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Neuquén
09/10/2022

Desaparición de Sergio Avalos

Otro caso paradigmático de inequidad en el acceso a la justicia

Otro caso paradigmático de inequidad en el acceso a la justicia | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Asunción Avalos, padre de Sergio. Desde 2003 busca saber qué pasó con su hijo.

El joven, de condición humilde, estudiaba en la Universidad del Comahue. Con 18 años, entró al boliche Las Palmas el 14 de junio de 2003 y nunca más se supo de él. Su padre, Asunción Avalos, jamás dejó de luchar. Quienes viven en la pobreza son más vulnerables a padecer la violación de sus derechos.

Marcelo Pascuccio

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La relación entre la pobreza y la falta de acceso a la justicia es una realidad que se constata a diario. Quienes viven en la pobreza son más vulnerables a padecer violaciones a sus derechos. A mayor vulnerabilidad y exclusión disminuye su capacidad para acceder a la justicia.

Las personas que viven en la pobreza son doblemente perjudicadas en el acceso a la justicia. La persona sin recursos acusada de un delito, cualquiera fuere, es sometida generalmente a privaciones injustas de su libertad, abusos, violencia, intimidación y corrupción. Esto no sucede porque las personas que el Estado provee para la defensa oficial sean malas profesionales, sino que en general están desbordadas en la medida que aumentan los excluidos y excluidas del sistema.

Las personas humildes víctimas de delitos también tienen serios inconvenientes de acceder a la justicia, sobre todo cuando los mecanismos de justicia son corruptos o ineficaces, puesto que son quienes menos pueden permitirse los sobornos exigidos o los largos retrasos del sistema judicial. La barrera económica y social es insoslayable. A los costos del letrado, letrada y judiciales hay que agregarle la distancia geográfica entre el lugar donde viven y la fiscalía o los tribunales, y la subestimación que sufren respecto a su fuerza de voluntad en la adversidad cotidiana.

Así como las cárceles están llenas de pobres, las causas que los tienen como víctimas están llenas de impunidad.

Sergio Ávalos, cuando desapareció, era un joven humilde, estudioso y con la idea de lo justo que se tiene cuando uno vive en un hogar cuya familia se dedica al trabajo, con esfuerzo y a distancia de los disvalores de las grandes ciudades. Nacido y criado en Picún Leufú, ciudad distante a 140 kilómetros al oeste de Neuquén capital, empezó a estudiar en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en el 2003, para lo cual debía alojarse en la residencia universitaria de la capital provincial. Quería ser un profesional y lograr un mejor pasar para él y su familia.

Con compañeros de la facultad entró al boliche Las Palmas de Neuquén capital el 14 de junio de 2003. Desde ese momento nunca más se supo de él. Tenía 18 años.

A pesar de que nadie lo vio salir del boliche esa noche, que uno de los patovicas apareció luego con una mano vendada, que casualmente ninguna de las decenas de cámaras grabó el momento de salida de Sergio y que un testimonio del momento daba cuenta de que Ávalos había recibido un golpe en la nuca por parte de uno de los hombres de seguridad, lo primero que dijo el entonces jefe de la Policía provincial, Walter Cofré, es que Sergio había salido por su propia voluntad con otras personas. Lo afirmó sin ninguna prueba que lo acredite.

Sin ningún cuidado, algunos medios gráficos y radiales tomaron versiones telefónicas y surgidas de comentarios sin fuente identificable. En los días inmediatamente posteriores a la desaparición, el diario La Mañana del Sur aseguró que a Sergio lo habían visto salir en taxi. En una radio de Centenario se dijo que lo habían hallado cerca de Neuquén y luego se dijo que estaba en Planicie Banderita. En una radio de Neuquén daban cuenta de un llamado que decía que tenían que buscar en China Muerta, y otro que aseguraba que estaba encerrado vivo en una chacra de Colonia Nueva Esperanza, o que había aparecido el cadáver en Zarate (provincia de Buenos Aires), y otra versión que había sido llevado sin vida a Zapala. También surgía en los medios las hipótesis de que podría haberse perdido, que fue víctima de las Viudas Negras o de un ajuste de cuentas. Todas las hipótesis e informaciones surgidas a través de los medios alejaban el episodio del boliche.

Lo poco que hubo sobre que algo le había pasado adentro del boliche no daba información certera sobre cual había sido el destino de “Polito”, como le decían a Sergio sus amigos y familiares.

Un informante que se ocultaba bajo el nombre de Tomás Moro envió mails a este periodista dando la versión de que a Sergio lo habían golpeado fuertemente en el boliche, que lo habían sacado en un auto blanco y que lo había enterrado bajo una carpeta de cemento en una vivienda cercana, propiedad de uno de los hombres de seguridad. Sorprendió a los investigadores el detalle que daba sobre las personas que hacían la seguridad del boliche con nombres y apellidos y números telefónicos. La fiscal de entonces del caso, Sandra González Taboada, aseguró que investigó todas las versiones sin suerte y en cuanto a Moro llegó a levantar carpetas de cemento de casas cercanas.

