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“¿Ustedes creen en los milagros?” preguntó Adolfo Pérez Esquivel cuando comenzó a hablar en el acto que cerró la marcha desde Liniers a Plaza de Mayo organizada por la UTEP junto a la CGT y las dos CTA. Y sí, hay milagros que rasgan la trama de la realidad más allá de todo cálculo. La sabana convertida en bandera exhibida después del partido contra Inglaterra con la leyenda “la Malvinas son argentinas” es uno de esos milagros que producen acontecimientos que despiertan conciencias apaciguadas o que no encuentran cauce.
Los dos hechos fundamentales de esta semana que se manifestaron en las calles convirtieron esa bandera en un ícono que unifica el sentir nacional contra un gobierno que ya no puede ocultar su sometimiento a políticas antipopulares y que nos desguazan como Nación.


El jueves se trató en el Senado la ley que permite la extranjerización de la tierra denominada retorcidamente ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Pese a la lluvia que persistía desde la madrugada la Plaza del Congreso se empezó a llenar y se esperaba que después del 17 llegara el grueso de los manifestantes que no están enmarcados en organizaciones o partidos. Antes de que eso pudiera darse comenzó una represión que se extendió por cinco horas.
Pese a que los disparos con balas de gomas, los embates de los hidrantes con agua que tenía un elemento que quedaba en el aire provocando irritación y la gran cantidad de gases que se tiraron, la gran mayoría de los manifestantes se instaló a lo largo de la avenida de Mayo. La Policía de la Ciudad luego de vaciar la Plaza de los Dos Congresos avanzó sobre la multitud que estaba en avenida de Mayo, en su gran mayoría jóvenes autoconvocados que no dejaban de corear “la patria no se vende” bajo una lluvia que no dejó de caer de manera intermitente a lo largo de toda la tarde.



"Es mi primera represión” dice entre asustada, sorprendida y agitada, una joven de poco mas de 20 años que participo de las movilizaciones por la ley del aborto y las del 24 de marzo entre otras, pero nunca había sentido el perfume de los gases lacrimógenos, ni la música siniestra de los disparos de balas de goma o el rugir de las motos. La gran mayoría de los jóvenes que resistían al avance represivo tenían esa edad y no parecían formar parte de colectivos ni organizaciones, eran autoconvocados que manifestaban un fuerte sentimiento nacionalista enfrentando a un gobierno que no oculta su pretensión de entregar el país.


La misma consigna “la patria no se vende” se repitió a lo largo de los más de diez kilómetros que separan el Santuario de San Cayetano, en Liniers, de Plaza de Mayo, el viernes 7 de agosto, fecha de la festividad del santo, un día después de la movilización y represión en Congreso.
En el documento consensuado que se leyó durante el acto en Plaza de Mayo, las organizaciones recordaron los 10 años que se están cumpliendo de esta marcha, con esta misma consigna de “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”, renovada cada vez. “Son diez años de este camino colectivo, inspirado en aquella histórica movilización de Paz, Pan y Trabajo de 1982, cuando el movimiento obrero enfrentó a la dictadura cívico-militar marchando desde esta Catedral hasta Liniers”, evocaron. Y agregaron: “esa lucha sigue siendo un faro para quienes creemos que la dignidad del pueblo se defiende con organización y solidaridad”.


Las organizaciones participantes consensuaron un documento que fue leído en el acto en el que se analiza la situación actual. Entre otros puntos destaca la pérdida del Salario Social Complementario: “Después de haber congelado durante años el Salario Social Complementario en apenas 78.000 pesos, una suma que ya era una miseria frente al costo de vida, el Gobierno decidió directamente eliminar ese ingreso para cientos de miles de trabajadores y trabajadoras de todo el país. No fue porque consiguieron empleo registrado. No fue porque existan nuevas fábricas. No fue porque haya más producción. Fue una decisión política, para borrar el reconocimiento al trabajo de la Economía Popular y abandonar a casi un millón de familias a su suerte”.


“Este Gobierno no solo ajusta. También necesita construir enemigos. Y ha elegido a los trabajadores y a sus organizaciones como las principales destinatarias de sus agravios.
Descalifica además a periodistas, desprecia a los trabajadores del Estado, ataca a docentes, médicos, enfermeros, científicos y empleados públicos”, dice el documento.
Agrega que el gobierno “persigue la protesta social, abandona a los jubilados y ajusta sobre las personas con discapacidad, intentando instalar la idea de que quienes reclaman derechos son el problema”.
“Frente a este escenario elegimos la unidad de los trabajadores -continúa el texto- porque cuando avanzan el ajuste y la exclusión, la respuesta del pueblo argentino y del Movimiento Obrero Organizado siempre fue organizarse para defender nuestros derechos”.
“Estamos defendiendo los derechos laborales frente a los intentos de imponer una reforma que solo beneficia a los sectores más poderosos,” concluye en uno de sus párrafos el documento presentado en esta marcha que a lo largo de 10 años sigue bregando por la mejora de los sectores más desamparados.
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