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“Mi vida estuvo ligada al agua desde siempre”, dice Juan Bautista Duizeide, escritor nacido en Mar del Plata en 1964 y que vive en una isla en el delta del Tigre. Hizo la secundaria en el Liceo Naval Almirante Brown y en la Escuela de Náutica se formó para hacer navegación de ultramar. “Me atraía el mar y las fascinantes historias de un tío que había naufragado pescando langostinos junto a las lecturas de Salgari, Stevenson, Verne. En un error de niño, me llevaron a entrar en el Liceo Naval Militar. No sabía lo que era. Luego de cursar la Escuela de Náutica trabajé durante casi diez años en buques de carga, petroleros y graneleros. Me hubiera gustado continuar pero cambiaron las condiciones. En principio la destrucción de la Marina Mercante Argentina y luego una serie de cuestiones laborales que se fueron complicando", relata Juan.
Actualmente se dedica a la docencia y tiene publicados más de 20 libros, entre novelas (Kanaka, Vuelta encontrada, Sobre un cuerpo ausente), cuentos, ensayos, crónicas y antologías. En“Con vista al mar”siente que inventó un nuevo género: el de los relatos de playa.
“Había hecho dos antologías con cuentos de navegantes y abordajes literarios que tenían que ver con el mar, y me fui dando cuenta de que hay un espacio, la playa, que está ligado al mar pero pertenece a otro sistema tanto en lo simbólico como en lo físico y logístico. El mar visto desde la navegación no es lo mismo que el mar visto desde la playa. Estaba la posibilidad de inventar un género diferente al de la narrativa marinera, que es el de la narrativa playera. La playa es un territorio particular, un poco borroso, indefinido, inestable. Literariamente es muy diferente al sistema del mar”, dice Duizeide.
Explica que “la narrativa marinera, más allá de los estilos, siempre tiene una épica y una lírica dándole vueltas. En ese sentido la playa es mucho más ambigua. Es una de las conclusiones a las que llegué después de la búsqueda para hacer la antología, que en algún punto empezó a funcionar como un descubrimiento de muchos aspectos de mi historia. Aprendí a caminar en la playa, seguramente muchas primeras cosas de mi vida fueron en la playa, el primer trabajo lo tuve en un balneario, la primera vez que vi un cadáver fue en la playa de Necochea siendo adolescente en el ‘79. Podría ser (un cuerpo) de los vuelos de la muerte. Aunque era muy al sur, por la época tal vez lo fuera”.
Luego el autor cuenta que “a partir de muchos de los textos de playa que fui encontrando, la antología se fue transformando también en una autobiografía no buscada. Me reconozco como un ser que se formó en ese mundo playero y que el de la navegación fue posterior. Y eso es algo que fui descubriendo con este trabajo, y vi claramente cómo el mar y la playa son dos sistemas distintos. Mis abuelos tenían un hotel en Necochea, el San Carlos, y eramuy diferente cuando estaba abierto en la temporada con turistas a cuando se abría para los tripulantes de los barcos. Cuando trabajando en barcos de YPF me tocaba bajar en Necochea, aunque iba a los mismos lugares que conocía, sentía que estaba en otra parte, en otro sistema. Es muy subjetivo, pero no es lo mismo llegar a Necochea por la ruta que por mar, es un extrañamiento que cuando estas en puertos extranjeros no lo notas tanto”.

