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Entrevistas
15/03/2026

Ruth Zurbriggen

“Unir las luchas contra las derechas y Milei, es la tarea”

“Unir las luchas contra las derechas y Milei, es la tarea” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Al cumplirse 25 años de la creación de La Revuelta su máxima referente hace un balance sobre la actividad desplegada por la colectiva feminista, nacida en plena crisis del 2001. Los desafíos que plantea la ofensiva de la ultraderecha mileísta.

Marcelo Castro

La referente nacional del colectivo feminista La Revuelta, que el 13 de marzo cumplió 25 años desde su aparición con el inicio de la campaña por el aborto legal y seguro, hizo un repaso de las acciones que el movimiento llevó adelante en la provincia y en red con otras organizaciones del país y de América Latina.

En diálogo con Va Con Firma, Zurbriggen recordó el comienzo de La Revuelta en plena crisis económica del 2001 que terminó con el estallido social y la salida en helicóptero del presidente Fernando de la Rúa. En ese contexto, puso de relieve la participación de sindicatos como ATEN, ATE, ADUNC o SEJUN para la apertura del debate sobre el feminismo.

También ponderó el nivel de participación que tuvo la marcha del 8 de marzo por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Neuquén y, en particular, la cantidad de adolescentes que se encolumnaron detrás de la consigna “Unir las luchas contra Milei es la tarea”.

-¿Podes recordar cómo fue la primera aparición pública de La Revuelta en 2001?

-Me acuerdo muy bien porque muchas veces decimos que esa primera acción pública marcó una forma de hacer política de La Revuelta. Por un lado el 8 de marzo de 2001 hicimos una actividad en el Aula Magna de la UNCo a la que invitamos a Mabel Bellucci. Se llamó “Presente y Pasado del Feminismo”; en ese momento nombrábamos al feminismo en singular. Pero lo que buscábamos allí era conversar sobre los aportes que (desde) el feminismo hacíamos a la cultura, a la política, a la vida, a la manera de pensar la historia. A Mabel no la conocíamos personalmente, leíamos algunas de sus producciones, en ese momento estaba a empezando a ser parte del área de estudios Queer del Instituto Gino Germani. Le escribimos y enseguida nos respondió que venía y entablamos una amistad política muy larga. Esa fue una de las actividades y por la tarde nos convocamos a marchar con una Multisectorial de Mujeres –así se llamaba- que estaba organizada por compañeras que estábamos en algunos sindicatos y nosotras que nos planteábamos como colectiva feminista. Pero en esa pertenencia los sindicatos, como ADUNC o ATEN, SEJUN, ATE, tenían espacios que se llamaban “De Igualdad de Oportunidades”. Recuerdo que en la secretaría de SEJUN estaba Paula Sánchez. Durante las semanas previas al 8 de marzo hubo una convocatoria y armamos una marcha a la que La Revuelta fue con la consigna vinculada al aborto legal, también marcando una línea de intervención que nos iba a ocupar durante mucho tiempo, y que aún hoy nos sigue ocupando en términos de reclamo. Las líneas de acción tienen que ver con la formación y el debate político, el rescate de los conocimientos y saberes que en general la academia androcéntrica dejó de lado, y la acción callejera como parte de nuestros pilares. Ese primer 8 en que organizamos acciones, anticipaba un modo de hacer política.

-¿Cómo fue organizar un movimiento feminista en un año de profunda crisis económica que terminó con un estallido social?

