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Columnistas
28/05/2018

Los poderes de facto gobiernan y la sociedad civil está enfrente

Los poderes de facto gobiernan y la sociedad civil está enfrente | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

El macrismo, expresión actual de la derecha, ganó la elección de 2015 y llegó a controlar el Estado con una inmensa acumulación de fuerzas que utilizó con alevosía. Pero en el país existen ciudadanas/os y organizaciones activas que lo obligan a toparse con resistencias, protestas y oposiciones diversas.

Miguel Croceri

Mauricio Macri consiguió en la elección de 2015 lo único que le faltaba para llegar al gobierno: una mayoría de votos ciudadanos que lo legitimaran. Pero todas las demás fuentes de poder ya las tenía de su lado.

Contaba desde antes con el respaldo de los banqueros y los empresarios del campo, el comercio exterior, la industria y los servicios; el aparato judicial; el cártel Clarín y las demás cadenas mediáticas; las mafias del espionaje; y los ejércitos de abogados y economistas que están al servicio de los poderes permanentes, entre otras fuerzas que ejercen de facto -de hecho- su peso determinante sobre el conjunto de la población.

Además, al obtener el mando del gobierno de la Nación, también pasó a tener de su lado al aparado armado del Estado (policías, gendarmes, Prefectura Naval, etc.), quienes por perfil ideológico, valores adquiridos dentro de sus reparticiones e influencias que determinan su formación (y en las cuales están incluidas conexiones internacionales, como por ejemplo doctrinas importadas y “cursos de capacitación” en Estados Unidos o Israel), tienen proclividad a sentirse cómodos con gobiernos de derecha y en cambio ser refractarios hacia gobiernos populares o que de distintos modos cuestionen el orden social establecido.

Todos esos factores de poder -y muchos más- son parte del régimen político que tiene su vector político en el macrismo. Así, para expresarlo en extrema simplificación, la derecha maneja el gobierno, la economía, las decisiones judiciales, los dispositivos mediáticos y el armamento “legalmente” conferido a organismos del Estado.

Con lo que ya tenia de su lado más el triunfo electoral, Macri llegó al gobierno que una inmensa acumulación de fuerza que ejerció con alevosía, violencia, impunidad y desparpajo en más de dos años de gestión, y que incluso creyó fortalecida por el resultado favorable en las elecciones parlamentarias de 2017. Este último no fue un triunfo arrasador ni contundente, pero sí concreto, importante, considerable para continuar acumulando poder.

Sin embargo, lo que nunca tuvo en cuenta debidamente o no valoró adecuadamente, es que también existe la sociedad civil. Que en las bases sociales siempre hay grupos humanos -a veces más significativos numéricamente, y otras veces menos- que intervienen en los asuntos públicos mediante organizaciones del más diverso tipo o también de forma inorgánica. Que los poderes de facto gobiernan pero enfrente está la sociedad civil.

Que esté enfrente no quiere decir que tenga garantizado el triunfo. O sea: no está asegurado en modo alguno que en las disputas de poder vayan a predominar finalmente el bien común y los intereses generales de la mayoría de la población. (Es más: decir “finalmente” es solo una forma de aludir a periodos o ciclos históricos más o menos extensos. Pero en sentido estricto nada es definitivamente “final” en la vida colectiva, porque las controversias y conflictos acerca de cómo se distribuye el poder dentro de una comunidad nacional o a nivel internacional, no terminan nunca y existirán siempre mientras exista el género humano).

Además, la actividad de aquellos que actúan y se movilizan para demandar a los poderes -públicos o corporativos- y reclamar por ciertos derechos, es simultánea con la existencia de otros amplios contingentes de la población que respaldan al gobierno, a los poderes fácticos y a las estrategias de las clases sociales poderosas. Es así que importantes sectores de las capas medias de la sociedad y aun de las más pobres también forman parte, con distinto grado de intensidad y de persistencia en tal situación, de las fuentes de legitimación del poder dominante.

Heterogeneidad y contradicciones

La sociedad es, por definición, compleja, contradictoria, heterogénea, diversa, cambiante, y con sectores antagónicos entre sí. Por eso, que una multitud se manifieste -como en el reciente 25 de mayo en la avenida 9 de julio de Buenos Aires y en ciudades de casi todas las provincias- no implica que esa conducta pública sea la representación de la totalidad social. Es una parte del conjunto colectivo que tiene determinadas formas de pensar y de actuar, y que convive con otras partes que piensan y actúan de otras infinitas maneras.

Pero dejando a salvo esa complejidad, es comprobable que ante las embestidas gubernamentales que afectan gravemente los intereses generales, se activa un dinamismo de la sociedad civil argentina que descoloca al régimen gobernante. De ese modo, vuelve a demostrarse que aun la acumulación de poder fáctico más alevosa está obligada a toparse con resistencias, protestas, cuestionamientos, oposiciones diversas a sus decisiones y a sus políticas.

