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Se suponía que el nuevo ministro de Energía iba a ratificar la política iniciada por Shell (perdón, por Aranguren) en el área; y vaya si lo hizo. En uno de sus primeros actos como ministro de una “multinacional de capitales nacionales” (las multinacionales no tienen patria, salvo que estén radicadas en EEUU) Javier Iguacel buscó el consejo de su par de EEUU, Rick Perry, ante quien aseguró que la política energética de la Argentina no cambiará tras la salida de su predecesor en el cargo.
El nuevo funcionario asumió el carácter neoliberal de un gobierno que nos quiere volver a la década infame (a esto se refiere Macri cuando dice que perdimos 70 u 80 años) y en Estados Unidos garantizó que el plan de “promoción” y concesiones a las inversiones no se modificará, como tampoco lo hará el actual esquema tarifario.
Traducido al español, esa “promo” incluye excepciones impositivas, permisos para enviar todas las remesas de sus ganancias al exterior y continuidad de la política de precarización laboral, baja de salarios y tarifas y dolarizadas.
Desguace de la actividad nuclear
En ese mismo viaje, Iguacel se reunió con el embajador argentino en Austria y candidato a conducir el Organismo Internacional de Energía Atómica (Oiea) en 2021, Rafael Grossi.
La intención del gobierno de Macri es transformar el complejo nuclear científico tecnológico con 70 años de desarrollo independiente y perfil exportador, que subsidia el 100 % de la medicina nuclear argentina y acompaña la investigación aplicada de la industria, en un instituto de tipo privado.
El gobierno planea regalarle al sector privado los 70 años de investigación y piensa dejar atrás el pensamiento estratégico y soberano. El plan se hace imposible sin reducir su planta de trabajadores, lo cual hará gustoso como en otros lugares del Estado, con despidos de los supuestos “ineficientes” para dejar pocos profesionales precarizados, atados a los proyectos que nos permitan los intereses de los países desarrollados.
Grossi no es cualquier persona; representante argentino ante la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (Ctbt) y candidato de Macri a director de la Oiea, defiende a las potencias nucleares. Su función es evitar el desarrollo en el área nuclear de ciencia y tecnología en los países subdesarrollados y principalmente en aquellos que puedan competir con las potencias como Estados Unidos, Francia, Canadá y ahora China.
Iguacel vino a poner el moño al enriquecimiento desmedido de las empresas de generación, transporte y distribución de energía, muchas de ellas ligadas a las familias de los funcionarios actuales, al propio presidente y a sus amigos. Vino a continuar con el regalo de Vaca Muerta, la joya hidrocarburífera argentina y a desmantelar el aparato científico tecnológico de la industria nuclear nacional.
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