-?
Alfredo Moreno es un computador científico, con una larga experiencia desde fines de la década de los años ‘80 en sistemas informáticos aplicados a procesos electorales. Ha participado como fiscal informático en elecciones en distintos países y, como parte de su trayectoria, en 1998 coordinó el primer voto por boleta electrónica en Venezuela para la empresa Indra. Trabajó en ARSAT (la empresa argentina de proyectos satelitales), es docente, bailarín de tango y un inclaudicable militante peronista.
“Para tener un panorama de lo que estamos hablando -explica Moreno- tenemos que entender cuál es el modelo de sociedad en el que estamos entrando, o mejor dicho, en el que ya estamos. Conocido como modelo tecnofeudal, porque se supone que todas las sociedades y en este caso la nuestra, la de Argentina, va a estar sobre plataformas tecnológicas, y toda la vida cotidiana va a ser transaccionada a través de plataformas digitales”.
“Es mucho de lo que ya hacemos cotidianamente, pero la diferencia es que este modelo lo que viene a configurar es una concentración en manos de pocos dueños de grandes corporaciones tecnológicas, de las plataformas que estamos usando y que vamos a usar cada vez más para todo tipo de actividad, tanto para la parte de salud, para la parte educativa, para la parte emocional, para la parte de recreación, cualquier tipo de actividad humana va a estar sobre esas plataformas”.
Alfredo aclara que “el problema no es, en sí, que esté sobre las plataformas digitales, sino que el nivel de concentración global que hay de quiénes son los dueños de estas plataformas, hace que se construya un poder que es el que hoy en día se visualiza a través de empresas como Palantir, por ejemplo, que es la de Peter Thiel y de Alex Karp, o también de Google, o de Amazon, o de Microsoft”.
“Esto se ve claramente ahora en la industria militar con la guerra con Irán”, destaca el experto. “Toda la guerra estuvo en dispositivos tecnológicos, desde drones, con seguidores busca-huella de reconocimiento facial, lentes de ajuste de cercanía y distancia, todo eso tiene que ver con estas plataformas digitales, que lo que hacen es acumular datos y ellos en sus grandes centros de datos le aplican técnicas de análisis de datos conocidas como Ciencia de Datos, para poder sacar aprendizajes para distintos tipos de actividades. Ya sea para que vos puedas consumir más yogur, hasta poder hacer el seguimiento de un palestino y matarlo apretando un botón a través de un dron y después decir ‘bueno… se bajó el nivel de efecto colateral’ que tuvo ese ataque”.
Continúa el especialista: “A eso se le llama modelo tecno-feudal, porque es básicamente tecnológico, y feudal porque la ciudadanía no puede hablar ni intervenir en absolutamente nada, simplemente es una consumidora y, a diferencia de otra época, del esclavismo, cuando hubo rebelión a la esclavitud, ahora nosotros mismos pedimos cada vez más aplicaciones”.
Ocurre que “despertaron nuestro deseo y ansiedad porque te da comodidad y te entretiene de tu soledad, porque a la persona la pone en una situación de confort, entonces todo le resulta más fácil, pero esa facilidad termina definiendo la pertenencia a un modelo de esclavitud feudal actual”.

En esta conversación para
, el experto informático describe que “este modelo tecno feudal, son aquellos ‘chicos’ de Silicon Valley, que hoy son parte del gobierno de Estados Unidos. Que Elon Musk haya sido el ministro de la modernidad en el primer año de Trump, algo similar a Sturzenegger para Milei, no fue casualidad. Fue el avance de estos tecnócratas que son de ultraderecha, una ultraderecha blanca que ganó en la interna de Silicon Valley, porque hasta hace diez años atrás Silicon Valley era más propenso a los Clinton, que les permitían el ingreso de científicos y tecnólogos de la India y del mundo árabe”.
Pero después “tomaron el gobierno y a punto tal, que prácticamente todo el complejo militar norteamericano es dependiente de la empresa Palantir. Muchos ingenieros de estas empresas pasaron a trabajar al Pentágono. Allí cuentan con grado militar, porque son los que saben operar las plataformas que tienen”.
