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Columnistas
08/10/2018

Mala gente

Mala gente | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Los funcionarios del FMI no parecen apesadumbrados por las medidas que toman contra los países, sino que muestran altanería y el convencimiento de pertenecer a una raza superior. Esa gente, salpicada de corrupción a altos niveles y que comete los delitos más indignantes o vergonzosos, domina nuestro mundo.

José María Castro

Pienso, y confío en no ser el único, que cuando hablamos de cierto tipo de personas, que tienen un gran poder sobre los asuntos que nos afectan, nos referimos a un grupo de gente muy distinta al resto de los mortales. 

Gente con una coraza de frialdad y una falta de sensibilidad, que les permite dedicarse a tareas que a los demás nos resultaría imposible desempeñar.

Comunicar a una familia, que tiene que abandonar la que ha sido su casa durante años, a veces generaciones, no es algo que pueda hacer cualquiera. Lo mismo ocurre cuando, con la excusa de optimizar recursos, un responsable de  empresa, comunica a algunos empleados, que han trabajado a satisfacción de sus empleadores, que cesan como trabajadores de la empresa.

Esa gente ¿Cómo dormirá? ¿Tendrán eso que nosotros llamamos cargo de conciencia? ¿Pensaran a lo largo del día en la situación económica en la que quedan esos despedidos y sus familias?

Tengo que reconocer que si yo tuviera que desarrollar ese trabajo, no serviría para desempeñarlo, y creo que al igual que yo, le ocurrirá a cualquier persona buena. Ellos sin embargo parecen desarrollar esas tareas, como si el destino de un importante número de seres humanos no les importara lo más mínimo.  

Si eso le ocurre a quién juega con el destino de unos pocos trabajadores, no quiero pensar cómo afectará sobre el ánimo, si en la vida has llegado a ser miembro destacado del Fondo Monetario Internacional. Un triunfador en esencia y en cuyas manos está el futuro bienestar de todo un país.

A cambio de un crédito considerable y difícil de devolver, vas a obligar a toda la población de un país para someterse a una política de ajustes que va a impedir el bienestar social. Vas a imponer el recorte de derechos económicos sociales e incluso culturales, así como la drástica reducción de subsidios y la reforma regresiva del régimen jubilatorio, eliminando las políticas que sustentan estos logros de otro tiempo.

Ya sabemos, por experiencias propias y ajenas, que el control de las políticas nacionales en manos del FMI implica la pérdida de derechos en materia de salud, trabajo, vivienda, y el acceso a la jubilación.

Volviendo al principio, debe ser francamente duro, saberse responsable máximo de estas medidas, sobre todo si actúas sobre un país que ya supera un 27% de pobreza.

Alguien que aplique estas medidas debe estar hecho de una pasta muy especial, de la que me enorgullezco no poseer, y probablemente lo mismo le ocurrirá al lector. Podríamos decir que cualquiera buscaría un sistema de recaudación del préstamo menos doloso y, si me apuran, más equitativo, en el que sacrifique más quien más tiene.

Todo ello debe ser como para, por lo menos, afectar la conciencia de cualquier persona bien nacida. Pues resulta que no.

Cuando vemos funcionarios del Fondo, no vemos ejemplo de alguien apesadumbrado por las medidas que se ve obligado a tomar, y según ascendemos en el escalafón administrativo, vemos que el aspecto despreocupado se convierte en abierta altanería y el convencimiento de pertenecer a una raza superior, cuya voluntad siempre se cumple, y por supuesto están por encima del derecho que rige para los demás. Vamos a dar un repaso a los últimos: Horst Köler, director del FMI, entre los años 2000 y 2004, que pasó a ser presidente       alemán que se presentó en Afganistán manifestando que las fuerzas armadas protegían los intereses económicos de Alemania. Tal arranque de sinceridad le costó el puesto.

Su sucesor fue el español Rodrigo Rato. El ministro de Economía de Aznar, que abandonó en el 2007 -sin anticipar la llegada de la crisis- para hacerse cargo de un banco que llevó a la ruina, y que tras una denuncia presentada por miembros de una plataforma anti-corrupción, ha sido condenado a cuatro años y medio por los delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales.

Mientras tanto, en el año 2007, se produce el escándalo más vergonzante de todos: Dominique Strauss-Kahn es detenido por la supuesta violación de una trabajadora del hotel neoyorquino en el que se hospedaba. Más tarde fue liberado.

No sabemos si se llegó a un acuerdo con dicha trabajadora. Lo que si sabemos es que, naturalmente, perdió el cargo.

Y por fin llegamos a la primera mujer al frente del Fondo. Seguramente han oído hablar de ella. Según he sabido, el presidente Macri la quiere nombrar algo así como la Novia de Argentina: Christine Lagarde. Esta señora de aspecto severo e inflexible, fue imputada el pasado año por el caso Tapie. Allí se le acusa de la adjudicación fraudulenta, en 2008, de 403 millones de euros, como compensación a Bernard Tapie, amigo personal del por entonces presidente Nicolas Sarkozy, siendo ella ministra de economía en Francia. Nada de ello le afecta, y afirma que continuará al frente del FMI.

Esta es la gente que domina nuestro mundo. Gente cuyos currículums están absolutamente manchados. Gente salpicada de corrupción a niveles muy altos. Gente que comete los delitos más indignantes y algunos de los más vergonzosos. Gente altanera. Gente sucia. Mala gente.

29/07/2016

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