-?
 
 
 
Entrevistas
07/06/2026

Roberto Samar

“La violencia institucional creció en los últimos años”

“La violencia institucional creció en los últimos años” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Foto: Legislatura

El catedrático de las universidades del Comahue y de Río Negro sostuvo que hay “una degradación de la democracia”, por la represión sistemática del gobierno nacional a las movilizaciones de protesta. Respecto de la violencia de género dijo que desde los medios “se termina cargando en la víctima la responsabilidad del hecho”.

Marcelo Castro

El especialista en Comunicación y Culturas en la Universidad Nacional del Comahue y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro Roberto Samar, sostuvo que asistimos a una “degradación de la democracia, una violencia institucional que creció en los últimos años”, por la represión sistemática del gobierno nacional a las protestas y citó al respecto el trabajo sobre el tema del Comité Contra la Tortura.

En charla con Va Con Firma Samar abordó el tema de la violencia institucional y de género, horas después de las masivas movilizaciones convocadas por organizaciones feministas en un nuevo aniversario de Ni Una Menos.

Señaló que, como lo ha expresado la escritora, antropóloga y activista feminista Rita Segato “hay una pedagogía mediática de la crueldad que muchas veces se instala desde los medios y la complejidad del momento actual es que muchas veces esa pedagogía se reproduce en las plataformas digitales y lamentablemente se transformó en los últimos años en parte del discurso del gobierno nacional, legitimando la habilitación de otros tipos de violencia”.

Samar es autor de los libros “Política y Comunicación”, “Inseguridades”, “El Medio es la Violencia” y su último trabajo “Pantalla cruel”.

-¿Es una sensación que tenemos sobre la violencia o efectivamente la sociedad está viviendo un momento violento?

-Que pregunta compleja, porque depende de cómo se mire o se mida vamos a encontrar respuestas distintas. Creo que hay violencias distintas y complejas, a las que estaban presentes hace muchos años atrás. Es difícil medir si estamos ante un momento más violento o menos. En los últimos años si miramos la tasa de homicidios hay una tendencia a la baja. Pero si miramos lo que son las muertes violentas, lo que creció en la Argentina no tuvo que ver con los homicidios ni los femicidios ni los accidentes de tránsito. El punto más alto son los suicidios. Hay violencias presentes en la sociedad y justamente violencias complejas que por eso muchas veces más allá de lo que se instala en los medios de comunicación o en algunos sentidos comunes, lo que hay que hacer es sentarse e intentar indagar sobre las complejidades para poder intentar construir una sociedad menos violenta que debería ser el objetivo.

-Pero a eso se le contrapone que hay una violencia discursiva desde el propio Estado que impacta en la sociedad…

-Totalmente. Lamentablemente estamos en un momento en el que, si lo pensamos desde la violencia de género, hay una violencia simbólica que está muy presente en la sociedad. Como decía Rita Segato, hay una pedagogía mediática de la crueldad que muchas veces se instala desde los medios y la complejidad del momento actual es que muchas veces esa pedagogía se reproduce en las plataformas digitales y lamentablemente se transformó en los últimos años en parte del discurso del gobierno nacional, legitimando la habilitación de otros tipos de violencia. Me parece que eso le agrega complejidad al momento.

-Y en la práctica lo vemos los miércoles con la represión sistemática a las marchas de jubilados y otros sectores que reclaman por sus derechos…

-Sí, es así. Por eso como hablábamos al comienzo: pensar en las violencias es algo tan amplio que a veces es difícil hacer los recortes. Pero es así como lo planteas. Un derecho fundamental de toda democracia es el derecho a peticionar, a protestar, a manifestarse. Uno podría pensar que ese derecho tan elemental en una democracia es la base de todos los otros derechos, porque sin protesta no tendríamos el voto secreto ni el concepto de justicia social o los derechos laborales o el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. Es decir, el de protesta es un derecho fundamental. Y ya hace rato que, particularmente en Buenos Aires, hubo una profunda degradación de la democracia donde recurrentemente los miércoles se reprime violentamente a personas que están ejerciendo su derecho a la protesta. Hay una degradación de la democracia, una violencia institucional que creció en los últimos años.Eso se puede ver con los datos del Comité Nacional Contra la Tortura o en los datos de la Correpi.

-¿Estamos hablando de ámbitos penitenciarios o en la calle?

