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La propuesta de este artículo es muy pero muy sencilla: acordarnos. Tan simple como eso. Porque mire a su alrededor: ¿no le parece que, como sociedad, el acordarnos no nos estaría funcionando en lo más mínimo? Un chico participa de un saqueo por comida, muere asesinado de un tiro en el pecho y nosotros rápidamente nos ponemos a hablar sobre si el que disparó lo hizo en legítima defensa, sobre si lo mandaron o no lo mandaron los de la Cámpora y demás cuestiones mientras un puñado de no más de cien banqueros y empresarios especuladores de la bolsa se llevan del país (concretamente, en nuestras narices) miles de millones de pesos convertidos en dólares por semana. Pero nosotros tenemos miedo de verle la cara a la muerte, la muerte de un pibe, entonces solo queremos hablar de una fotocopia de un manuscrito y de bolsos que nadie encuentra
¿No estamos medio flojitos de papeles con esto de ejercer la memoria, con esto de acordarnos?
Por eso este artículo trae un pequeño punteo de diversas obras audiovisuales de diferentes géneros que, desde 1982 hasta la fecha, han encarado desde distintos puntos de vista las tres grandes crisis socio-económicas que vivió nuestro país, dos de ellas democráticas y una –la desatada por José Alfredo Martínez de Hoz- dictatorial. Es decir: en la primera no tenemos “la culpa” (ponele), pero en las otras dos…
Mejor arranquemos.
01 Plata Dulce (Fernando Ayala, 1982)
Esta es la más conocida de todas las películas de esta lista, y es la única que retrata la primera de las crisis (la dictatorial), aquella que se desatara a causa del plan económico anunciado el 2 de abril de 1976 por el ministro José Alfredo Martínez de Hoz: congelamiento de sueldos, disolución de paritarias, liberación de los controles de precios, reducción a las retenciones sobre las exportaciones y la inauguración formal del show de pedido de créditos al FMI (400 millones de dólares de un solo saque).
¿Les suena familiar todo esto?... Para refrescar más la memoria les dejo el slogan para los primeros meses de la dictadura, que fue: “achicar el Estado es agrandar la Nación”.
Con el guión escrito en 1980 por el trío conformado por Oscar Viale, Jorge Goldemberg y Héctor Olivera, el film recién pudo terminarse y estrenarse en 1982, cuando el salario real de los trabajadores había caído un 120 % desde 1976.
La película es hermosa, difícilmente -más allá de sus cualidades y defectos técnicos- envejezca, porque da en el clavo exacto de la idiosincrasia argentina: víctimas, vivillos, especuladores y abyectos se amontonan en esta comedia que cuenta la historia de un grupo de personas atropelladas por la crisis desatada por un gobierno que, aparte de ser totalitario y asesino, apostaba a la carnicería económica neoliberal. Algunas de esas personas intentan sobrellevar la vida de una manera, y otras, de otra. Por eso, ver al personaje de Molinuevo (De Grazia) tratando de laburar de cualquier cosa para subsistir a la pulverización de su pyme y al de Bonifatti (Luppi) queriendo brillar inescrupulosamente en el mundo de la especulación financiera, es algo que nos pinta como personas sociales muy pero muy claramente. El final de la película es súper moral, no debe haber película más moralista en este país de entre todas las que haya retratado una crisis. De todas maneras, 36 años después: ¡parece que no aprendimos nada!
02 El Viaje (Fernando Solanas, 1992)
Uno piensa en películas como “La deuda interna” de Miguel Pereyra, un golpe de megáfono que nos alertaba sobre el desastre en el que estábamos cayendo económica y culturalmente; o en “Alambrado”, del chileno Marco Bechi, un preanuncio de la rifa menemista por la tierra patagónica a millonarios y en filmes de ese tipo puede ver claramente el color de una época infame. Pero si bien hay películas de ficción anteriores a “El viaje” de Pino Solanas que retratan la crisis desatada por la hiperinflación del 88-89 y el arribo del menemismo (nuestra primera gran debacle económica en democracia) es el film del senador peronista el que ha quedado más presente en la memoria de los argentinos.
Motivos le sobran: por tamaño, por mérito, por realismo mágico presente, por su desmesura bella, en definitiva: porque –mal que les pese a muchos advenedizos- Pino es de los mejores directores de cine que ha tenido y tendrá este país. Vos la viste, pero es hora de que se la muestres a tus pibes.
¿Por qué es tan fuerte hoy el mensaje de este film?: porque ésta es la historia de una promesa rota, despedazada en la mentira. La promesa incumplida de un padre a un hijo adolescente, que decidirá salir a ver que tiene el mundo para él y, en ese recorrido, militar su propio destino. En medio del camino verá que la realidad colectiva es dura porque los que dirigen los destinos de “todos” son… como decirlo… neoliberales. El resumen argumental de Wikipedia es genial, permítanme copiarlo aquí. Y dice:
“Esta obra expone una clara crítica a las políticas neoliberales de los gobiernos sudamericanos, que, en la época en que el film vio la luz, respondían de manera exacerbada a las recetas económicas de los países centrales y, al mismo tiempo, intenta brindar un mensaje esperanzador a los espectadores.
