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Columnistas
28/07/2018

Decime si exagero

Tápame los ojos

Tápame los ojos | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Ilustración: Agustín Celli

Si algo faltaba para terminar de alienarnos por completo era la llegada de robots que escriben notas para los principales portales periodísticos. Clarín ya los puso a trabajar entre lo más leído de sus portales. Bienvenidos a la realidad tipo Matrix, SkyNet o Tyrrel Corp. que se imaginó en ficciones inolvidables.

Fernando Barraza

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 “Tápame los ojos/ La luz cae sobre mi cara/ Líneas peligrosas/ Colores y formas peligrosas/ Diseños feroces/ Estoy conectado y listo para actuar/ Abrochado, apretado/( …) Es dolor y Cielo” 

(Steve Hogarth)

 

Bot es una apócope de Robot. Ellos están entre nosotros. Fueron creados a principios de siglo y empezaron a usarse comercialmente hace algo más de un lustro. En 2012, por dar un ejemplo sonado, la Fiat argentina hizo un lanzamiento publicitario bastante difundido en el que anunciaba la “contratación” de Luigi, un chatbot que contestaba preguntas a los posibles clientes y, para que todo funcionara con una familiaridad humana campante, aparte de bautizarlo, le pusieron una cara y lo vistieron como se viste a un correcto y confiable vendedor de autos. Otro ejemplo: en 2014 una empresa neuquina que vende colchones “contrató” para su web a Pilar, un chatbot al que no le adjudicó figura humana, pero sí género y nombre femenino. Pilar te contesta en línea las 24 horas, los 365 días del año.

Así, de a poco, los bots empezaron a meterse en nuestras vidas y, en más de una ocasión, los seres humanos hemos entrado en contacto dialógico con ellos, tal vez sin saber que conversábamos con un software que simula ser una persona y que busca interactuar con nosotros ejecutando labores automatizadas a través de estadísticas útiles, todas ellas desprendidas de nuestros comportamientos dialógicos más esenciales. Es que los bots, optimizados para el aprendizaje automático, combinan la inteligencia artificial con el reconocimiento de voz y los modismos semánticos que más usamos. Todo esto basado en la forma en la que los humanos hablamos “de forma natural”. Por eso son cada día más versátiles. A veces flaquean, claro, como cuando uno le pregunta a Pilar si Dios existe…

Allí, como habrán visto, el bot retrocede y le da paso a un ser humano (el asesor), capaz de decodificar una pregunta tan simple y de respuesta tan compleja como la que le hicimos. O no, quien sabe si el asesor humano tendrá ganas de contestar una preguntita sobre Dios.

Hay distintos grados de sofisticación dentro del universo bot. Es claro que Pilar es el (¿la?) bot de una colchonería en Patagonia, pero los hay muchos más complejos y preparados. 2016 fue el año en el que las grandes empresas anunciaron el avance de bots para otras cosas que no fueran la simple interacción comercial en la que vas a preguntar por la medida de un somier o el color de un cubre camas. Y el año pasado fue el gran año para la promoción y la venta de “bots” a nivel mundial: Microsoft, Facebook y Google a la cabeza promocionaron, en cuanto portal de divulgación científica y entretenimiento hubiera en el planeta, la llegada de bots “más inteligentes y humanos” a sus distintas plataformas.

¿Por qué ésta proliferación?: por motivos meramente comerciales.

La dinámica redituable pareciera ser ésta: si tu no consumes nuestras plataformas de ofertas a través de aplicaciones, pondremos robots que vayan a buscarte con la amabilidad de un vecino y te traigan hasta nosotros. El portal www.periodismoyredes.com lo explica en un artículo publicado este año, sin profundizar demasiado en cuestionamientos éticos, filosóficos o morales; pero un párrafo de la nota es claro en este sentido, el de la intención empresarial de las corporaciones al mejorar y ofrecer bots por doquier:

"La gente no descarga aplicaciones, al menos no tantas como pensamos. Aunque parezca raro, la gente sigue usando su móvil al estilo tradicional, solo que ahora usan apps para comunicarse con otras personas cuando antes lo hacía con SMS o llamadas. Las empresas tienen que gastar muchísimo dinero para intentar que te descargues su app.  Sin embargo, ahora las empresas pueden crear estos bots para relacionarse contigo en esas apps que usas todos los días. Es mucho más fácil empezar una conversación con un contacto de una empresa en formato bot que ir a la tienda, buscar la app, descargarla y registrarse. Son muchos pasos y la gente es por naturaleza muy vaga"

Más claro, echale agua.

