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Los métodos piqueteros, de Cutral Co a Avellaneda

Esta semana hubo dos aniversarios que impactaron fuertemente en la historia política y social argentina. El 20 de junio de 1996 se inició la pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul, y el 26 del mismo mes pero en 2002, en la estación del gran Buenos Aires fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Pepe Mateos

 

Fotos: Leo Petricio y Pepe Mateos

“Cuando llegamos a Cutral Co en la madrugada del 26 de junio de 1996, con 6 grados bajo cero, lo que veíamos era tan impactante que me pareció estar frente a un escenario de guerra, gomas quemadas, humo denso, piqueteras y piqueteros cubiertos de hollín con pasamontañas, nunca habíamos visto algo así en la provincia”, rescata de su memoria Leo Petricio, en ese momento fotoperiodista del diario Rio Negro y ganador del Premio ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) por la cobertura de esos acontecimientos.

Las épicas imágenes de la resistencia al avance de la Gendarmería tuvieron su punto cúlmine cuando la jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles, subida al móvil de una radio, megáfono en mano, se declara incompetente ante la situación planteada, desactivando de ese modo una represión que habría sido trágica.

“Cerca del mediodía algunos le piden a la jueza que hable con la población, un movilero local le ofrece su combi, ella dudaba porque no tenía custodia y el reportero Leo Petricio me pide que la acompañemos entre los miles de manifestantes para ser garantes de su seguridad”, rememora Alejandro Lillo, periodista de radio LU5 de Neuquén. “Fue una larga jornada que se extendió hasta la noche cuándo llegó el gobernador Felipe Sapag que se vio forzado a firmar un acuerdo con los piqueteros, protagonistas de una protesta social que los hizo emerger como un nuevo sujeto histórico. Los piquetes y la quema de cubiertas como método de lucha después se extendió por todo el país”, dice Lillo a 30 años de los hechos.

Exactamente seis años después de la pueblada de Cutral Co, el 26 de junio de 2002, las organizaciones piqueteras nucleadas en el MTD (Movimiento de Trabajadores Desocupados) “Aníbal Verón” y el Bloque Piquetero Nacional llevaban adelante una medida de fuerza que consistía en un corte total a los accesos a la ciudad de Buenos Aires, en reclamo de una serie de reivindicaciones que tenían que ver con la entrega de planes asistenciales, el aumento del monto de los mismos y de la cantidad de mercadería que el gobierno le entregaba a esas organizaciones.

El puente Pueyrredón, que separa a la capital federal de la ciudad de Avellaneda, era uno de los puntos más críticos, y antes de que las organizaciones intentaran abordarlo, comenzó una represión que se prolongó por varias horas. El resultado fue el asesinato de los militantes Dario Santillán y Maximiliano Kosteki, y decenas de heridos de distinta gravedad.

“Esta semana es un momento propicio para recordar y priorizar el primer ciclo del movimiento piquetero. Se cumplieron 30 años de la gesta de Cutral Co y Plaza Huincul sobre la ruta 22, lo que consideramos el ‘kilómetro cero’ del movimiento piquetero, y por otra parte los 24 años de los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, que se puede tomar como el fin de este primer ciclo de las organizaciones de desocupados”, defineFrancisco Longa, quien escribió los libros “Historia del Movimiento Evita” e “Historia del Movimiento Piquetero”.

El autor es politólogo y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Desde hace 20 años viene estudiando el funcionamiento de las organizaciones sociales desde la academia, pero también como militante y ha colaborado asesorando ad honorema diputadas y diputados de extracción piquetera.

“Por supuesto que piquetes y bloqueos como forma de protesta existen desde antes”, desarrolla Francisco, para luego explicar que “el uso del piquete como barricada ya estaba en el Cordobazo y podemos rastrear un largo hilo histórico del piquete como método de protesta, pero lo que llama la atención en Cutral Co es que fue una pueblada que se sostuvo durante 6 días y puso en escena los efectos que ya parecían estructurales de la desocupación y la informalidad”.

Agrega que “por eso lo consideramos el inicio de un nuevo ciclo de protestas que van a tener a los cortes de ruta y de calle como método principal para protestar y que se va a ir replicando en otras provincias porque se constata muy rápidamente que el piquete funciona, es una buena manera de llamar la atención de las autoridades”.

“A las y los trabajadoras/es de YPF que quedaron desocupados al producirse la privatización en 1990, y carentes del método tradicional de protesta que es el retiro de colaboración laboral, el paro o la huelga -continúa el académico y militante-, no les quedó a mano otra opción que cortar la ruta para concitar la atención. El desabastecimiento de combustible en la región luego de 6 días de corte, obligó al gobierno (neuquino) encabezado por Felipe Sapag a sentarse a negociar con los vecinos que protestaban, los cuales lograron un pliego de reivindicaciones que el propio gobernador tuvo que ir a firmar con los manifestantes”.

La represión y cacería que se produjo el 26 de junio de 2002 en Avellaneda venía precedida por una campaña en medios de comunicación demonizando a las organizaciones de desocupados. En el operativo ordenado por el presidente interino Eduardo Duhalde participaron fuerzas federales (Policía, Gendarmería y Prefectura Naval), así como la Policía bonaerense y ex integrantes de esa fuerza que actuaron como paramilitares. Como se indicó en un párrafo anterior, los hechos dejaron como saldo los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, 32 heridos por balas de plomo, y decenas de detenidos y heridos por balas de goma.