-Creo que en parte La Revuelta es deudora de ese proceso, en el sentido que en ese tiempo que termina con un estallido que echa a un presidente, había una ebullición en términos del desastre económicos que estábamos viviendo, en términos de no se aguanta más, recordemos la cantidad enorme de personas sin trabajo y todo lo que eso produjo en términos organizativos, porque también empezó a haber una organización menos ortodoxa a la que teníamos como podían ser los sindicatos o los partidos políticos, que fue un proceso de organización de movimientos sociales muy fuerte y ahí, en Argentina, podríamos pensar que los feminismos también nos organizamos en más ciudades. Por allí el feminismo estaba concentrado en Capital Federal, en las grandes ciudades, y quizá también más concentrado en términos de ONGs. Pero 2001 fue un proceso en el que participar de ese desarrollo asambleario que hubo muy fuerte en algunas ciudades, permitió que lo que podríamos llamar la agenda feminista ingresara al debate en las asambleas. Por un lado salir a buscar trabajo, estar desocupada o cortar una ruta no es lo mismo para una mujer que para un varón en términos de los cuidados, porque en ese momento no se hablaba como se ha instalado la discusión de los cuidados en estos últimos años. Entonces los temas de salud sexual y reproductiva también intervenían porque no es lo mismo quedarse a cortar la ruta toda una noche si sos una mujer que, además, en esos días está menstruando. ¿Qué necesidades particulares hay a partir de la corporalidad?, mucho menos si sufre situaciones de violencia en la casa; más la violencia sexista que había que interpelar en los propios procesos asamblearios, porque en la cultura política la masculinidad arraiga y se despliega con toda su fuerza. Acá en Neuquén el proceso asambleario fue otro, distinto, también por una historia de Neuquén del contexto y el rol que los sindicatos tuvieron en la provincia. Sin embargo también hubo discusiones que pudimos instalar en algunas reuniones más o menos amplias que se hacían vinculadas a esta relación en los temas que queríamos instalar. Fue un momento duro porque plantarnos como feministas en ese momento no tenía a impronta que tiene hoy, donde hay niñas de 10 años que se reconocen feministas, pero ahí han pasado, además de años, luchas que generaron la posibilidad de tener más a la mano otros discursos para explicarse el mundo y otras prácticas, y madres y abuelas que se asumen feministas. Todo un acervo que no teníamos tan expandido otras generaciones, donde los feminismos no eran vistos como sectores que podíamos argumentar sobre los problemas del mundo y traer soluciones o por lo menos programas que nos parecen que pueden ser de salida. Eso no era ni escuchado ni autorizado. Nos fuimos autorizando a partir de prácticas, de sostener, de obstinaciones y persistencias. Muchas veces cuento que cuando empezamos a armar La Revuelta, que éramos tres que nos parábamos en una esquina con un micrófono para decir cosas y hacer performances, perdimos muchos amigos y amigas, personas que empezaron a considerar que nos volvimos insoportables, porque el feminismo es traer discusiones que resuenan como insoportables. Hoy cuestionar un chiste sexista está mucho más habilitado que hace 25 años. Los espacios en las universidades, por ejemplo, eran seminarios Ad Hoc. Quienes queríamos estudiar temas vinculados a los feminismos debíamos hacerlo por afuera, era una exigencia extra. Hoy no solamente hay cátedras con feminismos como uno de las líneas de análisis, sino que además hay tesistas que estudian mucho más sobre el campo de los feminismos, hay directoras de tesis feministas en todo el país. Eso hace que se genere un movimiento que hace crujir muchas estructuras. En aquel momento utilizábamos la sede de ATEN, y el Nano Balbo, que conducía la provincial, nos decía: “nosotros no es que estemos siendo menos machistas, nos cuidamos porque ustedes vienen acá y nos marcan cosas todo el tiempo”. Con algunos dirigentes no podíamos ni hablar, era imposible el diálogo porque nos veían como las herejes. Pasaron muchas cosas en estos 25 años, por supuesto que nuestra actuación nunca fue en soledad, siempre en red con otras organizaciones feministas del país, pero además, tratando de articular en esta provincia en particular que es el territorio que habitamos y en el que desarrollamos prácticas. Hay un historiador que en libro que escribió la periodista Mónica Reynoso por nuestros diez años de existencia, hace un trabajo de análisis de los escraches que La Revuelta organizó después del fusilamiento del maestro Carlos Fuentealba, que fueron 54 escraches durante esos días de huelga. Él analiza la impronta de esos escraches y se pregunta ¿La Revuelta sería lo mismo fuera de este territorio?, es decir, qué cosas hacen del territorio en el que activamos que nos van empujando a ciertas posibilidades y qué cosas hacemos que hacen que la cultura política vaya cambiando. Ahí hay una relación que pensar, sobre cómo nuestro territorio mapuche nos fue haciendo lo que somos, más allá de lo que nosotras quisimos provocar.

-El movimiento feminista de Argentina, ¿tiene algún correlato en otros países de América Latina, teniendo en cuenta los logros obtenidos como el matrimonio igualitario, la ley de aborto legal, la ley de identidad de género o la Educación Sexual Integral?