Robo-Periodismo

Desde un tiempo a esta parte, las empresas grandes del periodismo internacional han empezado a experimentar en el uso de bots para redactar noticias en sus portales digitales. Algunos de ellos están orientados a un uso igual o parecido a los casos que citamos hasta ahora, es decir: más enfocados en la interacción directa del robot/escriba que satisface online al público lector que le pregunta, que en la generación “pura” de información periodística.

En los casos del uso de bots para contenidos periodísticos en sitios digitales, la decisión de “blanquearle” al lector que va a sentarse a leer/dialogar con un robot, corre por cuenta de la empresa o cadena que lo utiliza. La BBC, por ejemplo, hasta ahora viene anunciando oficialmente cada vez que pone a un robot frente a su audiencia. Pero no todos los medios o empresas de contenidos periodísticos actúan así. Clarín, por ejemplo, no lo hace. Igual esperen un ratito, no nos adelantemos con este tema clarinístico…

 Volvamos a la BBC. El 2 de abril de este año, la cadena británica de periodismo más famosa del planeta decidió informarle a todos sus lectores del planeta que un bot iba a desasnarlos sobre el tema brexit. Así fue como pusieron en línea a un robot que le contestaba a la gente acerca de uno de los tratados políticos más importantes en la historia del Reino Unido, y de la Europa actual toda. Para promocionar las bondades de aquel robot (sin nombre ni sexo, porque los ingleses son chicos serios), Mark Frankel, el editor de social media de BBC explicó que:

“Este (el bot) deconstruye lo que sabemos y lo que no sabemos (sobre el Brexit), y le da un sentido de contexto a los procesos de toma de decisiones, eliminando la jerga política y colocando las cosas en términos simples”

Más que en la aclaración sobre el importante paso editorial que significa delegarle la transmisión de una temática globalmente tan sensible a un software, el hincapié de Frankel (voz oficial de la BBC en este caso) estaba puesto en que el bot iba a “informar” de manera sencilla y sin el ruido ni la suciedad de la “jerga política” a millones de lectores a la vez y en cualquier parte del planeta desde dónde le preguntaran. Eficiencia, simultaneidad, “sencillez” y su correspondiente asepsia “objetiva” son solo algunos de los supuestos logros trascendentales que traerían de sí los bots que están llegando para informarnos a todos y a la vez. Allí también queda bastante claro cuáles son los objetivos redituables de su incorporación.

Bot-Glam

Pero ahora dejemos de lado por un rato a los bots “charladores” y vamos a ver un poco como se da el uso de estos softwares para la creación de contenidos exclusivos, sin tanta charla ni chateo en medio, con una sola dirección posible: el bot te escribe, vos lo lees.

El uso de bots para generación de contenidos periodísticos de una sola vía (emisor-receptor-fin del asunto) ha proliferado muchísimo desde que las redes sociales se han hecho carne en el uso cotidiano de la mayoría de los habitantes del planeta. Los logaritmos que las empresas trazan de cada lector/usuario a través de la utilización de la Big Data (tus detalles de navegación pública y privada, tus datos filiales, tus consumos electrónicos y tus datos personales brindados a las plataformas estatales) ha dado muchísimo trabajo a las grandes empresas editoriales concentradas, pues la posibilidad de ponernos publicidad en, por ejemplo, nuestros facebooks o –por qué no- en los portales de noticias nacionales en los que navegamos es inmensa, barata y efectiva.