Moreno analiza que “es una privatización en una modalidad nueva, porque es una privatización hecha con funcionarios del Estado, adentro del Estado. Medio raro todo eso. No es que el Estado ahora sea una sociedad anónima. Sigue siendo un Estado pero con personal y con herramientas de empresa privada. La empresa privada dentro del Estado”.
Dice además que “eso es Peter Thiel, que es el más conocido de ellos, que es un estratega a temer, porque está diseñando otro tipo de sociedad, donde la política ya no puede dar respuestas a los problemas de la población. La respuesta la da la tecnología y, con la tecnología, el que es apto entra y el que no es apto se queda afuera”.
“No hay sensibilidad social, la inteligencia artificial no tiene ética, ni tiene moral. Entonces no hay sensibilidad social”, enfatiza el científico, y continúa: “En ese modelo como Palantir, que acá en Argentina se está desarrollando propiciado por el Súper RIGI, la propuesta del ‘gemelo digital’ que lanzó el gobierno es para simular los movimientos de cada ciudadano mediante datos. Estos datos los procesará Palantir tomándolos de fuentes estatales”.
“El concepto de ‘gemelo’ viene de la industria 4.0, de la industria tecnológica, sobre todo en Alemania, con mucho avance tanto en la propia Alemania y ahora en China”. Se trata de “tener un clon, un equivalente, un ‘gemelo’ de la industria para ensayar y ver cómo se puede optimizar y mejorar los productos”.
Entonces, “eso se traslada a la población, y así se logran configuraciones de datos, por ejemplo de tus datos de la AFIP, tus datos médicos, tus datos de transporte, como viajás a través de la tarjeta SUBE”, etcétera.
Moreno destaca que toda esa información “está acá, en reparticiones del Estado argentino, pero lo que Argentina no tiene es la plataforma para poder hacer esa simulación. Entonces esa plataforma se la va a proveer Palantir, que es lo que hace en (el estado norteamericano de) Minnesota, por ejemplo en el ICE, donde se realiza el seguimiento de los migrantes indocumentados”.
“Palantir, a través de esta plataforma va a hacer converger todos estos datos de estas distintas fuentes de Argentina: AFIP, Anses, sistema bancario, de transporte, Salud, Educación”, todos lugares “donde se va a producir la simulación vía gemelo digital, para simular políticas sociales”.
“La excusa es ensayar, simular. Por ejemplo ¿qué pasa si yo bajo el ABL (Alumbrado, Barrido y Limpieza) en la zona sur de Buenos Aires respecto de la zona norte?”. Esa sería la supuesta razón por la cual el “gemelo digital” podría ser eficaz para el funcionamiento del Estado y la toma de decisiones sobre políticas públicas, y por consiguiente un supuesto beneficio para la sociedad.
“Pero -aclara Moreno- todos sabemos que no va a ser para eso. Va a ser para el control social, que es el modelo que tiene Peter Thiel en la cabeza cuando dice ‘La democracia no alcanza, ahora la respuesta la da la tecnología’. Estas empresas lo que hacen es ir encapsulando nuestra vida”, advierte.
Después señala que aún “le falta cubrir algunos aspectos”, y a continuación desarrolla un asunto determinante para el funcionamiento democrático en el país. Explica que probablemente “dentro de un año, cuando vayamos a votar, ya esté más desarrollado el ‘gemelo digital’ en Argentina, y entonces el condicionamiento social para el voto ya está trabajado. Va a ser un proceso como parte de la campaña electoral. Un proceso aplicado a la subjetividad de las personas”.

En medio de este panorama que describe crudamente Moreno, el gobierno argentino avanza en acuerdos con corporaciones tecnológicas israelíes para gestionar el cómputo de los resultados de una votación.
El debate —todavía sin estado público— sobre quién cuenta y almacena los votos y quién despliega la tecnología electoral, ya entró en el terreno de la geopolítica. Avanzan negociaciones y misiones de cooperación técnica que buscan otorgar el control del escrutinio provisorio y la transmisión de datos a empresas de tecnología y ciberseguridad con base en Israel.