Nuestro pueblo sabe ejercer un “derecho al pataleo” que no ocurre en cualquier país o en cualquier circunstancia histórica. Quizás un ejemplo flagrante en sentido contrario sea la pasividad popular en Brasil ante el encarcelamiento humillante de Lula Da Silva, el más grande líder que tuvo la historia brasileña de todos las épocas contemporáneas. (“Si en Argentina pasaba lo de Lula era un incendio. Daban vuelta Buenos Aires. Eso por las tradiciones que tiene el pueblo argentino. Brasil no es así, es distinto, no tiene esa tradición de luchas colectivas, de masas, de múltiples organizaciones sociales que se mueven”, declaró el admirado ex presidente de Uruguay José “Pepe” Mujica, en una entrevista publicada el 15 de abril en Página 12: https://www.pagina12.com.ar/108310-por-que-hay-tanta-enfermedad-del-balero).

El macrismo, como expresión ocasional de la derecha ideológica que representa a los intereses permanentes de las clases sociales dominantes del país, no tuvo en cuenta o no valoró como corresponde que existen ciudadanas/os y organizaciones activas, con sus militantes, dirigentes, referentes sectoriales o en ocasiones emergentes inesperados de reivindicaciones cívicas o sociales. Y que en Argentina existen luchadoras/es que desde la época de la dictadura se han jugado la vida por los intereses colectivos (típicamente, las madres, abuelas y demás familiares de desaparecidos, los sobrevivientes de los campos de exterminio, y toda la militancia popular y las personalidades que lucharon contra el régimen genocida).

Por eso, ante la creciente reacción ciudadana en contra de políticas perjudiciales para los intereses legítimos de las personas comunes del pueblo, el régimen gobernante suele quedar descolocado. En diciembre, durante las grandes manifestaciones frente al Congreso Nacional para oponerse a la rebaja de las jubilaciones, respondieron con la violencia en grado de ferocidad. Pero nada impidió la persistencia de la lucha popular.

Multitudes en las calles

Tras la conmoción por la brutalidad represora de los últimos días del año, más la distensión que imponen las Fiestas, el receso en el sistema educativo, el verano pleno y las vacaciones laborales para una gran parte de la población, el 21 de febrero hubo otra gran manifestación opositora, que a su vez constituyó la expresión embrionaria de un realineamento de sectores sindicales que lideran un movimiento social amplio y heterogéneo, convertido en potente expresión de contra-poder frente al régimen gobernante.

Con un agregado fundamental: ese día las organizaciones convocantes se esmeraron en ajustar sus controles internos y persuadieron a cada participante de la necesidad de evitar cualquier hecho violentos, a diferencia de lo ocurrido durante los sucesos de diciembre. Los métodos pacíficos siempre fortalecen las luchas populares y deslegitiman los ataques de la violencia represiva.

Luego, en marzo, se repitieron dos momentos ya tradicionales del activismo político en Argentina, ambos reflejados con la presencia de multitudes en las calles. Uno de ellos es el Día Internacional de la Mujer, cada vez más arraigado e influyente en las vivencias del conjunto social, y cada vez más masivo en sus manifestaciones callejeras tanto en la capital del país como en ciudades de todas las provincias. El otro momento es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, un caso probablemente único en el mundo donde existe una jornada específica y oficial todos los años para repudiar a un golpe de Estado y a sus perpetradores.

Por último, y en una misma semana, recientemente hubo otros dos grandes hechos de masas. El primero fue la “2da. Marcha Federal Educativa”, la cual congregó a contingentes de trabajadoras/es de la educación de todo el país que viajaron hacia Buenos Aires y ocuparon en paz el centro simbólico de la política nacional. Posteriormente, tuvo lugar la imponente movilización en el Día de la Patria, el 25 de mayo, para repudiar el nuevo pacto que se apresta a perpetrar la derecha con el Fondo Monetario Internacional para volver a endeudar al país con esa institución y reforzar de ese modo mecanismos de sometimiento que en gran medida habían sido desmontados por los gobiernos kirchneristas.

Y ahora mismo, en la semana que está comenzando, se realiza la “Marcha Federal por Pan y Trabajo”, que moviliza desde distintos puntos del país hacia la Capital Federal a las principales organizaciones que suelen agruparse dentro de la denominación “movimientos sociales”, y que en general expresan a los sectores del pueblo menos formalizados en su inserción en el sistema productivo, y por lo tanto más empobrecidos y más humillados por la injusticia social.

Además, en una forma de activismo ciudadano más invisible, tipo “trabajo de hormiga”, en estos días se presenta en el Congreso el resultado de la campaña “Un millón de firmas contra la reforma previsional”, un petitorio que exige la derogación de la infame ley sancionada en diciembre por presión del oficialismo y -una vez más- con el infame apoyo de una parte considerable de la supuesta “oposición”.

En resumen, la derecha cree que todo lo puede porque ellos tienen la fuerza de los poderes de facto y además, en esta etapa, también el control del Estado. Pero a la sociedad civil no la controlan, y no pueden impedir que existan las organizaciones libres del pueblo, ni que a cada momento se actualice y vuelva a ponerse en acto la potencia marcada por la tradición argentina de lucha y movilización, desde las bases populares, en defensa de los derechos colectivos.

No habrá Mundial de Fútbol que detenga esa dinámica. Por más que la vida del país se altere en las semanas que dura el más grande espectáculo deportivo universal para que la gran mayoría de los argentinos y argentinas vibren con el entretenimiento, el disfrute, la pasión y el sufrimiento futbolístico, y eventualmente alcancen la inigualable felicidad colectiva de consagrarse ¡campeón del mundo!

29/07/2016

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