-Yo creo que sí, que hay muchísimas relaciones que se van dando en prácticas y en proyecciones políticas, en horizontes. Hay una innumerable cantidad de redes en las que estamos que nos van potenciando, porque hay un hacer dentro de los feminismos que es intervenir a partir de la acción directa en lo que podemos dentro de los problemas que tenemos en el mundo, pero a la vez reconocer que hay cuestiones que no alcanzamos a meternos del todo porque no nos da la vida. Pero que, sin embargo, esas acciones de otras nos empujan y nos colaboran. Quiero decir que, lo más importante son los efectos que tuvo el llamado proceso de la Marea Verde de Argentina. Los efectos que tuvo en América Latina fueron numerosísimos. El impacto que tuvo, el impacto organizativo, cada vez que compañeras de países de América Latina y el Caribe hablan con compañeras argentinas nos dicen: “ustedes las argentinas nos ayudaron a pensar”; cada vez que ven el retroceso que hay acá, el desastre que está haciendo Milei todos los días, nos escriben, nos hablan, nos preguntan. Hay una referencia del movimiento de Argentina, que para mí tiene una particularidad que no lo veo en muchos otros lugares ni de América Latina ni del mundo que es la capilaridad. Los movimientos feministas en Argentina sabíamos, y sabemos, que nos interesa la política feminista para todos lados, o sea hacer como una especie de diáspora, que en todos lados se crucen las acciones del movimiento que sea, con política feminista. A nosotras y a muchos otros sectores del feminismo no nos interesa la cosa del gueto, por eso somos tan críticas de lo que está pasando en algunos espacios políticos en este momento que se retiraron a pensar la política desde un lugar tremendamente masculinista y que casi nos acusan, a los feminismos, de habernos pasado 3 pueblos Y en ese sentido se ligan con lo que dice el gobierno, no son tan burdos, pero un poco el gobierno nos responsabiliza de todos los males que sufre este país. Hace poquito nos responsabiliza de la inflación que hubo en esta país en 2023 y durante varios años, y esa acusación es mucho más burda, pero por otros lados, que en su momento que había muchos más diálogos y más aperturas pensar con los feminismos, también se han retrotraído porque pareciera que la época les empuja a esas prácticas de mayor control masculino.

Vuelvo a lo de las redes de América Latina. En particular la Revuelta es parte de una Red de Acompañantes de Abortos de América Latina y el Caribe. En esa Red estamos 25 organizaciones de 18 países en los que el aborto tiene distinto nivel de legalidad o está completamente restringido como puede ser Nicaragua, El Salvador y claro, las redes que hay en esos países son completamente distintas a las redes que, por ejemplo, armamos en Argentina que siempre fueron públicas porque no había persecución. Esos procesos diferentes a nosotras nos han enseñado un montón, cómo prensar el acceso al aborto, al aborto autogestionado, al aborto con medicamentos, las relaciones con el sistema de salud en países donde hay extrema criminalización y en países donde tenemos leyes un poco más liberadoras en términos de reconocimiento del derecho. Esa Red es muy importante porque está basada en procesos de acción directa, pero también de mucha reflexión sobre lo que vamos haciendo.

-¿Cómo se definen los lineamientos políticos dentro del colectivo donde deben confluir diferentes posturas políticas?

-En La Revuelta no hay ninguna compañera que milite en un partido político, eso no quiere decir que no haya compañeras que vengamos de distintas extracciones políticas por decirlo de alguna manera. Diría que estamos ubicadas dentro del campo de las izquierdas no organizadas. Hay algunas compañeras que han militado en el peronismo y que hace algunos años han dejado de pertenecer a ese partido. Lo que quiero decir es que nunca una persona que apoye a Macri, en su momento, podría haber estado en la Revuelta, y si quería entrar, porque somos bastantes flexibles en términos de cómo ingresar a La Revuelta, va ingresando y si se encuentra, se queda; va encontrando un espacio que potencie sus cualidades o capacidades individuales y se quiere quedar y eso le atrae y se convierte en un refugio, se queda. Pero si comienza a tener diferencias políticas, seguro se va a ir. Nunca nadie que dijera que el gobierno de Macri fue bueno, estuvo en la Revuelta ni intentó estar, y mucho menos quien ahora apoye al gobierno libertario. A veces hemos tenido discusiones, por ejemplo, por el gremio docente. Vamos a suponer que se presenta la lista del TEP. Hemos tenido conversaciones políticas por diferencias políticas, pero esas diferencias políticas con el TEP siempre nos llevaron a la conclusión de que hay que votar a esa conducción, decirlo más o menos públicamente. En algún momento llamamos a votar al TEP y nos hicimos cargo de eso, justo cuando gano el macrismo, y yo fui parte de la lista del TEP. Otra compañera nuestra también en ATEN Capital, fue parte de la conducción con Ariel Pino. La política nos interesa pensarla siempre en contexto y tratamos, eso no quiere decir que siempre nos salga, de no ser dogmáticas en nuestros análisis y cuando tenemos que cerrar la puerta y decir por acá no va más, es por acá no va más y bueno, nos corremos o no va más por un tiempo. ¿Cómo definimos algunas líneas políticas? Siempre tenemos una reunión mensual donde tratamos de que sean reuniones donde estudiemos sobre algún tema que nos esté preocupando en ese mes y definimos acciones que sean de todas las personas que formamos parte de La Revuelta. Eso no nos hace dejar de reconocer que hay relaciones de poder hacia dentro de la colectiva, el punto es reconocerlas, y cuando digo relaciones de poder digo hay situaciones que están marcadas por desigualdades. Tenemos compañeras que son estudiantes de una carrera universitaria y que trabajan en condiciones tremendamente precarizadas; la disponibilidad de horas que tienen para dedicarle a La Revuelta, es completamente distinta a la disponibilidad que tengo yo que hace unos años que estoy jubilada en la Provincia de Neuquén que recibo una jubilación que me permite vivir. Esas cosas están siempre en la conversación, también lo que esperamos de la una y de la otra, las autorizaciones, porque también hay reconocimiento de las compañeras, la compañera que tiene 3 años en La Revuelta que tiene menos tiempo en La Revuelta nosotras trabajamos fuertemente para que se reconozca la historia que hay. No es que yo llego a un espacio y el espacio empieza porque yo llegue. Vos ingresas a un espacio que viene siendo esto y que no quiere decir que ese espacio no se vaya a modificar con tu ingreso, pero hay líneas de trabajo. El activismo callejero no lo vamos abandonar y si alguien viene y dice La Revuelta tiene que dejar de hacer activismo callejero, seguramente se va a tener que ir, porque algo que es consustancial a nosotras.