El comisario Alfredo Fanchiotti, quien estaba a cargo del operativo, y además el cabo Alejandro Acosta, acusados de haber realizado los disparos que mataron a Dario, fueron condenados a cadena perpetua por doble homicidio y siete intentos de homicidio.

A los oficiales Félix Vega, Carlos Quevedo y Mario de la Fuente les impusieron 4 años por encubrimiento agravado, mientras que Celestino Robledo fue condenado a 10 meses en suspenso por usurpación de títulos y honores, debido a que como civil participó del operativo de represión ese día, pese a que había renunciado a la fuerza de seguridad.

Francisco Longa describe el proceso por el cual, después de los cortes de 1996 sobre la ruta 22 en la comarca petrolera neuquina, la metodología aplicada fue replicándose en distintos lugares: “Al año siguiente, ante el incumplimiento de algunos puntos del acuerdo por las protestas en Cutral Co y Plaza Huincul, vuelve a producirse una nueva pueblada. Y allí es cuando las fuerzas de seguridad asesinan a Teresa Rodríguez, una chica de 27 años, empleada de casas particulares y madre de tres hijos. Teresa es la primera de los mártires que luego se convertirán en bandera y nombre de organizaciones”.

“Ese mismo año, 1997, en la otra punta del país, en Tartagal y General Mosconi, provincia de Salta, se replica el fenómeno piquetero también con trabajadores ypefianos. Fenómeno que rápidamente es apropiado en clave bonaerense donde se combina con una tradición asociativa comunitaria y colectiva muy densa que portaba ese territorio. Comienzan a brotar organizaciones piqueteras en todo el país y especialmente en el Conurbano. Es un crecimiento notable y acelerado”, destaca el estudioso de estos procesos.

Puntualiza que “en el año 2000, a pocos años de Cutral Co, se producen asambleas de piqueteros con 2000 delegados de todo el país que se realizan en La Matanza. Ahí tenemos nombres que van a acompañar el desarrollo del sector por mucho tiempo y organizaciones como la Corriente Clasista y Combativa (CCC), el Polo Obrero, la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), Barrios de Pie, entre otras, que todavía hoy perduran y ya estaban ahí con mucha organización territorial, cuadros con base y movilizados”.

“Podemos pensar que este primer ciclo de crecimiento del movimiento piquetero cierra de alguna manera con los asesinatos de Darío y Maxi. Una coincidencia es que ambos hechos, uno que abre y otro que cierra, se dan en las mismas fechas. El asesinato de los dos jóvenes miembros de la Coordinadora Aníbal Verón generaron una enorme congoja en la opinión pública y marcaron el cierre del gobierno provisional de Eduardo Duhalde, porque después de la masacre tuvo que llamar a elecciones al perder la legitimidad que le quedaba luego de que la Asamblea Legislativa le había conferido la potestad de terminar el mandato de De La Rúa”, expresa el autor de los dos libros antes mencionados.

Luego explica que “cuando Néstor Kirchner asume la presidencia hay un giro bastante radical entre el Estado, el sistema político y el movimiento piquetero, que se puede expresar muy claramente en la cuestión represiva. El Estado deja de tener a la represión como primera instancia de interlocución con los piqueteros. La ministra Nilda Garré prohibió a las fuerzas de seguridad la portación de armas de fuego durante las protestas, y fue algo notable porque no hubo piqueteros asesinados durante los periodos kirchneristas”.

“No quiere decir que durante el primer periodo todo haya sido represión. También hubo concesiones, entrega de planes sociales, recursos, alimentos, interlocución con agentes subnacionales como provincias y municipios. Pero si algo caracterizó a este primer ciclo del ‘96 al 2002 fue la radicalidad del movimiento, la combatividad y el anhelo de ruptura con el sistema político”, enfatiza el politólogo y doctor en Ciencias Sociales.

“Durante la presidencia de Nestor Kirchner se dan una serie de medidas alineadas con los países progresistas de la región, y se toma la decisión de incorporar a algunos militantes piqueteros a su gobierno, algo que era una novedad. Hay referentes de organizaciones que pasan a ser funcionarios. Es el inicio de un cambio de relación del movimiento piquetero con el sistema político que se va a ir acentuando, modificando y adaptando de acuerdo a las circunstancias en los años siguientes”, sintetiza apretadamente Francisco Longa respecto de lo que ha sido su objeto de estudio durante muchos años.

Con respecto a la situación actual, dice: “Nos encontramos frente al modelo de Milei, que ha avanzado sobre las organizaciones dejándolas en el momento de mayor debilidad en los últimos 30 años, con un futuro incierto, lo que no anula la importancia que tuvieron estas últimas tres décadas, ni toda la experiencia acumulada”.

“Todo indica que estamos ante un nuevo ciclo de desocupación y desempleo creciente, con cambios en la politicidad popular como la uberización de la economía o el emprendedurismo o el ‘sálvese quien pueda’ a nivel individual que si sigue calando sobre todo en los sectores populares, eso puede hacer que ante un nuevo ciclo de desocupación más estructural o informalidad laboral, se apele a estrategias más individuales para paliar esa situación en lugar de estrategias colectivas como fue en los 90”, completa Longa.

29/07/2016

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