Veamos un ejemplo bien práctico sobre cómo actúan estos “redactores” sin alma. Para la confección de este pequeño dossier, quien suscribe se metió en el artículo nacional escrito por un bot (artículo que más adelante vamos a analizar). Aquella nota mezclaba fama y drogas. Inmediatamente, al pie de la publicación mencionada, apareció un link para entrar en el portal norteamericano “Game of Glam”, uno de los sitios más visitados en el planeta, de difícil ubicación filial, ya que por más que se navegue intentando descubrir cual pulpo de la comunicación lo maneja y regentea, nada claro aparece en el horizonte. Aun así, si uno entra en el extenso link de “Términos de uso” de la web oficial de “Game of Glam” y se lee claramente que se demandará a quienes utilicen los contenidos que ellos mismo generan con robots. Un párrafo dice:

“Usted acepta no utilizar o iniciar ningún sistema automatizado, incluidos, entre otros, robots, arañas web o lectores sin conexión”

Es decir: nosotros podemos usarlos, generar contenidos con las llamadas arañas web (software que buscan contenidos en otros sitios y los utiliza posteriormente como propios), pero usted, simple lector, No.

Bien, aquel artículo que me propuso leer este portal estaba claramente escrito por un bot. Sus conjugaciones verbales eran extrañas y rústicas, el sentido semántico dudoso y las traducciones de algunos términos eran absurdamente literales. El “contenido” en sí, estaba forzosamente atado a entregarme a mí, que estaba leyendo una historia de fama y drogas, contenidos vinculados con… ¡famosos y drogas!

Así fue como el robot reunió un número bien heterogéneo de actores y actrices de Hollywood de diferentes edades y los “analizó periodísticamente” desde la perspectiva del uso o no uso de drogas. A veces se le complicó un poco la cosa, como cuando a Pilar, la de la colchonería neuquina, le preguntábamos por la existencia de Dios. Por ejemplo, sobre el bueno de Michael Caine el bot-glam me terminó diciendo:

Como verán la redacción, estilísticamente hablando, es rudimentaria, por no decir brutal, y los contenidos vertidos semánticamente son RIDÍCULOS (¿qué es eso de “suponemos que no es drogadicto o alcohólico”? ¡Por favor!)

Un ejemplo más. El mismo bot, en el mismo artículo, para mostrarme ahora a John Travolta, optó por decirme que el actor está en campaña por tratar públicamente casos de uso de estupefacientes, “informándome” que es “muy vocal contra los problemas de adicción a las drogas” (¿?):

Para terminar con el ejemplo de éste robot glamoroso norteamericano y pasar al GRA (Gran Robot Argentino, ¡já!) veamos algo que es quizás lo más inquietante en todo este planteo que hoy estamos haciendo. Si pensamos que el robot que escribió este artículo para mí (y para miles de personas en simultáneo en todo el mundo que quieren leer sobre famosos y drogas) ha juntado y seleccionado:

  1. Datos biográficos (edades, lugares de origen).
  2. Datos profesionales (películas, franquicias).
  3. Artículos relacionados con el uso de drogas por parte de esos actores y actrices, a través del uso de arañas y otros métodos de busca de metadatos. 

Debería al menos inquietarnos un tantito que el bot “analice” y “presuponga” asuntos relacionados directamente con decisiones morales de las personas, tal como lo hizo con Mía Farrow (a quien de manera estúpida, por un error de traducción fonética llama “Furrow”) de quien supone con una pregunta final que no ha vuelto a “aparecer” en escena desde hace casi diez años porque su hermano tiene problemas con las drogas:

Habrá quien no se pregunte de qué manera un robot ha llegado a una conclusión disruptiva de este tipo, como ha mezclado los datos recibidos para decidir por sí mismo y terminar eligiendo una pregunta retórica que dé cuenta de que él mismo “entiende” que Mía Farrow puede haberse “guardado” socialmente porque el caso de su hermano la amedrenta o la avergüenza. ¿Cómo un software realizó un razonamiento tan subjetivo y tan enraizado en la moral humana? A mí, que quiere que le diga… me da un poco de miedo.

