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Entrevistas
13/11/2022

Juan Manuel Abal Medina

“Rescatar el regreso de Perón es rescatar la política”

“Rescatar el regreso de Perón es rescatar la política” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Uno de los protagonistas del histórico regreso de líder justicialista a la Argentina tras 17 años de exilio, revela aspectos desconocidos de aquella epopeya. Con motivo de la aparición de su libro “Conocer a Perón”, el ex secretario general del Movimiento Peronista, habla del papel que desempeñaron Cámpora, Rucci y Galimberti. De cara al futuro, pone de relieve la importancia de la política.

Héctor Mauriño

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Juan Manuel Abal Medina está convencido del valor que tiene la política para transformar la realidad. “Rescatar aquella epopeya es un rescate de la política”, dice en relación al regreso de Perón a la Argentina el 17 de noviembre de 1972, un regreso que en medio de la dictadura de Alejandro Lanusse muchos creían imposible, tanto como que se fueran a realizar elecciones y el peronismo volviera al poder.

¿Por qué no, qué puede pasar? ¿Qué pueden hacer, qué más puede hacer ya el Ejército gorila? Son algunas de las preguntas que los artífices del regreso se plantearon entonces. La respuesta, dice Abal, fue “tomar la decisión política”. La misma receta que recomienda para resolver las dificultades actuales de la Argentina.

En esta entrevista con Va Con Firma, Abal pasó revista al contenido de “Conocer a Perón”, su flamante libro de memorias. Describió la figura inigualable de Perón y los papeles desempeñados en aquella gesta por el entonces delegado del general, Héctor Cámpora, el líder de la CGT, José Ignacio Rucci y el secretario de la Juventud, Rodolfo Galimberti, uno de los principales artífices de la creación de la Tendencia Revolucionaria del Peronismo.

-¿Qué razones lo llevaron a hacer ahora estas memorias suyas y por qué no antes?

-Hace muchos años que tenía esta intención, porque creo que los que hemos vivido situaciones de la historia política argentina tenemos cierta obligación de contarlas. Porque de eso depende que las generaciones futuras tengan un conocimiento más completo del país, que siempre es positivo para ver. Ver lo que conviene, lo que no conviene, de qué manera y hacia dónde va la Argentina. Así que creo que tenemos ese compromiso. En este caso concreto, esa idea se fue postergando, y se me hizo presente con fuerza nuevamente cuando tuve una situación de salud muy delicada, de la cual no había salido, y la verdad es que pensé que podía ser muy corto lo que me quedara de tiempo... Esto fue hace dos años, y decidí, a pesar de la pandemia y el aislamiento, hacer el libro. Hubo rápidamente algunas editoriales interesadas, y comencé a trabajar algo con ellas, pero no me gustaba lo que salía. Entonces, muy apoyado por mis hijos, a la distancia lógicamente porque no podíamos tener mayor contacto, me encerré prácticamente durante tres meses y escribí de una vez todos los recuerdos. Algunos recuerdos familiares iniciales de la vida de mi hermano Fernando y mía, luego lo que yo conocí de la actuación de Fernando, y lo que fue mi actuación en relación con el peronismo y con el general Perón. Y cierro el libro con la muerte del general.

-Se ha escrito mucho sobre esa época, pero el libro viene a traer algo novedoso: que el regreso de Perón a la Argentina después de 17 años de exilio termina bien. ¿A 50 años de esa epopeya, fue eso lo que lo impulsó a rescatarla?

-Fue eso, sin duda. La moral de derrota que de repente impregna los sectores populares, yo creo que es porque hay una crisis de la política a nivel global. Creo que el neoliberalismo ha transformado al mundo para peor. Y creo que rescatar aquella epopeya es un rescate de la política. Por un lado es el rescate de esa figura gigantesca de la historia argentina que fue el general Perón. Por otro lado, es el rescate de varias generaciones, pero en mi caso centralmente de una, que tuvo un protagonismo importante. También resaltar los valores que no hace tanto, porque en definitiva muchos estamos vivos todavía, nos animaban a todos, y son tan contrarios a los valores crematísticos que hoy pueblan de manera habitual la política, y son tan vapuleados.

-En general, las historias que se han escrito sobre esa época exaltan las diferencias que vinieron después en el seno del movimiento peronista. ¿Usted cree que aquel enfrentamiento se podría haber evitado?

-Yo creo que se pudo haber evitado. Si la terquedad de los sectores del Ejército, del Ejército traidor, mitrista, liberal, no hubieran demorado por tanto tiempo el regreso del general, si hubiéramos contado con el general en buenas condiciones, o si el general hubiera conseguido superar algunas contradicciones que luego se hicieron insalvables, o lo mismo si el general no hubiera tenido ya la salud tan quebrantada y hubiera vivido al menos un par de años más, yo creo que el proceso argentino pudo ser muy distinto. El gran problema fue lo tarde que se dio el regreso, y en qué condiciones llegó finalmente el general al país. Esa gran victoria del peronismo, un hecho único en la historia latinoamericana y no sé si mundial, de un líder de esas características que después de ser execrado, de ser difamado, de ser intentado borrar de la historia con esa saña con que procedió el gorilaje en Argentina, vuelve y hace permanente y definitiva la identidad política de las grandes mayorías populares como peronistas. Es toda una definición, que hace que la Argentina sea un país mucho mejor de lo que sería si no hubiera tenido esa definición.