Nuestro entrevistado dice que “nunca vamos a saber nosotros qué empresa israelí se hizo cargo de la elección argentina. Si es que se concreta, va a haber un representante local, alguien que va a cumplir con los antecedentes de la licitación, hasta puede ser la misma Indra, la empresa española que viene actuando desde los años 90… Pero el condicionante va a ser el software”.
“¿Por qué?”, se pregunta el científico de la informática, y luego despliega una respuesta: “Porque dicen que es más seguro. Israel es uno de los países que tiene más experiencia en ciberataques. Con la guerra en Medio Oriente llevada adelante, han desarrollado mucho las tecnologías de ciberataque, de ciberdefensa. El nivel de inteligencia israelí es muy alto, y eso es tecnología”.
Y “lo que el gobierno de Milei oculta, es que se trata de sistemas de código cerrado. Cuando el Estado delega la transmisión y el cómputo de los telegramas de escrutinio en licencias propietarias extranjeras, los fiscales partidarios y los peritos informáticos de la Cámara Nacional Electoral (CNE) quedan frente a una verdadera ‘caja negra’: resulta imposible auditar el programa para verificar si tiene sesgos, fallas o vulnerabilidades ocultas”.
Además, “el sistema de partidos no tiene, hoy, capacidad operativa para monitorear ni controlar un sistema cerrado, y las empresas que pujan por el negocio electoral en América Latina y buscan entrar en el mercado argentino, no son simples desarrolladoras de aplicaciones: muchas operan como desprendimientos comerciales del complejo militar y de inteligencia de Israel, y durante años han estado involucradas en la manipulación de elecciones en distintos escenarios”.

Sigue Alfredo Moreno. “El problema es que la urna es el fin de un proceso determinado por una cantidad de políticas comunicacionales previas, que pueden ser manipuladas por estas corporaciones con el trabajo que se hace sobre la subjetividad de las personas. Por ejemplo diez meses o un año antes de la elección, para que las personas terminen con discursos de odio, con discursos violentos, con temas de fraude, con temas de corrupción, ensuciando candidatos, etcétera, se hackea la atención ciudadana con el uso de data personalizada que permite establecer perfiles sensibles en distintos sentidos”, explica.
El tema es complejo y ya no se puede hablar de ciencia-ficción, porque el futuro ya llegó y son muchas las preguntas ante este abismo.
”¿Cómo puede intervenir una agencia, una empresa que maneja el sistema informático?¿Cuál es la vulnerabilidad, cuál es el problema?”, intenta describir sintéticamente Moreno, quien escribe sobre estos temas en www.esferacomunicacional.ar
“Hay muchas vulnerabilidades. En la época de pandemia, se intentó hacer un 17 de octubre virtual. Ir a la Plaza de Mayo a través de una plataforma. Éramos mucha gente trabajando ahí. En los primeros 15 minutos funcionó perfecto, la gente accedía a la plataforma que habíamos diseñado. Luego nadie podía ingresar, se saturó. Esa saturación lo que hizo fue tirar abajo los servidores que teníamos. ¿Y eso qué es? Eso es un ataque, se llaman DDoS(Denegación Distribuida de Servicio). Se empiezan a inyectar transacciones donde la entrada que tiene el servidor que atiende el acceso por la web es saturado, y eso te tira abajo toda la tecnología. Vos lo podés volver a levantar, pero ya se te cayó. Entonces tenés que tener software de ciberseguridad a fin de identificar que se trata de un ataque y que empiecen a repelerlo”.
“Acá en Argentina, la única empresa que tiene ese software es ARSAT, para los servicios que dan, y hay que ver en qué estado se encuentran. Entonces, por eso dicen que es confiable el software de Israel, que no solamente te cuenta los votos, sino que te pone el software que te defiende de esos posibles ataques”.