 El Gran Robot Argentino

Fiel a  su estilo, el grupo concentrado más grande de Argentina, ha comenzado a utilizar bots para la redacción de noticias sin aclarar demasiado el asunto. Si bien desde septiembre de 2016 la empresa tiene uno interactuando con la gente en Facebook Messenger y lo anunció en un artículo de su portal digital, muy poco o casi nada es lo que la empresa ha informado a sus lectores en materia de desarrollo para la comunicación de estos softwares, publicando pequeñas notas desperdigadas, apostillas de divulgación científica en las que se habla con mucha amabilidad de la incorporación de bots a la comunicación vía internet, destacándose, por ejemplo, una mini-entrevista a Maximiliano Contieri y Andrés Augspach, dos desarrolladores argentinos de bots que –claro que sí- hablan con mucho entusiasmo sobre sus pequeños “hijos”.  

Más este año el grupo ha decidido dar un paso más allá, implementando el uso de bots para la generación de contenidos. Y no se trata de contenidos menores, mis amigos, no, no, no, estamos hablando de notas de las que solemos llamar en la jerga periodística como “notas de cabeza”, es decir: aquellos temas que son los más leídos en las publicaciones, aquellos que la gente va a ir a buscar con más frecuencia e interés que otros.

No solo es inquietante la manera burda en la que las máquinas escriben “por sí solas” las notas, sino que es como mínimo remarcable que la empresa le entregue a un software el poder de “informarnos” sobre temas salientes de nuestra vida como sociedad. Desde cualquier lado que lo analicemos la cosa es peluda: desde lo laboral/profesional es un caso casi de “Tiempos Modernos” de Chaplin, donde la máquina reemplaza al redactor y al corrector en pos de lograr las metas que hoy mencionamos: la rentabilidad que da la automatización, que – a diferencia del trabajo humano- con un bot se garantiza en cantidad superior e inmediatez. Y si lo analizamos desde el lado ético y filosófico el terreno no es menos farragoso, la cantidad de preguntas que se disparan de cara al futuro, con todos nosotros informándonos de los temas que nos interesan a través de notas redactadas por robots, es bastante grande el agujero existencial, ¿no?

Decime si exagero.

El 19 de junio de este año el gran diario argentino publicó en su portal una nota titulada “Harto e indignado, Ricardo Darín realizó un fuerte descargo”, una nota muy pero muy leída que traía en su interior las declaraciones que Ricardo había efectuado sobre la denuncia pública de maltrato que le hizo Valeria Bertucelli. La nota original fue escrita por un bot de una manera rudimentaria y bestial, estaba plagada de conjugaciones verbales inexplicables, aliteraciones sacadas de una traducción fonética directa y se mencionaba, por ejemplo, al “Ni una menos” como “Nadie menos”, que es la traducción literal de “No one less”, que es la primera traducción a la que se aferró la máquina, probablemente trabajando en diálogo interno con su propia programación original en inglés. Lamentablemente no he guardado capturas de pantalla de este adefesio, pero si Clarín pretende hacerme un juicio por calumnias… ¡espero que el profesor de comunicación y especialista en redes Fabián Bergero haya guardado las capturas que le envié al respecto!

Pero que Clarín no cante victoria, porque sí guardé las capturas del artículo “La madre de Pity Alvarez teme que intente suicidarse durante su encierro”, del 16 de este mes, y pienso compartirlas con todos ustedes. Véanlas con atención pues, en el transcurso de estas semanas y a raíz de su cantidad masiva de visitas, el artículo fue corregido. En el original se veían traducciones literarias como ésta que verán a continuación, donde el seudónimo “Pïty” es traducido como “Piedad” a veces y otras veces como “Lástima”, que no es otra cosa que la traducción literal de la palabra “Pity” sacada del inglés. Vean con atención lo que está en gris:

Los barbarismos son varios, acabás de leer la traducción “Piedad”, pero también el encomillado “me asusta el no murió”, que es una traducción interna y torpemente literal en español-inglés-español de la declaración original de Pity quien –claro está- no dijo eso, sino que dijo: “el no morir”. Hay más, mirá lo que hicieron con las declaraciones de su madre…

También mirá ésta captura, donde no solo ves otras brutalidades como la traducción del original “planes” convertido en “planos”, sino que ves como la máquina editó con mucha torpeza una fotografía de otra noticia policial, que tiene en imagen a otro Álvarez que no es Pity y a una niña que –por suerte- tiene la cara cubierta por una faja.