La crítica se hace patente, por ejemplo, mediante la paródica introducción de un personaje como el corrupto Dr. Rana, que pareciera fusionar, como mínimo, las características físicas del otrora presidente del Brasil, Fernando Collor de Mello, y gestuales y oratorias del ex presidente argentino Carlos Menem y que, además, con sus apariciones pone en evidencia la decadencia de la clase dirigente del momento.
El mensaje de esperanza es transmitido mediante cada uno de los personajes que apoya y ayuda al protagonista. En tal sentido, es importante mencionar la aparición del simpático chofer Américo Inconcluso, que aconseja y acompaña a Martín en su travesía, exponiendo la faceta solidaria del pueblo latinoamericano”
Más claro, echale agua. Y bien, el Dr. Rana está de regreso. Decime si exagero…
03 Yo tenía un plazo fijo (Emilio Boretta, 1990)
Emilio Boretta, como laburante, ha sido el asistente de dirección de muchos de los éxitos de taquilla más bizarros de la historia del cine argentino (“Mingo y Aníbal contra los Fantasmas” y “Correccional de Mujeres”, entre otras perlas de lo border); como director solo tiene dos películas en su haber: la impresentable “Paraíso Relax”, una “comedia” rayana a la apología de la trata de personas a través de “simpáticos” clientes de la prostitución, y este film para la televisión en el que –entre tanta desmesura argumental- nos permite, a la luz de los años, ver –así como lo vimos en “Plata Dulce”- como suele reaccionar el argentino de clase media frente a las crisis: por lo general pensando en sí mismo.
¿Cuánto de posible y cierto hay en toda esta ficción desmesurada como para hacer una generalización que permita catalogar al argentino medio y posicionarlo definitivamente en el corner de los egoístas? Ah, no sé, eso le toca solucionarlo a usted, que lee esta nota… ¡no le va a pedir algo tan complejo a un simple redactor de periodismo cultural!
En el film, poco visto por el público grande de la Argentina, ya que solo se pasó una vez por televisión, Guillermo Francella y Rodolfo Ranni hacen de dos “clase-medios” que pretenden enriquecerse jugando con la plata de sus familiares y vecinos a la timba financiera. El resultado es el esperado, porque la moraleja es la de siempre: aquí solo pueden ganar los ricos, jamás uno de una clase inferior, menos de la clase media, que siempre quiere más de lo que tiene.
El film –en términos estéticos- envejeció bastante mal, pero bien vale pegarle un vistazo como para poner en valor nuevamente, en el cuadro de nuestros análisis personales, aquel espíritu menemista de creer en espejos de colores a través de un individualismo bobo y colaboracionista. Nada que –de otra manera, pero no tan distinta- no esté sucediendo hoy por hoy.
En materia de simbolismos que bien pueden ser de actualidad, hay un diálogo cortísimo entre el personaje de Francella y el de Ana María Giunta que es realmente delicioso. Él llega a la cocina y ve que ella quiere apalear en la cabeza a un personaje secundario: “¡¡Por qué tanta violencia!!” grita él “¿Para qué están las palabras?” Le pregunta reflexivo: “¿Palabras?” le contesta con sorna la Giunta “¡En este país lo que sobran son las palabras!” le dice. Uno la escucha, piensa en el discurso del lunes del presidente Macri y se queda meditando sobre lo que en verdad significa la violencia…
04 Felicidades (Lucho Bender, 2000)
Jamás el cine argentino pudo construir desde la ficción un collage coral tan perfecto y equilibrado como el que el genial Lucho Bender entretejió en esta ácida comedia que llegó doce meses antes de que todo se fuera literalmente al carajo en nuestro país.
Quizás ésta es la película de este dossier que más refleja la situación actual de Argentina, pues está plagada de personajes desanimados, seres que buscan una salida emocional feliz, pero se encuentran prisioneros de la fase de la crisis social en la que la mayoría del pueblo está apagado, deprimido, más tristes que enojados. Así que mire alrededor: ¿es o no es exactamente el punto colectivo en el que nos encontramos hoy como sociedad? La sensación es que está empezando a pasar cada día más, día tras día: la tristeza por la falta de futuro concreto es la antesala del estallar.
