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Columnistas
28/08/2018

Universidades públicas, un objetivo a destruir

Universidades públicas, un objetivo a destruir | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Vamos hacia un país con un pueblo flaco en nutrientes y en conciencia, porque se están cercenando la diversidad y el acceso al desarrollo de sus capacidades creativas.

Osvaldo Pellin

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En el centenario de la Reforma Universitaria, las universidades nacionales, víctimas del ajuste, se ven en la obligación de parar sus actividades académicas por falta de presupuesto. Ya lo había intentado López Murphy y voló por el aire a los ocho días de haberlo anunciado. Eran tiempos de rebelión y desencanto, de mayor consenso de las fuerzas populares y por tanto de más fuerza operativa de la voluntad colectiva.

A la Ciencia y la Tecnología, el Conicet, el Invap y otras ramas de las organizaciones científicas promovidas y financiadas por el Estado les pasa lo mismo: asfixiadas por el ajuste económico ya languidecen en la inacción obligadas por el mismo Estado que las creó.

Se está destruyendo la intelectualidad argentina, lo que nos había caracterizado y diferenciado del resto de los países de Latinoamérica, la misma Latinoamérica que vivió aquellas jornadas de la reforma universitaria nacida en nuestra tierra, como una revolución digna de ser emulada. De nuevo la situación nos transporta a un “dejá vu” trágico, a aquella Noche de los Bastones Largos cuando el onganiato, desalojó Ciencias Exactas de la UBA, justo el lugar donde el departamento de Matemáticas a cargo de Manuel Sadosky había desarrollado la primera computadora concebida por científicos argentinos en toda Latinoamérica.

Lo que antes fue el conservadurismo católico ultramontano, ahora es el neoliberalismo de Macri, los que aplican el manual de la represión, el ajuste y el oscurantismo en aras de consolidar nuestra dependencia y entregar la autonomía de nuestras decisiones políticas soberanas.

El alcance destructivo de estas medidas aún no puede medirse, pero seguramente podremos calcularlo en la calidad educativa que recibirán nuestros profesionales, en la disponibilidad de los libros y revistas científicas que tendrán a su alcance y en el número de nuevos alumnos matriculados cada año y el de los egresados...

Quizás se espere que el lugar en que este Estado desplaza la oferta pública de la educación superior, sea ocupado por la educación superior privada, con lo que deberemos asumir, que el gran canal del ascenso social ascendente de nuestra clase trabajadora y sus descendientes se habrá obstruido por lo económico y elitista: también los estudios estarán reservados para los hijos de los ricos de hoy.

Dudamos mucho que la objetividad, la imparcialidad evaluativa y la disponibilidad docente y bibliográfica esté entre las premisas de las universidades privadas. La calidad educativa bajará y lo que se cubrirá para esas instituciones será la rentabilidad, como si el conocimiento no estuviese vinculado con la promoción de la extracción social del talento, la inteligencia y la creatividad.

Invertir en investigación ha puesto siempre a las universidades públicas a la cabeza de las instituciones formativas, cuya misión esencial es, recordémoslo, la creación del conocimiento y no su repetición libresca y memorística.

La finalidad de esta medida que es muy clara y desde la oligarquía la aplaudirán, es hacer de los estudios superiores un acceso prácticamente imposible para la masa de aspirantes de los sectores medios y medios bajos. Al respecto se expresó con certero fatalismo la gobernadora Vidal, cuando afirmó que las Universidades no están para que lleguen allí los pobres.

Se tiende a una universidad de élite donde se difundirán con más profusión las técnicas del marketing y negocios para una economía dependiente.

Vamos hacia un país con un pueblo flaco en nutrientes y en conciencia, porque se están cercenando la diversidad y el acceso al desarrollo de sus capacidades creativas. Así seremos presa fácil de los señores del capital financiero transnacional.

Macri habrá cumplido su sueño de convertir a la Argentina en una mercancía barata, sin historia y sin cultura. 

29/07/2016

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