-El libro es también un homenaje a su hermano, Fernando Abal Medina, fundador de Montoneros. Usted lo define como nacionalista, católico, peronista. ¿Podría haber sido otra la historia de Montoneros si Fernando no hubiera muerto en 1970?

-Es muy difícil pensarlo. Fernando no era marxista, y era imposible que se hiciera marxista, por su formación, por lo que pensaba del mundo, del hombre. Pero es muy difícil pensar qué hubiera podido suceder. Desgraciadamente quedan a cargo de ese proceso personas que se incorporan desde muy afuera del movimiento nacional, que habían sido muy antiperonistas, Y eso, sumado a la edad del general, genera esa situación desgraciada que quizás pudo haberse evitado. La verdad, es muy difícil pensar que Fernando pudo haber llegado vivo. Es duro pensar esto, pero por su forma de ser, por su forma de tomar el compromiso, a fondo, tanto Fernando como Emilio Maza, aunque no hubieran caído en ese momento, hubieran caído poco después. Porque Fernando jamás mandó a alguien a hacer algo por ejemplo, siempre fue él (a hacerlo). Él al frente. Esto no lo supe en aquel entonces por supuesto sino después, por Norma (Arrostito), por Carlitos Capuano (Martínez) y demás compañeros. Con ese tipo humano no iban a llegar vivos.

-En el libro rescata además a figuras que tuvieron un rol protagónico en el regreso y el triunfo en las elecciones del 11 de marzo. Héctor Cámpora, José Ignacio Rucci, Rodolfo Galimberti. Este último terminó contradiciendo su propia historia. ¿Era otro Galimberti el primero, el que participó del regreso del peronismo al poder?

-No, no. Era Galimberti, qué sé yo. No somos todo blanco o todo negro en nuestras vidas. Yo puedo hablar del Galimberti que conocí, y que fue muy importante. El general me decía, en el escenario del enfrentamiento a finales de aquel año ‘72, que él tenía un bando con un privilegio, que era tener no dos sino tres alfiles. Esto le gustaba decirlo al general, que no era un jugador de ajedrez. No es que no la gustara el juego, tenía alguna idea y alguna vez dijo que jugaba pero nunca vi un tablero de ajedrez en su casa. Pero bueno: él decía que tenía tres alfiles, y los alfiles eran (Héctor) Cámpora, en todo lo político, en el sentido del manejo con los otros partidos, con La Hora del Pueblo, etcétera. Otro era (José Ignacio) Rucci, en lo sindical, sin por eso desmerecer a Lorenzo (Miguel). Pero Rucci por su forma de ser, por sus características de liderazgo y por ser el secretario general de la CGT, y con el poder de Lorenzo y la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) detrás, era el alfil en lo sindical. Y Rodolfo Galimberti era el alfil en la nueva movilización juvenil, que supo encabezar de una manera notable, con el grupo que en aquel entonces formaban JAEN (Juventudes Argentinas para la Emancipación Nacional) y eran muchos, estaban también gente de la “orga” y demás, pero el que encabezó y el que dirigió la epopeya en ese frente fue Rodolfo Galimberti. Lo que después haya sido de su vida y demás, nolo sé.

-Coincidiremos en que Ezeiza fue un antes y un después en el enfrentamiento interno del movimiento peronista. Usted identifica claramente en el libro la responsabilidad de López Rega y del coronel (Jorge) Osinde, al referir una reunión de gabinete en la que se analizaron aquellos desgraciados acontecimientos.