Para ir terminando con los ejemplos, aquí tienen en la cabeza misma de la nota original un sustantivo tan llamativo y desubicado en el contexto como “síndico”, probablemente traducido internamente del inglés “receiver”:

Vayamos Cerrando

Las diferencias entre un artículo escrito por un ser humano y otro escrito por un robot son tan notables como profundas. Si hay que ser conclusivos en un tema tan nuevo e inquietante como éste -el de la utilización de robots para escribir nuestro consumo informativo/periodístico cotidiano- tal vez no habría que apuntarle tanto a la crítica de lo rudimentario que resultan ser los softwares actuales, que lo son, porque dejarán de serlo en menos de lo que tardemos en darnos cuenta. Tampoco, me parece, debemos cargar demasiado las tintas en analizar moralmente a las empresas que los utilizan con fines comerciales y redituables claros. Sí mencionarlas e identificarlas, pero no detenerse tanto en demonizarlas por éste tema (tienen tantos otros en los que sí podemos demonizarlas con más ahínco…). Más bien habría que detenerse a pensar en cuál es el lugar que nosotrxs ocupamos en esta cadena de “modernización informática” de la comunicación. Mirémonos para adentro nosotrxs mismxs, lxs lectorxs; porque todos estos contenidos provienen de automatizaciones, estadísticas y logaritmos que se realizan en base a lo que nosotros buscamos y pretendemos de nuestros propios consumos culturales. Que quede bien claro: estos robots no hablan de otra cosa sino de lo que nosotros vamos “pidiéndoles”. Y esa es la clave.

Parece ser que lo que le estamos pidiendo a los bots es bastante simple, binario, infantil, virulento y tendencioso.

No olvidemos –por dar el ejemplo más famoso del mundo actual- que el 3 de octubre de 2016 Microsoft tuvo que retirar a su bot “Tay” de twitter porque en menos de una hora se volvió más racista, homofóbico y antisemita que cualquier usuario humano. Tay no hizo otra cosa que “tomar” conceptos de otros usuarios que intercambiaban y departían con él y los “perfeccionó”, tanto así que terminó siendo el cretino perfecto que terminó diciendo que “Hitler no hizo nada malo”, que “las mujeres son inferiores” y que “la supremacía de la raza blanca es innegable”. Todo lo que Microsoft le dio al mundo a cambio de un robot ultra-fascista es una disculpa insulsa en un comunicado que juraba que iban a “hacer algunos ajustes al bot”.

Quizás en el ejemplo de Tay quede bien en claro el rol de cada uno de los actores de este nuevo sistema de comunicación: el bot se alimenta algorítmicamente de nuestro odio, la compañía se desliga de toda responsabilidad y nosotros quedamos expuestos, demostrando que podemos hacernos los biempensantes y los ciudadanos educados, pero que en las redes y en internet (la manera que pareciera ser en la que nos vamos a comunicar cada vez mas) solemos ser unas bestias ávidas de violencia que difícilmente se planteen qué, por qué y para qué pensamos así .

Decime si exagero…

 

Final audiovisual

Para terminar, te dejo tres videos. El primero es una canción en su versión en vivo, tocada por sus creadores en 2004 en el Teatro Astoria de Londres. La canción es original de 1988, cuando no existían siquiera los teléfonos celulares en nuestras vidas. La canción es la que parafraseamos en el comienzo de esta nota y, con un ritmo pop-rock sumamente pegadizo, avizora un mundo de encierro y alienación en la sobreinformación que finalmente… ¡se terminó dando!

El segundo video es el tráiler de la película “Ella” (Her), de Spike Jonze, una alucinante historia de amor entre un ser humano y su sistema operativo:

El tercer video es un monólogo del maestro Hernán Casciari en el que cuenta una anécdota bien sabrosa sobre el creer o no creer de buenas a primera en los contenidos con los que uno se cruza en Internet. Quizás te aporte otras reflexiones para pensar el artículo que acabas de leer…

Espero que todo esto te sirva para pensar nuevos temas que van entrando como trombas a nuestras vidas. Nos vemos en la próxima y… ¡Decime si exagero!

29/07/2016

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