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Columnistas
02/10/2018

La economía "K" y sus valoraciones

La economía "K" y sus valoraciones | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En esta nota el autor, profesor e investigador de la UNC, sintetiza el debate de un taller realizado en la facultad de Economía en base a cinco libros sobre la economía durante el kirchnerismo: el de Matías Kulfas; uno de Flacso, el de Claudio Scaletta, otro del Cenda y otro de Mariano Féliz, del Conicet.

Juan Quintar *

En términos de políticas económicas, salvo el interregno muy breve de Grinspun, hay una continuidad notable entre 1975 y 2001 que da forma al modelo rentístico financiero en Argentina. Todos los textos de historia económica señalan esa continuidad en detalle y también las rupturas, muchas veces imperceptibles. Ahora bien, esa continuidad no está tan clara a partir del 2002, sea por el discurso del peronismo o por la misma crisis del 2001, hubo una fuerte tendencia a plantear que allí hubo una ruptura, una especie de “año cero” que dejaba atrás el neoliberalismo, al que hoy estaríamos volviendo. El tema no carece de importancia, ya que quizá no estemos “volviendo” porque nunca nos fuimos, en tal caso habrían sido simplemente políticas diferentes en el mismo modelo y los consensos respecto al mismo serían más sólidos que lo que cabría suponer. Por eso resulta valiosa la valoración de esa experiencia (2002-2015). El punto de partida para esa revisión sería: ¿cómo puede valorarse esa política económica en términos de rupturas y continuidades respecto a ese modelo que se iniciara en 1975? En cuanto a las primeras, Matías Kulfas, que fuera integrante de aquel gobierno, señala que la ruptura está en el plano de la reformulación de la relación Estado- mercado, es decir, en la modalidad de regulación, (perceptible en las retenciones, la política de tarifas, el tipo de cambio, etcétera). Para los economistas de Flacso, liderados por Basualdo, se trata de un nuevo régimen de acumulación y casi en la misma línea, Claudio Scaletta, el más “K” de los aquí comentados, señala que hubo unabandono del régimen neoliberal[…] un giro importante en la distribución de los ingresos. Para los economistas del Cenda (donde se encuentra Kicillof, entre otros) se trataba de un nuevo patrón de crecimiento. Hasta aquí, esas valoraciones convocan a una pregunta casi inmediata: ¿La expansión de 2002 a 2008 –los años de éxito del “modelo”- tan sólo 6 años, permite hablar de cambio de régimen de acumulación o abandono del régimen neoliberal (Flacso; Scaletta)? ¿De cambio estructural o cambio en el patrón de crecimiento (Cenda)? Los mismos economistas del Cenda matizan un poco sus apreciaciones y afirman que probablemente sea prematuro sostener que se trató de una transformación estructural, proceso que, por otra parte, requeriría indudablemente de un lapso más prolongado de desarrollo.  Y por si no quedara claro, señalan que luego del vigoroso repunte y posterior ciclo de alta expansión económica que siguió al colapso de la convertibilidad, a partir del año 2008 el nuevo esquema comenzó a mostrar claras señales de conflicto y declinación, lo que se reflejó en una dinámica más pobre de las principales variables […] Estas perturbaciones internas precedieron a la irrupción de la violenta crisis mundial del 2008 (subprime y zona euro). Se asoma entonces la posibilidad de que haya más exceso de lenguaje que realidad en valoraciones tipo Flacso y Scaletta. Saliendo de estas apreciaciones generales, las rupturas parecen ser más visibles en temas específicos: las características del endeudamiento, por ejemplo; el hecho de que el sector productivo liderara el crecimiento y el consumo privado del mercado interno aportara más del 50% del crecimiento o las políticas sociales, Kulfas, el Cenda; Scaletta y Flacso coinciden en ello.

