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Columnistas
04/09/2018

La agonía de Cambiemos

La agonía de Cambiemos | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Estamos en los umbrales de una crisis institucional que no se produce y creemos saber por qué: la alternativa al desastre no tiene aún nombre y apellido.

Osvaldo Pellin

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Una vez más, en nuestra historia, vivimos la agonía de un gobierno neoliberal. Fue la dictadura, luego De la Rua y ahora Macri. Tres veces tropezando con la misma piedra. Pareciera no haber antídoto para semejante veneno.

Es más, la tercera experiencia fue votada por la ciudadanía en lo que podría denominarse una anomalía democrática. No solo no importó lo vivido en dos experiencias altamente negativas anteriores, sino que fuimos a buscar la tercera. Quien no aprende de sus fracasos históricos bien dicen que estará condenado a repetirlos o lo que se vivió como tragedia la primera vez la segunda se vivirá como farsa.¿Y esta tercera?

Lo cierto es que hay escarceos, rumores, sensaciones de fin de gestión. Se han empeñado en repetir que no será como en el 2001 pero no se niega que se acerca un cierre, a imagen y semejanza del 2001 o con visos más originales.

Si para la renovación electoral en época de Isabelita de Perón quedaban no más que unos seis meses y no se pudo esperar, irrumpiendo los militares no mucho antes de que se cumpliera el plazo legítimo, ahora tampoco, falta demasiado si contamos en días lo que queda para que una nueva elección determine la sucesión de Cambiemos.

Apura lo que apura siempre: la sensación de inminente desastre institucional tan grave como intolerable. Vacío de poder definían los militares a mitad del siglo pasado para auto justificar sus “revoluciones”.

La crisis financiera es de tal magnitud, que prácticamente se ha cortado la cadena de pagos o han desaparecido los precios de referencia en función de la consecuente inflación que se ha desbocado hasta aproximarse en sus alcances a una hiper, así como la ominosa certeza de destrucción del aparato productivo. El todo configura un síndrome que proyectará en la memoria de la sociedad las peores asociaciones medidas en términos de calidad de vida o en sensación de agonía.

El desconcierto de quienes componen el gobierno se palpa al cabo de cada discurso público, como que la trepada en la cotización del dólar se acentuó con el amén de cada disertación. Más vale que se callen, que no hablen, decía en voz alta un periodista angustiado, por los medios audiovisuales.

¿Quién va a tomar el toro por los cuernos al irse esta gente, la que curiosamente sigue ganando plata con la especulación? No el empleado, el profesional, el obrero especializado, sino los especuladores que para peor, son del palo del gobierno.

No se ve aún, totalmente enhebrada la alianza entre la clase trabajadora y la clase media como para pensar en un frente capaz de dar legitimidad a la renuncia de Macri. Quien lo demanda desgraciadamente todavía es una masa movilizada pero fragmentada sin visos de organización política y por eso mismo, sin conducción.

La masa crítica que aparece nítida en cada movilización se desvanece al día siguiente por ausencia de alguien que conduzca un plan de lucha previamente consensuado.

Quiero decir que la oposición con ser numerosa no termina de determinar un camino alternativo, al mismo tiempo que se aproxima la fecha de las elecciones del año que viene con una atmósfera social prácticamente irrespirable.

Estamos en los umbrales de una crisis institucional que no se produce y creemos saber por qué: la alternativa al desastre no tiene aún nombre y apellido.

29/07/2016

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