-¿Cómo viste la última marcha del 8m?

-Fue muy energizante y me resultó muy conmovedora también; sabíamos, por los días previos, que iba a ser una marcha con bastante participación, pero debo decir que a nivel nacional incluso nos sorprendió la enorme participación de jóvenes, te diría adolescente y jóvenes de menos de 30 años. Cuando nos pasábamos comentarios con compañeras de distintas provincias coincidíamos en la participación de muchas pibas del secundario. Creo que por un lado volvimos a mostrar la vitalidad de la convocatoria de los feminismos, la vitalidad que también es la organización, porque trabajamos mucho para que la marcha sucediera y nos organizamos para eso, pero también esta cuestión de la que se siente convocada y viene con su cartelito y no importa cuál es la bandera de arrastre y la consigna central que este año fue “Unir las luchas contra las derechas y Milei, es la tarea”. Esa fue la consigna en todo el país con distintas formulaciones pero era por ahí. En Buenos Aires fue unir las luchas contra los saqueos. También me parece que la marcha de este año, buscó unir demandas, necesidades, pensar en los territorios y en las denuncias contra los extractivismos, la quema de los bosques, el salario que no alcanza, el acceso a la salud y en particular a la salud reproductiva, las personas con discapacidad y las necesidades y las exigencias que están haciendo al gobierno. Creo que hubo un interés fuerte por seguir como entramándonos con reclamos y mostrar que los feminismos, que creo que a veces queda atrapado ahí la idea de los feminismos, que es que solo nos interesan los cuerpos de las mujeres en términos casi estáticos, la violencia que es un problemón por supuesto. Que la violencia contra las mujeres y las disidencias hay que poder engarzarlas en estructuras más amplias de poder y de opresión porque si no nos quedamos con un análisis con poco horizonte.

-Según estadísticas oficiales, en el 2025 Neuquén ocupó el tercer lugar en el ranking de femicidios del país con siete. ¿Qué te dice esa cifra?

-Me dice que la política pública que se desarrolla y que a veces se anuncia con mucho bombo y platillo desde estamentos del poder, no hacen los efectos que pareciera van a traer con todos esos anuncios. Yo creo que también en la provincia de Neuquén tenemos que cruzar la violencias que existen con el desarrollo de una masculinidad particular, como influenciada por todo lo que significa el extractivismo, el fracking, la industria petrolera que exacerban ciertos modos de masculinidad y también las desigualdades como las económicas que son cada día más amplias. La brecha es enorme y eso hace que las personas de tengan muchas más dificultades para salir de los laberintos de las violencias. Por otro lado ha habido un abandono en relaciona a los apoyos económicos sostenidos para las personas que necesitan irse de los hogares donde están los violentos. Lo otro que pasa es que me parece que todavía se sigue con una política que no pone el ojo fundamentalmente en quienes son denunciados, sino que terminan definiendo medidas, tanto las del Poder Judicial o las cautelares, siempre sobre las personas que denuncian. Entonces la persona denunciada, en general los varones, siguen con sus vidas andando libremente, mientras las mujeres tienen las custodias policiales. Hay que dar vuelta ese paradigma porque me parece que es sobre ellos los que hay que actuar y a los que hay que controlarlos. Me parece que esos son algunos de los problemas que tenemos. También hay toda una discusión, que siempre la traemos y la queremos seguir trayendo, vinculadas a las políticas y a los presupuestos destinados a Educación Sexual Integral, en una provincia donde se habilita una discusión en la legislatura, con buenos ojos, acerca de la educación emocional que es justamente un proyecto que va contra la ESI. Ahí tenemos problemas particulares a los que atender y que puede profundizarse. Yo digo que si no hay políticas mucho más ofensivas, los números no van a bajar. Es más, van ampliarse porque cuando la impunidad es parte de la cultura es más fácil seguir ejerciendo la violencia para los varones que la ejercen.

29/07/2016

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