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06/09/2026

“Hoy pinto para sacarme la bronca”

“Hoy pinto para sacarme la bronca” | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Marcia Schvartz, artista única y excepcional, viene realizando desde hace un tiempo unas obras donde satiriza al poder encarnado en los hermanos Milei y el clan Macri, como artífices y exponentes visibles de una realidad que es devastadora para nuestra Nación.

Pepe Mateos

“Veo las noticias y me amargo ¿entendés?”, dice Marcia Schvartz en su estudio ubicado entre los barrios de San Telmo y Barracas. “Me levanto ya con bronca, veo no solamente lo que pasa acá, sino todo lo que pasa en el mundo, entonces pienso cómo canalizar eso desde mi lugar. Es como una respuesta a esa bronca. Alguna herramienta tengo que es mi actividad y entonces dije voy a hacer esto y empecé con uno y después seguí, y ahora voy a hacer a Peter Thiel.”

Marcia tiene un largo recorrido en las artes plásticas desde la década del 70.

En el libro/catálogo de la exhibición que Marcia realizó en la sede Neuquén del Museo de Bellas Artes, Eduardo Stupia dice: “Puede afirmarse sin vacilaciones que Marcia Schwartz es una de las más grandes artistas de la historia de la pintura argentina”.

La obra de Marcia es muy extensa y no se limita a nada, ni a disciplinas ni materiales, puede ser pintura, cerámicas, esculturas, instalaciones, desborda de acuerdo a lo que surge en el momento. Cada fase se despega de la anterior aunque los temas, las obsesiones, las formas, se vuelven a imponer sea cual sea el material utilizado.

Tratando de definir las características de la obra reciente, dice: “Esto que estoy haciendo no son retratos como los que he hecho anteriormente. Hago fotocopias de las caras, no me copa ponerme a pintar la cara de de estos tipos, las pego sobre cartón (cartones que antes se usaron para embalar obra) y le empiezo a agregar lo que me surge, no hay una idea previa ni una elaboración intelectual. Me invento todo lo demás ¿entendés?, todas las asociaciones que hago con respecto a esos personajes.

Hice a Milei ahí en pelotas, con una fotocopia de la cara y lo subí en internet porque es una manera de difundirlo y me ponen: ay que bien que te salió en la cara.

Es el riesgo de las redes, se dicen muchas cosas. Hay gente que me critica porque ve que esta obra no tiene el trabajo y la elaboración que tenían trabajos anteriores.

Pero es porque no es eso, no son mis retratos ni mis pinturas. A esta serie le puse un título: Sátira política. Por ahí se me ocurre otro pero por ahora es esto, una sátira política. Tiene una diferencia de tratamiento con lo que hacía antes. Es una forma de descargar este sentimiento que uno tiene frente a la realidad, una catarsis frente a algo que produce mucha impotencia.

No son pinturas, son collages que hago muy rápidamente. En la instalación de Milei puse un soporte para pelucas y conseguir eso fue lo que más tiempo me llevó de la obra.

No me tomo la molestia de hacer con estos personajes, con todo lo que representan, una pintura más formal, porque primero no se lo merecen, no están a la altura de mis pinturas amadas y después porque no me dan ganas, es una cosa así como tirar la bronca y son como bombas. Con la pintura tengo una relación de amor y esto no, es todo lo contrario. Es ironía y asociar varias cosas que veo dando vueltas. No busco una forma analítica o teórica para justificar lo que hago. Me llevo por imágenes, intuiciones.

Por ejemplo, puse cosas de un libro que había hecho hace años, sobre el Gólem, y esto justo tiene que ver con el Gólem que es una figura del judaísmo, es un monstruo que al final mata al rabino que lo crea y ahí encontré una relación, no me preguntes exactamente cual porque no lo sé. Lo del Gólem me pareció genial porque tiene que ver con algo oscuro del sionismo”.

“La primera de esta serie que hice fue la de Karina. Cuando la empecé me apareció la imagen de una serie que pinté después del 2001, las Erinias, esas mujeres de la mitología griega que se comen a los hombres. Tenía una máscara de Perú colgada en la pared, un día la miro y la veo igual a Karina, entonces puse la máscara, que tiene una lengua enorme, en la lengua pegue todas monedas y ahí fue surgiendo y después cuando hice las patas quedaron como garras, la puse en tetas y se me cruzó con las Erinias, pasan esas cosas cuando pintás toda la vida, 50 años pintando y tenés cómo links, cosas que dejo que se crucen” dice Marcia explicando la génesis de la obra.