-Exacto. Yo creo que sucedieron distintas cosas, Ezeiza son varias cosas superpuestas. Haber llegado a Ezeiza era responsabilidad de muchos, porque precisamente, con el mismo Galimberti intentamos convencer al presidente de entonces, al doctor Cámpora, de que eraun absurdo hacerlo así y de que eso terminaba necesariamente en un enfrentamiento. Eso iba a terminar necesariamente mal. Porque era un absurdo que con un gobierno nuestro, con un gobierno peronista, tuviéramos un ministro del Interior dedicado a retar a la Policía en lugar de usar a la Policía. El “Bebe” (Esteban) Righi (ministro del Interior del presidente Cámpora) fue mi amigo, tengo respeto personal por él sin dudas, pero realmente fue una calamidad como ministro del Interior. Y el doctor Cámpora como presidente… por eso yo no creo cuando hablan de la “primavera camporista”. Teníamos el país con más de 200 lugares públicos ocupados más otros 200 lugares privados, y esto parecía normal. En lugar de hacer ordenadamente los temas comprometidos de amnistía, etcétera, fueron las cosas tumultuosas que se produjeron. Las mismas escenas del 25 de mayo(25 de mayo de 1973, día de la asunción del gobierno peronista luego de 17 años de proscripción), ese día hubo muertos en Plaza de Mayo. Toda esa falta de sentido del poder, de uso del poder, nada menos que el peronismo. Lo que pasa es que no gobernaba Perón, sino que gobernaba una cierta progresía que lógicamente se da de patadas con el peronismo. Esa fue una cosa artificial. El acto (de Ezeiza) nunca debió haberse hecho donde se hizo, nunca debió haberse hecho sin la actuación policial, sin el control. La seguridad tenía que serpolicial y, si no alcanzaba, militar. ¿Cuál era el problema? Si todo el gobierno era de nosotros. No entender esto era tan poco peronista que no se puede creer. En las circunstancias en que se realizó todo, no podía no producirse el enfrentamiento. Hasta ahí es un aspecto, luego vienenlas responsabilidades directas, que Osinde monta con (José) López Rega. Porque, a ver: Cámpora no se anima a contradecir supuestas instrucciones de Perón, que sabíamos que no eran de Perón, que venían de López Rega con Osinde. Que hablan de hacer hacer el acto allí y de poner la vigilancia de ellos. Estas no son cosas que cuento yo solo ¿eh? En un libro de Carlos el “Chango” Funes, que se llama “Perón y la guerra sucia”, se cuenta el tema desde el otro lado, del lado sindical, y la posición inicial de los sindicalistas de que el acto se hiciera con control policial, etcétera, etcétera. Se debió hacer así, y nada de lo que sucedió hubiera sucedido. López Rega con Osinde y el gobierno timorato nos llevaron a eso, y bueno, ahí sí hay responsabilidades morales y políticas graves de lo que montaron esa banda de locos, algunos de los cuales yo los conocía del peor nacionalismo, de los peores sectores marginales del nacionalismo, que creyeron que estaban en la guerra ideológica.

De todas maneras después se monta sobre eso una leyenda de una matanza que no existió. Para dar un solo dato que pongo en mi libro, porque me lo dieron con precisión y lo verifiqué. El famoso compañero de la Juventud supuestamente matado en el palco, ni lo mataron, ni era de la Juventud (Peronista), sino que era de la Juventud Sindical. O sea, todo está contado al revés. Está hiperdramatizado. Y no digo que no fue gravísimo. Fue gravísimo, hubo 12 muertos o 13, por supuesto que fue un episodio gravísimo. El general no pudo hablar ante su pueblo, y en realidad, bueno: aunque hubiera habido un solo muerto ya era algo gravísimo. Habíamos logrado el regreso del general con Ezeiza rodeado de militares y con un gobierno enemigo sin que hubiera un solo lastimado grave. Habíamos logrado algo así, y sin embargo teniendo el gobierno nos pasa todo eso. Fue absolutamente imperdonable. Y para el general fue igualmente un episodio imperdonable. También lo de las ocupaciones masivas. El general me ordenó, y yo le insistí al doctor Cámpora, pero le insistí varias veces ¿eh?, en algunas ocasiones acompañado por Galimberti, y acompañado por Rucci y Lorenzo en varias, y no hubo caso. Me dijo (el general) “no le hagas caso al gobierno, armen las desocupaciones”. Sacamos una solicitada en todos los diarios, con la firma de todo el Movimiento (Nacional Justicialista), es decir salió el Movimiento, y yo salí insólitamente por la cadena de radios, y ahí lo logramos. Esto fue por orden directa del general, que implicaba una desautorización de gobierno.

-El libro cuenta la epopeya del regreso de Perón, que en ese momento era visto por muchos como imposible, como algo que no se podía hacer. ¿Cuál es la lectura para el presente y para el futuro de la Argentina, que atraviesa también en este momento muchas dificultades?

-Tiene que primar la voluntad política. La voluntad política puede cambiar situaciones que parecen imposibles. En el caso del regreso (de Perón) en ese momento dijimos ¿por qué no, qué puede pasar? Dadas estas situaciones y todo el cuadro de fuerzas y demás, dijimos ¿qué pueden hacer, qué más puede hacer ya el Ejército gorila? Que estaba carcomido por dentro ¿no? ¿Qué pueden intentar? Es muy poco lo que pueden intentar. Decidimostomar la decisión, sobre la base de queesun tema de decisión política. Hoy parece todo imposible tener decisión política. Hay que tener decisión política, para lo cual hay que enunciar la política y generar fuerza política en torno de esa idea para poder ejecutar desde el gobierno. Porque hay que revertir estas últimas décadas del país, que son de predominio neto del neoliberalismo. Hubo una mejor época distributiva, pero yo creo que no se tocaron las bases del control de las finanzas sobre la economía, que es un fenómeno mundial y que está en crisis a escala mundial. Hay que tener audacia realmente política, o sea audacia ponderada con la prudencia, para ir adelante con un esquema distinto.

29/07/2016

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