En “Felicidades” Lucho Bender consigue poner en escena un verdadero catálogo de bellos perdedores, adorables personajes intergeneracionales y de diferentes clases sociales que –en la peculiar víspera de la navidad de 2000- intentan ser felices en una Argentina apagada. Los aciertos en la elección del casting son adorables, cada personaje brilla en la película con luz propia. E incluso algunas inclusiones llegan a ser visionarias: Cacho Castaña hace de un oscuro y chanta oficial de la policía federal disfrazado de persona carismática y Alfredo Casero de un infeliz portero servil y corrompible que se la tira de moralista y simpático. Cualquier similitud con la realidad actual ¿es mera coincidencia?
Agridulce, cómica, tierna y descarnada. Esta aventura, la única película del genial Bender (QEPD), es una pieza implacable de un momento de la Argentina que no debería repetirse… ¡pero se repite!
Verla no solo es un placer; es una necesidad.
05 Oscar (Sergio Morkin, 2004)
Cerremos esta saga con un buen documental. Si bien existen muy buenas piezas documentales de corto, medio y largometrajes que reflejan las últimas dos crisis económicas en Argentina, ésta que vamos a recomendar posee una profundidad difícil de alcanzar porque –al mostrarnos a un artistas que interviene activamente la publicidad callejera- surfea todo el tiempo en lo simbólico con una fuerza casi irremplazable.
Afuera dejaremos entonces “La sal de la tierra” (Raúl Tosso, 1990) documental sobre la solidaridad de los marginados en los hornos de pan de Santa Fe durante la crisis de la hiperinflación. No hablaremos de “Ilusiones perdidas” (Marcelo Céspedes, 2001) película estrenada durante la crisis de 2001 pero que habla sobre la toma del diario “La Razón” durante la crisis del 89. Tampoco mencionaremos “A la gorra” (Leo Ricciardi, 2002) documental que muestra una innumerable cantidad de artistas callejeros en Buenos Aires, en el marco los más bajos índices de turismo nacional e internacional de la historia de la ciudad. Y afuera quedarán joyitas casi desconocidas como el corto “300 y tickets” (Santiago Ponferrada y Marina Ponce, 2002) una sátira fenomenal sobre la precarización vivida en aquellos años de Duhaldismo de transición.
Ahora vayamos a “Oscar”, nuestra última película. El documental cuenta la historia de Oscar Brahim, un artista plástico que trabaja diez horas por día manejando un taxi por Buenos Aires. Más que seriamente acuciado por la crisis económica vigente, Oscar no se amilana, carga pinturas y afiches en desuso en el baúl del taxi y –durante el transcurso de su jornada laboral- frena el taxi en diferentes partes de la ciudad e interviene las gigantescas publicidades callejeras con mensajes contra-publicitarios de alto impacto.
¿Es una contravención lo que hace o un acto de justicia poética a través del arte? Sin lugar a dudas para la ley es un delito. Usted, que mira el documental atentx, decide que nombre le pone a este recorrido de Oscar en el que resignifica lo que la publicidad, a través de du bombardeo contante, nos está diciendo todo el día a toda hora. Sobre todo en tiempos de crisis, que es cuando –forzosamente- la publicidad nos miente de manera más descarada.
Brillante relato, con la cámara casi sobre la espalda de Oscar, el documental no solo nos muestra la posibilidad “terrorista” que la intervención de publicidades trae de sí, sino que también nos acerca a otras personas que viven la crisis y nos muestra cómo reaccionan cuando interactúan con el “guerrillero publicitario”. Estimulante por donde se la aborde.
Hay un análisis muy bueno del film hecho por Nicole Rehis entre otras cosas- señala:
“En un mundo de economías globalizadas el ser humano se ve cada vez más a la merced de los poderes persuasivos que ejercen las empresas para incrementar las ventas de sus productos. El consumidor se ve forzado a encarar un mundo de mensajes publicitarios que constantemente le sugieren necesidades supuestamente insatisfechas que puede y debe satisfacer mediante el consumo de tales productos anunciados.
La sobremediatización y la polución visual que provocan dichos mensajes (carteles, afiches, pantallas, chupetes, comerciales en radio y TV) le dejan al ser humano poco espacio y tiempo para cuestionarse con respecto a la verdadera necesidad, el valor, el origen, las condiciones de producción y el beneficio de dichos productos de consumo masivo”.
Es interesante porque, como sugiere Nicole, no solo tenemos que prestar atención a lo que las publicidades nos dicen, sino también a lo que –con la más pura estética publicitaria- las usinas masivas de noticias y nuestra clase política nos dicen cada día.
“Oscar” piensa en eso y actúa en consecuencia. Su intervención urbana burlándose de la paranoia que desataron los medios como el grupo Clarín, el Ámbito Financiero de Julio Ramos y La Nación en torno a la llegada del virus del anthrax a la Argentina es simplemente genial.
Si dijimos que “Felicidades” es necesaria para cotejar cómo está nuestro ánimo social hoy por hoy, ver “Oscar” es necesario para volver a tomar lectura de lo tremendamente pavotes que podemos ser cuando nos quieren llevar de las narices desde los medios…
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