-En las dos cosas. En realidad es complejo. Por un lado creció la violencia institucional porque se reprime violentamente a personas que ejercen su derecho a la protesta, aumentó el número de personas privadas de su libertad y en condiciones de hacinamiento, en comisarías. Encontramos a personas con condenas que están en comisarías, es decir alojadas durante meses o años en un espacio pensado para que esa persona esté algunas pocas horas. Son personas que están sin contacto con la luz solar, lo que afecta psicológicamente que incluso puede provocar enfermedades en la piel, con derechos vulnerados al trabajo, a la salud, a la educación, donde las visitas de sus seres queridos se realizan en condiciones sumamente precarias, durmiendo en el piso con un colchón. Eso también es una violencia institucional y es consecuencia de un discurso punitivista que deshumaniza al otro, y si se quiere sumo otro aspecto muy presente en estos discursos deshumanizantes que es la aporofobia, o sea la discriminación, estigmatización y el odio hacia las personas en situación de pobreza. Posiblemente muchos de los que lean el portal de ustedes habrán encontrado comentarios en sus redes donde se estigmatiza o se denuncia a una persona que está caminando por la calle tal vez revisando un tacho de basura. Entonces hay un discurso que estigmatiza y denuncia a la persona que está en situación de pobreza asociándolo a la violencia o al delito, y ese discurso es el que muchas veces termina legitimando detenciones arbitrarias o constantes hostigamientos policiales. Hay una violencia institucional que se legitima por determinados discursos punitivistas, violentos y aporofóbicos presentes en algunos sectores de la sociedad.

-Tengamos en cuenta también que uno de los modelos que tiene la gestión de Milei en materia de seguridad o de política penitenciaria es el gobierno de Nayib Bukele…

-Sí, tal cual. Pero lo que no hay que perder de vista es que ese modelo lo que hace a mediano plazo es profundizar la violencia, porque si se instala el discurso de que se debe pudrir en la cárcel una persona privada de su libertad, que entra porque tiene problemas de consumo problemático y no tiene un dispositivo dentro de su encierro para trabajar sobre ese problema, probablemente lo que pase cuando recupere su libertad es seguir teniendo ese problema o incluso acrecentado. Por ejemplo en Neuquén hay un solo psiquiatra que tiene que dar cobertura a un montón de personas privadas de su libertad. Lo que detectamos desde el Comité es que hay personas que están sobremedicadas y no tienen continuidad de esos tratamientos. Entonces esa lógica de que se pudran en la cárcel, lejos de resolver los problemas, los complejiza aún más. Podríamos pensar también en el derecho vulnerado históricamente en nuestra provincia que es el derecho al trabajo de las personas privadas de su libertad, y lo que establece la ley 24660 es que esas personas tienen que tener derecho al trabajo porque de esa forma aprenden un oficio y se vinculan con el mundo productivo. La ley también establece que deberían tener un fondo de reserva que se acumule para que tengan algo de dinero cuando recuperen la libertad, y todo eso no ocurre. Por eso cuando se vulneran los derechos se complejizan las violencias, y cuando se garantizan los derechos se contribuye a reducirlas.

-¿Cómo ha visto la actitud de los medios de comunicación o de un sector del periodismo en el tratamiento del femicido de Agostina en Córdoba?

-No he hecho un estudio detallado, sólo vi algunos recortes, por lo que no me atrevería a hablar puntualmente de este caso. Lo que sí, como muchas veces ocurre, es que se banaliza la violencia. Hay en los medios una pedagogía mediática de la crueldad, donde hay una revictimización en la que se le carga a la víctima la responsabilidad del hecho de violencia que ocurrió. Aparecen preguntas sobre cómo estaba vestida o cuál eran sus consumos culturales o sus vínculos familiares. Muchas veces se termina cargando en la víctima la responsabilidad del hecho y se corre el foco de los problemas estructurales que tenemos en esta cultura patriarcal y machista. Si analizamos las relaciones de poder vamos a encontrar que la mayoría de los espacios de poder la ocupan los varones y cómo, recurrentemente, la mujer es expuesta en las plataformas digitales pero también en los medios de comunicación en un lugar de objeto. Esa cosificación de la mujer es muchas veces la que termina legitimando esa violencia.

-El gobierno intenta eliminar del Código Penal la figura del femicidio con el argumento de que todos los homicidios, de hombres o de mujeres, son iguales. ¿Cómo lo analizas?

