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Lo que hemos perdido en estos dos últimos años, entre muchas otras cosas, son hábitos democráticos. La expeditividad autoritaria de la oligarquía en el gobierno, los ha ido erosionando hasta hacerles perder todo su perfil relacional con una sociedad que se encamina a ser vigilada, censurada, reprimida, ajustada, empobrecida.
Lo ocurrido con los trabajadores del subterráneo de Buenos Aires la semana pasada es una muestra de la ausencia de una imprescindible templanza, que deberían mostrar las autoridades. Conflicto que tiene sus raíces en la enorme carestía de los servicios básicos y en la pérdida de la capacidad adquisitiva del salario.
En la ocasión se acabó el diálogo y se desplegaron los palos abriéndose las puertas de la cárcel y la pérdida de la libertad de aquellos protagonistas que ostentaban posiciones reivindicatorias, legalmente representadas. Y que los funcionarios no se excusen con que el grupo que reclamaba no tiene personería gremial, porque sí tienen personería jurídica y, como se sabe, la Asociación de Trabajadores del Subte no solo son mayoría en la actividad frente a la UTA (Unión Tranviarios Automotor) sino que son protagonistas decisivos que deben ser consultados, si se pretende ser justos.
Los medios de prensa, a su vez no hicieron más que ocultar o distorsionar lo que ocurría, culpabilizando siempre para el mismo lado, y descargando de responsabilidad a quienes mandan o conducen estos conflictos y los agravan intencionalmente.
La población, a su vez, es víctima de las esquirlas dañinas del problema, y algunos sectores analizan la situación con escasa solidaridad hacia sus pares, los trabajadores, mientras desde los canales de televisión, amplificadores a sueldo del gobierno, no hacen más que culpabilizarlos.
Es evidente que los medios no recuperarán ya más su equidad de opinión, su neutralidad y objetividad informativa. Son direccionados abiertamente a respaldar los abusos del gobierno mediante el ocultamiento de los temas conflictivos, y temen el eventual retorno de un movimiento político asentado en lo popular, opuesto a la plutocracia.
Queda dicho: la democracia como expresión civilizada, se va borrando por las torpezas del propio gobierno que ha vaciado al Estado de recursos, y ha dado rienda suelta al capital financiero para aplicar ajustes y despidos en sus planteles de personal, sin ninguna exigencia equivalente que pudiese beneficiar a la población.
El diálogo tan pregonado, y tan cargado de hipocresía, no existe. La hoja de la guillotina que recorta sin cesar los salarios sigue posada sobre el cuello de los laburantes, y el diálogo es una pantalla para cumplir con la formalidad de sentarse para decir que No a las demandas de la parte más débil.
Este adiós a la democracia incluye el elegir y ser elegido en votaciones libres, sin proscripciones instrumentadas por el Poder Ejecutivo en connivencia con el Poder Judicial.
Hoy, en este clima social de crisis que se vive sin soluciones ni pausas, las elecciones libres aparecen amenazadas por el fraude. Pues no parece que el gobierno esté en condiciones de dejar el poder, cuando la pérdida del mismo implicaría que sus funcionarios deban rendir cuenta ante una justicia independiente, visto los latrocinios a los que han apelado para su ilícito enriquecimiento personal.
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