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Uno
El periodismo que practicó Rodolfo Walsh entre 1976 y 1977 en condiciones absolutamente adversas que no impidieron su eficacia, pone en cuestión el oficio en la actualidad. Aunque las situaciones, rasgos y características de ambos períodos son disímiles, es posible pensar un correlato que traduzca, a través de los años gestos y posiciones y los adapte a las necesidades de la época.
La dictadura de 1976 fue una novedad respecto de los golpes de Estado anteriores; el mandato constitucional actual también lo es si se lo compara con cualquiera de sus predecesores desde la restauración democrática de 1983. Ni siquiera es asimilable al período comprendido por las presidencias de Menem y De la Rúa.
El cerco informativo de la dictadura y las empresas periodísticas contra el que debía combatir Walsh mutó en otra clase de cerco: la saturación mediática que funciona hoy como espejo ciego y bloquea cualquier clase de crítica. Es decir, hay una pared informativa sólida, blindada e impermeable cuya principal función es adormecer -cuando no eliminar- todo pensamiento crítico en la sociedad. Los comunicadores de la dictadura intentaban convencer a la mayoría de la sociedad de la necesidad de purgar el pecado por la lucha popular, fuente de todas las desgracias argentinas; ahora se trata de persuadir al común de la gente de la imposibilidad del desarrollo nacional autónomo y de un bienestar más o menos generalizado. Se trata de trabajar con propuestas injustas que se presentan como la justicia inevitable mientras la agenda oficial solapa los verdaderos problemas del pueblo -caída del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, devaluación, desocupación, cese de políticas sociales. El resultado: la autoestima hacia la baja en lo individual como contraparte de la imposibilidad de una sociedad equitativa y una Nación autónoma. Todo con información manipulada y propalada en serie y sin límite temporal.
Dos
La experiencia de Ancla descartaba el texto panfletario o propagandístico y, en cambio apuntaba a crear una agenda propia -opuesta a la que imponen o pretenden imponer los medios del sistema- y buscaba modalidades comunicativas que se adecuaran y sostuvieran la acción política. El cable mimeografiado entonces, el portal de noticias ahora.
Rasgos distintivos de la crónica necesaria según el “manual de estilo Walsh”: eficaz, precisa en los términos y que confronte entre las varias fuentes consultadas. Eso le dará certeza y confiabilidad y por eso mismo será “políticamente eficaz” (cfr. Lucila Pagliai) porque, justamente, será una modalidad comunicativa “adecuada”: la distancia con la producción periodística actual es abismal.
Sobre la base de los análisis de Aznárez, Pagliai y Pastoriza, pueden establecerse algunas herramientas básicas en la experiencia Ancla y, quizás, compararse como si en las actuales circunstancias el periodismo alternativo tuviera un correlato:

TresCon ese equipo e instrumental mínimos, la agencia pretendía producir cables de alto impacto para romper el bloqueo informativo. Para hacerlo, había que saber buscar, saber leer, hacer seguimiento de la noticia o del dato publicado (Lucila Pagliai). Las fuentes, además de los diarios y las revistas, eran los discursos y los boletines oficiales, los informes empresariales, los avisos clasificados, las guías. La mayor parte de la información es pública, sostenía Walsh. Quizás ahora es lo contrario: la abundancia de fuentes, de medios y de datos hace opaca la información. Lo verdadero se oculta debajo o detrás de lo verosímil. Un hecho verosímil puede adquirir más categoría de verdad que la verdad misma, y eso es algo que el periodista deberá desentrañar.
En la actualidad, el teléfono móvil “es la herramienta fundamental para chequear, conseguir los datos o, incluso, escribir la noticia”, explica la investigadora María Teresa Bernardi respecto de los periodistas de la región Comahue. Sin embargo, la difusión del dispositivo no implica un óptimo uso. En efecto, en su trabajo “Perfiles y rutinas de los periodistas regionales”, Bernardi dice que “el aprovechamiento del lenguaje digital como la hipertextualidad y la multimedialidad todavía es muy limitado”. Además, la crónica va camino de ser sustituida por la noticia breve, que es “el género más utilizado”.
Tampoco, y pese a las posibilidades que ofrecen los nuevos medios y su tecnología, no se produce interactividad con los lectores -en espacios de participación, plataformas o sitios web- y, en cambio, los contactos entre periodistas y lectores son de carácter privado. Con frecuencia, los contenidos se vuelcan en facebook, instagram o twitter; menos en youtube y otras plataformas.
Las condiciones laborales que revela la investigación son: precarización progresiva; las redacciones desaparecen como espacio de formación y la sobreocupación alcanza a casi la mitad de los trabajadores encuestados y, en todos los medios ocurre un alto porcentaje de multifuncionalidad.
En la región los portales de noticias compiten en el universo informativo con los diarios en papel. Ocupan un espacio que los grandes medios no abarcan -información vecinal, comunitaria, sectorial- y se apoyan, en muchos casos, en radios de frecuencia modulada o emitidas por internet, con lo cual contribuyen a armar una agenda de noticias distinta y, en algunos casos, alternativa que logra cierta diversidad que el mercado no parece admitir. Quizás sea una forma de periodismo más cercana a lo artesanal y vocacional que a una empresa periodística tradicional. Por lo general, se sostienen con publicidad de empresas, cooperativas e institucionales de los organismos del Estado y, a veces, de pequeños comercios de los barrios.
Cuatro
En Walsh operaba una suerte de inteligencia literaria que tenía a la palabra como principal instrumento de acción política. El trabajo de escribir produce una literatura incómoda: su periodismo es absolutamente incómodo: incomoda al poder, se incomoda a sí mismo porque no se acomoda. Quizás sea ésta la piedra de toque de estos días: ¿el periodismo incomoda o es complaciente? ¿La escritura, la imagen, el pequeño texto tuiteado trascienden el nivel del retruécano o proponen una corriente de ideas? La respuesta no está sólo en la actitud del periodista o la línea editorial del medio, sino en el estilo mismo. El estilo es el periodista. El periodista es su estilo.
Diferencias entre el “manual Walsh de estilo” según la práctica de por Ancla y el estilo dominante en el contexto actual de la información.

La pregunta, en este caso, es ¿cómo se aplica hoy esta propuesta? ¿Cómo se retira de escena el periodista y aparece la noticia en un contexto en el que es un animador más de los programas televisivos? En ese primer año de la dictadura Ancla apelaba a medios artesanales para la difusión de su información: hasta las armas habían cambiado. Walsh sostenía -lo dice en la cita del epígrafe- que el terror se afirma en la incomunicación y, por consiguiente, “hay que animarse a contar”. Entonces, la agencia -Walsh también en sus escritos- usan la voz ajena, la voz del testigo, la de quien anda por la calle y narra un hecho. Hay que escuchar las voces, parece decir, porque son otra fuente “pública”, que está ahí. El periodista -el escritor, el narrador- necesita “ver de otro modo”. Este cambio de mirada implica un desplazamiento, una desfamiliarización por parte del periodista que le permite “mostrar lo que no se puede decir”. Justamente, todo lo contrario de lo que ocurre en la actualidad, cuando el periodista protagoniza la noticia, explica al entrevistador qué hay que decir y concluye, ante el público, su moraleja.
Comparación sintética de rasgos en los contextos Argentina 1977/Argentina 2018

Bibliografía consultada:
Bernardi, María Teresa: Perfiles y rutinas de los periodistas regionales, Gral. Roca, Fadecs, 2018 (documento web).
Piglia, Ricardo: Las tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh; Bs.As., Eterna Cadencia, 2016. Págs. 169-212
Walsh, Rodolfo: Rodolfo Walsh y la Agencia de Noticias Clandestina (1976-1977), Lomas de Zamora, Sudestada, 2014. Prólogos de Carlos Aznárez, Lucila Pagliai y Lila Pastoriza.
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