-Cuando pensamos en la violencia de género, decimos que es una violencia particular. Es verdad que hay más homicidios que femicidios, pero las muertes de varones son a manos de otros varones. La particularidad que tiene la violencia de género es que es una violencia que la ejerce un varón porque inconscientemente o culturalmente entiende que esa mujer es de su propiedad, o es un objeto. Y esa violencia se inscribe en el marco de esta cultura machista y patriarcal y en todas las relaciones de poder que están presentes en una sociedad donde hay desigualdad. Es lo que decíamos, que la mayoría de los espacios de poder están ocupados por hombres. Entonces hay que interpretar que la particularidad que tiene la violencia de género tiene que ver con esto. Recomiendo seguir a Rita Segato porque plantea que buena parte de la violencia masculina tiene que ver con tratar de demostrar cosas a otros varones. Por eso es importante que los varones nos involucremos y nos cuestionemos, porque las desigualdades y la violencia de género atraviesan a la mayoría de los espacios de la sociedad. Tenemos un montón para hacer no solo en las violencias más extremas como lo son los femicidios y los abusos, sino en todo lo que está por debajo, como los micromachismos en los chistes misóginos, o los comentarios que compartimos en nuestros grupos de Whatsapp de varones, en cuestionar los espacios de poder cuando tendemos a ocuparlos los varones, o en las situaciones de acoso callejero que seguramente todos, en algún momento, hemos participado o por lo menos no hemos cuestionado. Es una cultura que tiende a subordinar a las mujeres donde los varones tenemos muchísimo que hacer y donde se inscribe la particularidad de esta violencia, que es la subordinación de la mujer. Por eso es distinta a la violencia que sufren y se ejercen entre varones.

-¿Cómo abordas desde el libro Pantalla Cruel, como bien lo menciona el título, la crueldad de las pantallas?

-El libro se propone en pequeños textos, porque es una recopilación de artículos, ir problematizando discursos que están en los medios de comunicación dominantes, como por ejemplo cuando se estigmatizan a las personas en situación de pobreza o los limpiavidrios a los que se los asocia permanentemente a la violencia o al delito, pero que en ningún medio aparece un limpiavidrios hablando de lo que le pasa, de cuál es su realidad. Nunca aparece en primera persona. Es decir cómo de los medios se van naturalizando determinadas miradas y cómo determinados sectores son invisibilizados. Y por otro lado, otro eje que toca el libro, es el de las mal llamadas redes sociales, las plataformas digitales, donde tienen un modelo de negocio que busca que la mayor cantidad de personas posibles estén durante la mayor cantidad de tiempo posible conectados a esas redes para ir sacándonos nuestros perfiles y así poder incidir en nuestras conductas y vendernos determinados productos. Y eso está estudiado que genera un montón de consecuencias, particularmente en niños, niñas y adolescentes. Va generando problemas de concentración, un efecto sobre su autoestima. Y de hecho hay un libro que yo recomiendo mucho, llamado La Generación Ansiosa, que plantea cómo desde el 2010, en que aparecieron el Smarphone y las principales redes hasta la actualidad, aumentaron las tasas de suicidio, de autolesiones y problemas de salud mental en niños, niñas y adolescentes. Entonces creo que buena parte de las violencias presentes en la sociedad tenemos que pensarlas ancladas en estas formas de comunicación que generan estas plataformas digitales donde muchas veces se construyen discursos que por el filtro burbuja se nos hacen invisibles, los que van en algún punto banalizando la violencia, legitimando la crueldad, inferiorizando a algunos sectores sociales, estigmatizándolos, con discursos racistas o misóginos que se van reproduciendo en esas burbujas comunicacionales. Y, como decía, se nos hacen invisibles porque seguramente las audiencias de Va Con Firma, si entran a sus perfiles, todos los discursos que entendemos saber hablan de derechos humanos, de diversidad, del campo popular. Esos otros discursos que circulan tienden a hacérsenos invisibles en esas redes que son adictivas. Por eso la propuesta es poder poner una pausa y tener una mirada crítica para construir y fortalecer las verdaderas redes sociales que tienen que ver con los espacios de encuentro.

-…Pero esto se complejiza si hay un Estado que se ha retirado de todo tipo de control de estos contenidos y hasta los promueve…

-Totalmente, porque en realidad hay otros estados, como Brasil, que sacó una ley meses atrás que planteaba que el algoritmo tenía que repensarse, y les imponía a las plataformas que, por ejemplo, el lector infinito de videos no podía realizarse, que la activación automática de videos tampoco; que el sistema de notificaciones tenía que ser revisado. Es decir que hay una lógica adictiva en estas plataformas y hay un Estado, en nuestro país, totalmente ausente y, como bien decís, se corre de reglamentar porque esa forma violenta de comunicarse es superficial y funcional a estas formas de gobierno. No es casual que emergentes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Milei hayan surgido de la mano de la hegemonía de esa forma de comunicarse porque ese discurso de derecha, apelando a la indignación, se expresa en pocos caracteres. Es una chicana o una provocación que va canalizando eso y otro tipo de argumentación tiene más complejidad. Decir que se pudra en la cárcel puede ser un tuit. Explicar que hay que construir una seguridad democrática implica más desarrollo. Entonces hay una funcionalidad, en estas derechas crueles que ocupan posiciones dominantes en determinados países, con estas plataformas digitales que invitan a comunicarse de tal o cual manera.

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]