Remarca después que “hay una alternativa soberana y transparente, pero ignorada: un sistema de escrutinio provisorio desarrollado por universidades públicas y científicos del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), con código abierto y auditable por todos los partidos. La infraestructura de telecomunicaciones y de procesamiento de datos en la nube de Arsat alcanza para garantizar la transparencia que exige el acto electoral. Sin embargo, en el tablero político actual, el lobbytecnológico internacional y la «debilidad voluntaria» del gobierno argentino parecen pesar más que la seguridad democrática de los votantes. Estochoca con una realidad más cruda: las reglas del juego son propiedad de las corporaciones de Silicon Valley aliadas a Estados Unidos e Israel, propensas a instalar gobiernos afines a sus políticas”.

“A mí -cuenta Alfredo-, lo que más me preocupa… Aunque en realidad me preocupan muchas cosas, pero una de las cosas es que los apoderados de los partidos políticos todavía piensan en forma analógica.
Ellos depositan toda la confianza en el lápiz y el papel. Recién en los últimos años, por ahí algunos partidos han hecho un poco más de avance en la fiscalización electoral, en temas digitales, pero está muy atrasado eso”.
“Y hoy en día ¿qué pasa? No hay (ese conocimiento), no saben. Al no saber, no pueden pensarlo. Y no todos tienen gente en la cual confían para que le puedan traducir estas cosas y decirles ‘Ché, mirá, esto es un riesgo, un riesgo muy cierto’. Porque no es que esto sea un problema para el Partido Justicialista, o el Frente de Izquierda, o el que fuere. No: es un problema de la democracia”.
“Si el país tiene una democracia que ya está totalmente condicionada, y vos vas con un discurso” pero mucha gente piensa “para qué vas a votar, si al voto igual te lo van a truchar”, entonces la consecuencia es “sacarle a la democracia lo que más valor tiene, que es que una persona, nosotros como personas, podamos elegir” a nuestros representantes.
Por lo tanto, razona el científico, “lo que está en juego acá es justamente pasar de tener una mentalidad de que ‘voy a elegir, me voy a interesar por la política’, o de lo contrario “voy a elegir a una ficción, voy a hacer como que’. Total, sé que es trucho”, dice para clarificar la compleja realidad.
“Y en esto, los responsables de los partidos políticos y los partidos políticos mismos, tienen mucha responsabilidad. Porque la política, en mi visión, enaltece a una sociedad. La mejora. No es una cosa intrínsecamente ligada a la corrupción. Que hay corrupción, hay corrupción. Pero también hay que entender que eso se hace con la intención justamente de vaciar la política. Y cuando se vacía la política, queda solamente para un grupo, que es el que decide los destinos de donde estamos parados todos nosotros, nada más y nada menos”.
“Entonces, ahí veo eso, me preocupa, porque este tema que se planteó con esta posibilidad de que una empresa israelí se quede con el conteo de votos, no tiene una alerta comunicacional. No hay una alerta social para que el tema se instale, por lo menos, y empecemos a debatirlo y a crear alarmas que permitan que la Argentina por lo menos transite un proceso democrático sano. Después, que se vote a quien se vote. Pero que sea un proceso democrático sano, no condicionado”.
Advierte que “Donald Trump, en caso de continuar como presidente de Estados Unidos, para su política hacia América Latina nunca se puede permitir que haya en Argentina un gobierno cercano a Lula o a (la presidenta de México, Claudia) Sheinbaum”.
“Ellos”, dice refiriéndose al gobierno estadounidense, “necesitan lo que están logrando, lo que lograron en Perú, lo que lograron en Colombia, es decir que las ultraderechas cada vez se afiancen más. Y Argentina es un país central en este mapa”.
“Entonces, estamos muy complicados. Y esto me parece que tienen que entenderlo todos, los partidos políticos, sus apoderados legales, los diputados, los senadores”.
“El sistema democrático argentino está hackeado por el gobierno de Javier Milei. Es así. Y bueno, estamos a 15 meses de la elección, ¿no? La buena noticia es que hay tiempo”, concluye Alfredo Moreno. “Estamos a 15 meses. La mala noticia es que el tiempo pasa. Y pasa muy rápido”.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite