicación por cadena paraoficial en el cual -como es su costumbre- deslindó responsabilidades en el gobierno anterior y los usuarios, y trasladó el costo financiero y político de sus decisiones a las provincias e intendencias.

Macri usó de salvavidas a la YPF bajo control estatal - que si fuera por él aún seguiría en manos de la vaciadora Repsol - para adjudicarse logros en Vaca Muerta que comenzaron a gestarse durante la gestión Cristina Fernández. 

El equipo de comunicación del presidente montó un estudio de televisión en una locación petrolera para grabar un mensaje guionado que luego fue difundido como “en vivo”. Un pase de magia de los maestros de la manipulación mediática.

Sin embargo, lo relevante fue el contenido del discurso, que estuvo sostenido sobre la abundancia de falacias. A continuación un repaso por los principales puntos de la ficción energética relatada por Macri en el yacimiento Loma Campana, paradójicamente un ícono de la política energética del último tramo del kirchnerismo:

 

“Después de muchos años de producción decreciente, revertimos la tendencia y la producción de gas volvió a crecer. En el primer trimestre de este año, gracias a Vaca Muerta, produjimos más de 3% más de gas que hace un año, la producción más alta desde 2011”.

 

Si bien el dato del aumento de la producción que se vislumbra este año es real, la producción de gas en el país volvió a crecer en 2013, tras la recuperación del control estatal de YPF, y continuó en ascenso durante el final del mandato de Cristina Kirchner. Esa tendencia se cortó el año pasado, cuando cayó 0,9 % con respecto a 2016, pese a las grandes subas del precio del gas en boca de pozo. 

Además, en los últimos 12 meses la producción de petróleo en el país decayó un 6,2%.

 

“Cuando llegamos heredamos un estado que gastaba, y todavía gasta, mucho más de lo que le ingresa. En 2017, el Estado tuvo ingresos por casi 2 billones de pesos, que vienen mayormente de los impuestos, y gastó 400.000 millones de pesos más de lo que le ingresó.”

Este párrafo, más que justificar el shock tarifario aplicado por su gestión, incrimina al propio Macri. Pese a la reducción de subsidios a los consumidores, su administración incrementó el déficit de las cuentas públicas: el año pasado cerró con el 4,1 % del PBI.

 

“Es mentira que los subsidios al gas y a la electricidad no los paga nadie: los pagamos todos con más inflación y deuda. Para pagar la energía tenemos que pedir plata prestada, lo que genera una deuda a nuestros hijos y nietos. Esa es la mochila que les estamos dejando”. 

 

Si bien el costo del esquema de subsidios, tarifas distorsionadas y las compras de gas en el exterior fueron el talón de Aquiles de la gestión kirchnerista, en el último mandato de Cristina Fernández se comenzó a desandar el camino. Sin embargo la creencia de que los subsidios a la energía generan inflación es uno de los grandes relatos del establishment económico ortodoxo. Nadie puede negar que los tarifazos aplicados en la era Macri traccionan la suba de precios a la vez que quitan poder adquisitivo a los trabajadores con la lógica caída del consumo. De todos modos hay que reconocer la sinceridad del presidente al reconocer la “mochila” deuda que está dejando.

 

 

“Para cubrir esos subsidios nos tuvimos que endeudar. La otra alternativa hubiera sido hacer un shock de ajuste y ese no es el camino que elegimos. Elegimos el camino del cambio con gradualismo para que ningún argentino se quede atrás.”

El “gradualismo”, según el presidente, significó subir en dos años de gestión de 120 pesos 1.500 pesos el costo del kilowatt/hora de electricidad (+1.150 %) y el gas en boca de pozo un 262%, al pasar de 1,29 dólares el millón de BTU a los 4,68 dólares actuales. Todas esas cifras fueron acompañadas de una fuerte reducción de los subsidios, con lo cual los aumentos que se trasladaron a las boletas de los usuarios alcanzaron cifras siderales que hoy se tornan impagables. 

 

"Si vemos el gas, Buenos Aires consume 70% más que Montevideo y Santiago de Chile, a temperaturas similares. Pero en Uruguay lo pagan 134% más caro, y en Chile, tres veces más que nosotros”.

Aquí la trampa del líder de la alianza Cambiemos consiste en descontectualizar los datos. Es malicioso comparar la situación de Argentina, que produce el 75 % del gas que consume en los meses de mayor demanda y que tiene el mayor porcentaje de cobertura de gas por red de la región (en torno al 60% de los hogares), con países como Chile y Uruguay que importan casi todo el gas que consumen y sólo los privilegiados cuentan con abastecimiento. En Santiago de Chile, el principal centro urbano del país trasandino, sólo el 29% de los hogares tiene acceso al gas por redes. Desde 2004, cuando Argentina cortó las exportaciones, cayó abruptamente el consumo de gas de los chilenos. Por lo tanto, con 8 millones de usuarios, infraestructura y producción propia, es lógico que Argentina tenga tarifas más bajas que sus vecinos.

 

 

“Sé lo que pesa una actualización de tarifas en el bolsillo de cada uno de ustedes. Entiendo lo que les pasa. Sé que no es fácil. Si hubiera otra manera, créanme que lo hubiera hecho. ¿Qué más quisiera que los argentinos tengan todo y más fácil? Estoy acá por ustedes.”

Que había que hacer correcciones en las tarifas para garantizar inversiones y reconocer los costos de la obtención de la energía, era una medida con consenso político y social. Sin embargo, las subas aplicadas de forma poco transparentes, sin publicitar los verdaderos costos, junto con la feroz quita de subsidios, fue el camino elegido por Juan José Aranguren con la venia del presidente. 

Se podía hacer de otra forma. Durante los 12 años anteriores se sostuvieron tarifas bajas a medida que el país se desendeudaba. Y cuando el modelo se agotó por la falta de incentivos a las  inversiones, se tomaron medidas verdaderamente gradualistas como el Plan Gas para incrementar la producción, se inició una quita prudente de subsidios y hubo subas racionales de los precios de la energía. Faltaba mucho camino por recorrer. Sin embargo, Macri eligió aplicar su doctrina de shock combinada con una toma de duda externa a niveles récord y el malestar social ya es inocultable.

29/07/2016

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