La amplitud de autores en “Con vista al mar”es amplia, producto de la tenacidad y erudición de Duizeide en la elaboración de la antología, para la que estuvo trabajando durante casi cinco años. Se cruzan autores de todo tipo en 62 textos y 510 páginas, desde clásicos como Homero, Charles Dickens, Roberto Arlt, Herman Melville, hasta contemporáneos como Salvador Benesdra, Hebe Uhart o Juan Sasturain.
Aparecen distintas épocas, estilos, locaciones, clásicos y autores jóvenes; el mundo de las playas en invierno, el de los que van a hacer la temporada, los trabajadores y las diferencias de clases.
“Hay un principio constructivo un poco caprichoso en la antología. Maria Elena Walsh decía que una antología es una antojolia” explica Duizeide.
“El primer bloque tiene más que ver con la infancia en la playa, los del medio son más inclasificables. Me dejé llevar por la música, en particular por Debussy y Chausson, dos músicos de la época de oro de los balnearios en Occidente en la Belle Epoque y el último como espacio de encuentros no siempre benévolos. Podría haber hecho cinco libros distintos con distintos textos pero armé este”.
“Es un libro que invita a ser abierto en cualquier parte, aleatoriamente. Propuse un orden dentro de los muchos posibles, hay múltiples formas de entrar, y también en esa estructura propuesta me interesó mostrar que la playa es una invención bastante tardía como lugar de recreación y ocio, y que hubo momentos de transición en los que coexistían los que empiezan a ir como bañistas, excursionistas, con gente para la cual la playa era un lugar de ardua tarea, mundos que no son tan lejanos. Cuando mi abuelo materno llega a Mar del Plata en los años ‘30, todavía los barcos a vela de los pescadores salían de Playa Grande”.
“Creo -continúa el escritor- que la playa en el siglo XX fue la ilusión de un gran espacio democratizante, todos podían ir. La playa tiende a difuminar los bordes sociales o a disimularlos. Esa idea está mutando con el reseteo del mundo. El fin de la clase trabajadora como la conocíamos o el turismo social, configuraban un balneario que va desapareciendo. No sé que se va a dar, y si sucede lo que creo, que Argentina está siendo definida como una zona de sacrificio, los balnearios van a ser alterados”, advierte el autor de “Con vista al mar”.

Para Duizeide, “la playa también plantea evidencias de para qué lado va el mundo. Empiezan a aparecer otros signos en la playa y no encontré una narrativa que diera cuenta de esto. Así como en la primera mitad del siglo XX se da la interacción entre los que tenían la playa como lugar de paseo y los que se ganaban el sustento, hoy tenemos los migrantes que llegan muertos o agonizantes a las playas del Mediterráneo mientras los veraneantes toman sol y está prohibido ayudarlos. Ahí es donde naufraga el humanismo europeo. Ese es el gran relato del mar de esta época,la Odisea de nuestro tiempo.No encontré nada escrito sobre esto que pudiera dialogar con los textos que se publicaron. Sí algunas notas periodísticas, pero no una buena crónica. No quiere decir que no exista, pero no la encontré.
Señala que “hay un autor, Juan Mattio, que contó algo de esto pero desde el sistema de la navegación en ‘Tres veces luz’, y habla de la problemática de los polizontes”, desarrolla Duizeide, quien desde hace un par de meses realiza casi a diario el trayecto entre su casa -a orillas del arroyo Gambado- hasta la costa de Tigre, en una embarcación a remo. Tiene la lancha en arreglo y los talleristas tienen sus tiempos. “Tampoco los puedo apurar porque por ahí se ofenden y me la devuelven toda desarmada y es peor”, apunta.


Sigue la charla con Juan. “Vivo en el Delta del Tigre porque con Fabiana, mi compañera, estábamos buscando un lugar cerca del agua para vivir y que pudiéramos acceder a los lugares de trabajo. Luego de varias búsquedas apareció esta casa. Este también es un lugar afectado por las transformaciones del ambiente. Me temo que hemos llegado a un punto bastante terminal con la cuestión del agua. Hay demasiadas cosas en contra alineadas para mal: privatización de la navegación en el Paraná y de AySA, la minería a cielo abierto con la modificación de la Ley de Glaciares, el agua que requiere la refrigeración de un centro de inteligencia artificial, enajenación de puertos, saqueo pesquero, Lago Escondido, el Mar Argentino controlado por EE.UU.”.
Después de esta enumeración, el escritor reflexiona: “Siento que las clases dirigentes ya decidieron esto, y no hay una masa crítica suficiente para llevar adelante una oposición fuerte”. Ejemplifica que “acá en el Tigre, la Ley de Humedales es un tema clave, un problema para todos, y no se da una movilización masiva. Por muchas razones. Y una básica es que lleva demasiado tiempo la actividad para sobrevivir y no queda tiempo ni ánimo para militar. Después están las fragmentaciones en el campo popular. Las luchas desarticuladas están destinadas al fracaso, si pensamos sólo cuestiones aisladas no sirve”
Y pone en contexto. “En este momento Milei es episódico, es el culo del sistema, expresa lo peor. Y cuando dice que van a poder contaminar el río, los empresarios que contaminan el río y no lo dicen, ahí tienen al imbécil que lo dice por ellos. Me temo que sea una batalla perdida. Hay ciertos niveles de conciencia, pero no alcanzan a componer una masa crítica. Todo se centra en el agua, y entramos a una situación de territorio de sacrificio”, sentencia Duizeide.


