-?
 
 
 
Columnistas
01/09/2018

Culpar a la sociedad

Culpar a la sociedad  | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El poder económico siempre pretendió eliminar al proyecto de país que cuestione sus bases materiales de poder. Así fue que intento prohibir el peronismo, realizó un genocidio y en la actual coyuntura demoniza y quiere sacar del juego a la fuerza política de Cristina Kirchner.

Sacha Pujó *

 

  “Si todo es según el color del cristal con que se mira, conviene saber qué anteojos y anteojeras nos han puesto”.

                            Arturo Jauretche, Los profetas del odio.

 

En tiempos de crisis económica y social generada por el gobierno de Cambiemos, algunos intelectuales que responden a grandes intereses resurgen un supuesto esencialismo argentino como causa del subdesarrollo y de todos los males del país. Así puede observarse en una nota publicada en el diario La Nación en la que Fernández Díaz plantea que la sociedad argentina posee un “decadente sentido común”, compuesto por “creencias regresistas” como la causa del atraso del país. El estado kirchnerista según el autor abría incluso llegado a institucionalizar ese sentido común. Las creencias que menciona hacen referencia a diversos antagonismos como por ejemplo entre explotadores y explotados, entre pueblo y oligarquía, o entre lo estatal y lo privado.

No es una novedad estos lamentos de parte de intelectuales liberales.  Arturo Jauretche usaba el término Intelligentzia para definirlos: un grupo social que es el fruto de la colonización pedagógica, que parte del supuesto de la inferioridad nacional, y se siente depositario de una misión cultural que es adecuar el país a la imagen preestablecida por los centros de poder. La intelligentzia, según Jauretche, se torna esencial para la dominación imperialista de los países subdesarrollados al transformar sus ideas en fuerza material.

La comprobación del fracaso rotundo de los planes económicos llevados adelante por las clases dominantes lleva a estos intelectuales a indignarse con la sociedad argentina. Del destino de enclave europeo en América al desprecio y la denigración. Así plantean que existe una esencia nacional o hasta incluso un ADN del ser argentino que explicaría el fracaso económico social como país. Se oculta en realidad que es el fracaso de un determinado proyecto que responde al interés de una pequeña parte.

Pero esa indignación con la sociedad, no es otra cosa que la indignación con la indisciplina de una parte de la sociedad para aceptar un destino de país. Un destino de país chiquito, agroexportador, que no genera valor agregado, y que es fuente de valorización financiera de capitales que provienen del exterior, hacen ganancia rápida sin generar trabajo y fugan libremente riqueza argentina.

Los antagonismos no pueden eliminarse como plantean los liberales, por el contrario son constitutivos de la democracia, y negarlos es negar lo político como plantea Chantal Mouffe. El poder económico en la Argentina siempre pretendió eliminar al proyecto de país que cuestione sus bases materiales de poder. Así fue que intentó prohibir al peronismo, realizó un genocidio y en la actual coyuntura demoniza y quiere sacar del juego a la fuerza política de Cristina Kirchner, que hoy representa la única oposición real a sus intereses.

Sus miembros trasladan la teoría economía neoclásica del mercado a la política y conciben a la sociedad como una suma de individuos racionales que maximizan intereses, donde la política debería procesar las demandas individuales en un marco de dialogo y consenso. No existe para esta concepción la historia, los agrupamientos de clases y grupos sociales, las identidades colectivas, y se intenta reprimir el conflicto social.

Los antagonismos que resurgen históricamente indican que una parte de la sociedad argentina se resiste a no vivir dignamente. Por eso la ofensiva contra la calidad de vida que obtuvieron los sectores vulnerables, los trabajadores, los comerciantes y fabricantes nacionales en el anterior gobierno al punto de considerarlo una ficción. La ficción de desarrollar un país integrado, federal, con un mercado interno pujante y un Estado que compense desigualdades con el eje en el apoyo a la ciencia y la tecnología. Es que ese proyecto de desarrollo de país, en caso de consolidarse en el tiempo, socava las bases materiales y estructurales del poder sobre el que se asienta el gran capital extranjero de la banca, las multinacionales agroexportadoras, energéticas y mineras que extraen la riqueza nacional.  

La condición de posibilidad para lograr el desarrollo esta dado por cambiar las relaciones de fuerza entre las clases sociales y fracciones de clase que se construyeron en la dictadura cívico militar y consolidaron durante un cuarto de hegemonía neoliberal (1976-2001), como mencionan los economistas Schoor, Gaggero y Wainer en el libro “La restricción eterna”. Se trata de cambiar no solo la base material y productiva del país sino también la cultura y las ideas para poder cristalizarlo en el tiempo. Los países que lograron el desarrollo e incluso los que lo lograron de manera tardía como Corea del Sur, lo llevaron adelante con rechazo de los principios del liberalismo y aplicaron proteccionismo de sus economías. Para ello es determinante un Estado fuerte con políticas públicas de impulso y protección a la industria e inversión clave en ciencia y tecnología.

El problema es que existe una falsificación de la historia: una vez logrado el desarrollo postulan el librecomercio para el resto de las economías para poder colocar su producción y extraer riqueza libremente con bajo costo.  Los medios concentrados de comunicación, las fundaciones, los centros de estudios y diversas ONG promueven esas ideas en los países subdesarrollados. Como se demuestra en la actual coyuntura histórica regional, los gobiernos que intentan romper con ese lugar de subordinación en la economía mundial y la geopolítica son catalogados como corruptos o irracionales.

En paralelo la batalla cultural que emprendió el gobierno nacional contra el pensamiento crítico para sustituirlo por un pensamiento optimista y emprendedor, implica como se ha repetido en varias oportunidades, el intento de sepultar cualquier cuestionamiento a un orden social desigual. En este marco, ante un nuevo fracaso económico social se intenta culpar a una supuesta esencia de la sociedad argentina y se refuerzan mitos y creencias que son interpretaciones de la realidad. De esa manera no habría nada que hacer, solo presenciar con fatalismo el espectáculo de la crisis, donde unos pocos se enriquecen y la mayoría se empobrece.



(*) Magister en Políticas Públicas -FLACSO-
Lic. en Sociología -UBA-

29/07/2016

Sitios Sugeridos


Va con firma
| 2016 | Todos los derechos reservados

Director: Héctor Mauriño  |  

Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite

[email protected]