Lo que resulta interesante es el señalamiento de las continuidades con la economía del peronismo de los ‘90, porque de alguna manera ello impone cierto tono de mesura a las valoraciones de los mismos autores, a la vez que señala los límites de aquella política y quizá cierto consenso –no explicitado- respecto a lo que debe o no cambiarse. Yendo nuevamente de lo general a lo particular, si hay una continuidad bien señalada por Matías Kulfas es respecto a lo que Aldo Ferrer llamaría capacidad dirigente para la densidad nacional, en tal sentido, esa experiencia fue “un proyecto político con extraordinaria construcción y planificación a largo plazo que se negó sistemáticamente a planificar la marcha de la economía” (Kulfas) de manera que lo que primó fue el pragmatismo de “no curarse en salud”. Por decirlo de otra manera, ¿Por qué recuperar las comunicaciones, el gas o las rutas concesionadas si ello no genera mayor problema? El máximo ejemplo de ello fue la política energética, de nuevo Kulfas, si bien la recuperación de YPF fue fundamental para resolver la coyuntura, llegó después de insistir en el funcionamiento del esquema de los ’90, y la situación estructural crítica continuó porque el sector energético en conjunto no acompañó el proceso con el mismo impulso a la inversión que la YPF recuperada. Es que la estructura energética, su dinamismo, estaba trabada por la herencia que se había sostenido y respetado (Kulfas). Algo de esto señala Scaletta cuando afirma que “no hubo desde un comienzo voluntad de reestatizar las empresas públicas ni la infraestructura privatizada en los ’90, como las concesiones viales, los servicios públicos o la energía (habría que agregar las comunicaciones). Tampoco de transformar el sistema financiero. Las empresas que volvió a controlar el Estado son las fallidas en manos privadas…”. Lo que decíamos, ¿por qué curarse en salud? Específicamente en cuanto al desarrollo industrial Kulfas señala que “a pesar de algunos tibios intentos, como el lanzamiento del plan productivo en 2007, no se llegó a constituir una iniciativa de planificación del desarrollo industrial y productivo en general” y Scaletta es aún más contundente en este sentido al afirmar simplemente que no hubo un programa económico de industrialización. Los economistas del Cenda redondean el cuadro de continuidades señalando el nivel históricamente bajo de los salarios, la persistencia del empleo precario e informal, la orientación  predominantemente primaria de nuestras exportaciones y la recurrente tendencia a la fuga de capitales, ya sea sistemática u ocasional. Finalmente hay autores que, desde una perspectiva ideológica fuertemente marxista, como Mariano Feliz, ponen tan alto el nivel de continuidades que hablan de un modelo donde el capitalismo mediante esta experiencia, que llaman neodesarrollismo, ha mejorado la tasa de ganancia de los grandes capitales concentrados a través de una reprimarización de la economía en base a la extracción minera y agropecuaria. Para este autor el neodesarrollismo kirchnerista sería como una fase superior del neoliberalismo.

La exploración que aquí muy brevemente exponemos, y que cada autor argumenta con datos y gráficos, no es puramente académica. Son interpretaciones que nos pueden dar una dimensión más o menos aproximada de los problemas estructurales que el país arrastra desde que el modelo de renta financiera se iniciara, a mediados de los setenta, su solidez y consenso, como las dificultades para cambiarlos y la voluntad disponible para hacerlo.

 

Bibliografía consultada:

  • Basualdo, Eduardo (Editor). Endeudar y fugar. S XXI. Bs As, 2017
  • Kulfas, Matías. Los tres kirchnerismos. Ed. S.XXI. Buenos Aires, 2016.
  • Mariano Féliz y Emiliano López. Proyecto neodesarrollista en la Argentina. Ed. El Colectivo – Colección “Cascotazos”. Bs As, 2012.
  • Scaletta, Claudio. La recaída neoliberal. Capin. Bs As, 2017
  • Cenda (VVAA). Anatomía del nuevo patrón de crecimiento (2002-2010). Bs As 2010.


(*) Docente de la Universidad Nacional del Comahue. Profesor en Historia y doctor en Pensamiento y Cultura en América Latina.
29/07/2016

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