“Hace unos años hice un trabajo parecido con Isabelita (María Estela Martínez de Perón), El tren fantasma se llamó esa serie donde estaban también Perón y López Rega. Isabelita es un personaje con el que nadie se mete.

Durante la presidencia de Cristina me invitaron a hacer una muestra sobre mujeres en el Palais de Glace y me dan para elegir entre varias referentes, yo digo, quiero hacer a Isabelita, la primera mujer presidenta de Latinoamérica y me dijeron que no, que no podía, pero a mí ya se me habían ocurrido 20 cosas y lo hice, aunque no para esa exposición.

En Isabelita y en esto nuevo de Milei hay como un acercamiento a la intimidad. A verlos como son en soledad. Mirándose en el espejo. Isabel que te da como cariño o pena porque ves una vieja con las tetas caídas con la banda presidencial como diciendo mirá donde llegué. A Milei lo imagine peinando su peluca o frente al espejo ensayando como hacerse el malo”, describe la artista.

Hablando de su actividades y cómo las encara, dice: “no estoy pintando mucho, quiero terminar esto y volver a pintar con óleo. Paralelamente estoy haciendo esculturas. Son canales diferentes, para empezar el tema del modelado ya te cambia la cabeza y en general son cosas orgánicas, caracoles o plantas, lo que estoy haciendo es como un rejunte de cosas que se llamanmarcianadas,que a nadie le gustan salvo a mí que me encantan. Me pasó mucho que dijeran "Ay, eso no me gusta" y después "Ay, como lo mejor que hiciste". Todo es relativo. Yo ya estoy afuera de lo contemporáneo, tengo 70 años, imaginate. He pasado por un montón de épocas en mi vida, que me ponían ahí arriba, que me tiraban ahí abajo. Cuando empecé con las Indias, por ejemplo, un montón de gente que me recontra defendía, incluso mi galería, me dejó totalmente en banda. Y ahora ponen a las Indias como lo mejor que hice. Cuando pinte a las indias alguien dijo que me copiaba de Gauguin que se fue a las islas del Pacifico a pintar nativas. Una pavada. Pinte la gente que veía cuando viajaba en el tren o cuando vivía en el Tigre o que me cruzo cotidianamente. Todo eso, como una cosa popular, siempre tuve la mirada ahí, una cosa muy humanista, de sensibilidad con lo que percibo en las personas. Por eso te digo que no quiero ponerme a pintar la cara de estos tipos”.

“Hice una obra que llamé Ndrangheta, como la mafia calabresa, y puse a los Macri rodeados de trolas. Y billetes, siempre muchos billetes y un mapa de la Argentina sangrando. Las trolas las pinté yo como cuando hago esas cosas en joda, como lo hice mucho con el mundo del arte. Tengo toda una serie enorme del mundo del arte donde son todos monstruos más o menos reconocibles.

Eso me ayuda a sacar la mufa que me agarra con esta realidad, una catarsis”.

“Un montón de gente me dice estás loca, cómo haces eso, dicen "¿no tenés miedo?, no lo pongas, te van a marcar". ¿Cómo es que se puede instalar el miedo otra vez en la sociedad? Yo lo siento, pero eso también me da fuerza para hacerlo. Cuando me dicen no, no te metas con eso, voy corriendo y lo hago, porque ya viví esas sensaciones, ese miedo, esa autocensura. Ya no estoy preparada para soportar eso, si se me ocurre hacerlo, lo hago en consecuencia, lo subo a Facebook, a Instagram para que se vea.

Ya me fui del país en el 76 y volví. ¿A dónde voy a ir?,¿a España de nuevo?

Ni loca, no hay donde irse, el mundo está muy contaminado”, reflexiona Marcia acerca del momento político social que atraviesa nuestra cotidianidad, buscando un accionar que dé respuesta a esta realidad que se ha impuesto desarticulando acuerdos sociales básicos.

29/07/2016

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