“Sigo escribiendo porque no lo puedo evitar”, cuenta el autor. “No es que crea que vaya a generar algún efecto, sencillamente no puedo dejar de escribir o armar antologías. Tengo cierto optimismo pensando que quizás se den una serie de procesos que no veo o no entiendo. Mientras tanto trabajo con el lenguaje, con lo que no me atrevo a llamar militancia o resistencia, pero que se trata de mantenernos vivos. Quizás en lo que hacemos esté el germen de algo”.
“Hay un punto en el que soy muy pesimista, y es en lo referente a las subjetividades. Creo que en momentos críticos como en el ‘39 en Europa, o en el ‘76 y los ‘90 en Argentina, había muchas subjetividades que estaban en contra de lo que sucedía. Pero en este momento no lo estoy viendo, me parece que el sistema avanzó sobre la creación de subjetividades de una manera atroz. Ya había algo de esto en los ‘90, pero no existían las redes. Hay un problema en la cuestión de las identidades, la necesidad de definirse, de tener un rótulo, que me llama la atención en las nuevas generaciones. Como algo muchas veces superficial y que termina siendo como una prisión. Como si hubiera un supermercado de identidades, una multiplicidad que es una dificultad para accionar colectivamente en función del bien común”.

“La literatura sigue teniendo la capacidad de convertirte, ponerte en otro lugar y mirar el mundo de otros modos, desde otras pieles, de intentar comprender, y hasta emocionarte con cosas que no sos en absoluto. Salir del aislamiento de la identidad. Lo contrario a las lecturas narcisistas que sólo se referencian en el mismo grupo estético o de clase que se dan mucho en este momento”, dice Juan.
“Hay en mí un entusiasmo en la escritura y en las antologías que también son parte de la escritura. Cuando estoy en estado de escritura tengo un imán que atrae todo lo que me aporta a ese mundo en el que estoy metido, tanto desde la literatura como de la actualidad. Escribir es una forma de explorar y hay, en el caso de “Con vista al mar”, una serie de cosas que me fui dando cuenta a medida que iba juntando textos. No pensé que me iba a encontrar con cuestiones de mi propia historia, ni que iban a estar tan claras las transformaciones sociales a lo largo de la historia, manifestadas en la playa”, concluye Duizeide.
Remontamos el arroyo Gambado en canoa y tenemos que cruzar el Río Luján para dejarme en Tigre y volver en tren a la ciudad. La canoa oscila peligrosamente a causa del oleaje de las lanchas de mayor tamaño y esperamos a que vuelva la calma para realizar el cruce. Ya en tierra, le digo a Juan que en un momento temí que se diera vuelta la canoa pero confiaba en su pericia marinera. “También yo me preocupé” -me sorprende con su respuesta-. “Puedo llegar a creer en muchas cosas pero nunca en la infalibilidad de los navegantes”.
Me voy caminando hacia la estación de tren pensando en el sonido de esa definición contundente, “la infalibilidad de los navegantes”, que tiene que ver con todo lo que hablamos, las playas, la incertidumbre del mundo que viene y en el seguir navegando sin certezas, casi sin rumbo, solo confiando en la posibilidad que algo alumbre como el amanecer en una playa.

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