Las sospechas en gran parte de la población y las organizaciones de Derechos Humanos siempre recayeron sobre el personal de guardia del boliche, con el convencimiento de que el encubrimiento empezaba en la fuerza policial. A esa altura no eran pocas las denuncias de apremios ilegales y violencia institucional contra la Policía. El local bailable había tenido problemas de seguridad con serios antecedentes. En el 2001 falleció un chico que había caído de los balcones del local y las crónicas policiales daban cuenta a ese momento de al menos dos casos más de jóvenes asesinados fuera del boliche. En mayo de ese fatídico 2003 el joven Sergio Díaz fue asesinado de un balazo en la cabeza en el barrio Cordón Colón luego de haber sido levantado en la puerta del boliche Las Palmas. El grupo de seguridad del boliche estaba comandado por 11 personas entre policías, militares, militares retirados y un seguridad que se desempeñaba también en la Municipalidad.

Luego de la desaparición de Avalos, Las Palmas - El fuerte volvió a abrir en el 2011 con el mismo nombre y siguieron las acusaciones de malos tratos. Se radicó una denuncia de un joven que sufriendo maltrato del personal de seguridad aseguró que se le dijo “dejate de joder que si no vas a ser el próximo Sergio Avalos”. La denuncia no fue incorporada a la causa de la desaparición de Sergio.

Desde el día que desapareció Sergio pasaron 3 gobernadores cumpliendo 5 mandatos, 2 rectoras y 1 rector por la Universidad Nacional del Comahue, de donde se ausentó Sergio, y una decena de jefes policiales. Nadie le explicó a Asunción Ávalos qué pasó con su hijo.

Luego de 11 años en que la causa se instruyó en el Fuero Provincial pasó al Fuero Federal con el cambio de calificación: de Averiguación de Paradero a Desaparición Forzada, y así se evitó que prescribiera.

El camino no fue sencillo. El abogado de Asunción Avalos en el 2012, Virgilio Sánchez, reclamó a la Justicia Federal que se contemplara el hecho como desaparición forzada de persona considerado delito de lesa humanidad. El juez federal de Neuquén se declaró incompetente y se hizo el reclamo entonces a la Corte Suprema. Con un dictamen de la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, la Corte Suprema de Justicia de la Nación avaló por unanimidad el pedido y en el 2014 ordenó a la Justicia Federal investigar. La causa, que ya acumula 4.000 fojas, está en manos desde entonces de la fiscal Mariana Querejeta y el juez Gustavo Villanueva.

Los actuales abogados de la familia Ávalos son Sergio Heredia y Leandro Aparicio. Heredia se ha mostrado es optimista, al afirmar que “el caso está totalmente esclarecido sobre lo que pasó”. El letrado describió al boliche Las Palmas como “un antro de corrupción, prostitución, drogas y explotación de menores que era una caja dineraria para la política, la municipalidad y la policía”. Quizá esas características expliquen el encubrimiento, el silencio del personal que trabajaba en el boliche y de sus parroquianos, y el notable intento de desviar la atención realizado por todos los medios. Heredia enciende una luz de esperanza en el padre de Polito, Don Asunción: “Estamos con los detalles cerrando todo ya para que todos los responsables imputados vayan a juicio en un plazo menor a 2 años” asegura.

Heredia afirma que la UNCo dejó solo a Asunción Avalos, primero porque no continuó en la causa como denunciante de la desaparición y segundo que, ya constituido como Amicus Curiae, no intervino. El abogado ya presentó cerca de 50 testimoniales y de gente que antes o después se había animado a hablar. En el encubrimiento cree que no solo deben dar explicaciones el personal de seguridad, policías y militares, sino también compañeros de Sergio.

Asunción nunca perdió las esperanzas. Pidió a Dios no perder la calma y el respeto a las autoridades. Agradeció el apoyo de las Madres de Plaza de Mayo porque desde la ausencia que padece pudo interpretar el motivo de lucha de las Madres, y tiene confianza plena en Sergio Heredia, luego de seguir con atención el desempeño del abogado en las audiencias del caso de la desaparición de Daniel Solano en Choele Choel.

Hay quien dice que es más fácil que se termine la pobreza en el mundo antes que la justicia sea accesible para los que poco tienen. Preferimos citar a Eduardo Galeano cuando lo invitamos a reflexionar sobre el asesinato de Carlos Fuentealba. Sobre el final de lo escrito, aseguró: “…no hay impunidad que sea eternamente impune".

29/07/2016

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