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“El oro nos detiene
El oro siempre
El oro se ha llevado más vidas que el uranio
Que el Plutonio
Pandemonio…”
Marillion, suite “El Dorado”, Movimiento II
La palabra “miedo” está grabada sobre la superficie de en un lingote de oro en la portada del último disco de estudio de la banda de rock progresivo inglesa Marillion. Este es el decimoquinto álbum de estudio que ha editado esta deliciosa agrupación desde su nacimiento, allá por los albores de la década del ochenta del siglo pasado. El disco fue financiado de la misma manera que los anteriores trabajos del grupo, desde hace casi veinte años, con el famoso “crowfounding”, el método que permite que posibles compradores del disco en todo el planeta paguen online por él, por anticipado, antes de que sea grabado y replicado. Este método fue inventado por los mismísimos Marillion en julio de 2000, cuando la internacional de la música EMI amenazó con dejarlos sin contrato si no reveían la posibilidad de tomar un rumbo más comercial en su música. Allí mismo los cinco Marillion decidieron mandar al carajo a EMI y, a riesgo de perderlo todo, a través de su web marillion.com, lanzaron una colecta que interpelaba directamente a sus seguidores para pre-financiar la grabación y edición de su próximo disco, lanzado en febrero de 2001, con el sorprendente título de “Anoraknophobia”, una patología (¡existente y científicamente catalogada!) por la cual las personas fóbicas entran en pánico cuando usan ropa con capucha y ajustada, todo un símbolo de los niveles de alienación a los que la humanidad se estaba sometiendo sola en el comienzo mismo del nuevo siglo. La convocatoria fue un éxito rotundo y un nuevo modelo económico de edición de discos de manera independiente se abrió en la cara misma de las compañías en las puertas de un nuevo siglo; así, dos décadas después, el sistema de crowfounding (algo así como el “financiado por la multitud”) es una regla general de los artistas (no solo los músicos) en todo el mundo.
Pero volvamos a la tapa del último disco de Marillion. Si nos acercamos en zoom y un poco más a lo ya descripto en párrafos anteriores, podemos notar que las letras que conforman sobre el lingote la palabra “miedo”, en inglés “fear”, están separadas cada una por un punto, formando una sigla. Debajo de cada letra vemos qué palabra nace de cada inicial, formándose así la leyenda: “fuck everyone and run”, que traducida al español argentino podríamos llegar a leer como “garchate a todo el mundo y salí corriendo”, una frase que, según el cantante Steve “H” Hogarth, es “una de las favoritas y más aplicadas fácticamente por los dueños de este planeta”. Sin lugar a dudas F.E.A.R. es una muy acertada frase/síntesis, que resume mucho de la filosofía y la evangélica aplicada por el neoliberalismo actual, que te invita a pensar y actuar el individualismo de manera emocional y disruptiva, siempre y en todo lugar. La regla es que, como un lobo solitario que solo piensa en sí mismo, te garches a todos en el camino a tu propia felicidad y que jamás pienses en el daño comunal que estás infligiendo al vivir esa realidad de supervivencia individual dentro de la jungla social. El plus que le agrega que puedas decir esta frase matadora usando las letras que conforman la palabra “miedo” es realmente… ¡un golazo de media cancha!
“Hay mucho más aparte
de obligarnos a la división
Pero nuestro MIEDO lo niega
Mientras los papeles se revuelven
Los colores de la bandera que flameamos
Estuvieron y estarán
manchados de sangre otra vez”
Marillion, suite “El Dorado”, Movimiento IV
“F.E.A.R.” salió en octubre del año pasado, fue saludado por la crítica especializada de diferentes países como una verdadera obra maestra del rock conceptual. Posee el record de haber sido uno de los discos en vinilo más vendidos en el planeta de entre todos los lanzados en 2017 y –con seguridad, refrendado por la cámara británica del disco- el sencillo extraído del álbum, la canción pacifista “Living in FEAR”, fue el simple editado en vinilo más vendido en Inglaterra en los últimos veinte años.
“F.E.A.R.” ya fue respaldado por una gira mundial que ha llevado a Marillion a tocar en grandes teatros de lugares tan distantes entre sí como Chile, Japón, Estados Unidos y Ucrania.
El último trayecto de la gira está sucediendo en este preciso momento, y es “en casa”, ya que están tocando en la primavera británica en una suerte de “regreso al hogar” que fue muy bien recibido por su público compatriota, sin mayores sobresaltos, hasta hace dos semanas cuando, tras el bombardeo de USA a Siria avalado y vindicado por Inglaterra y Francia, los Marillion decidieron postear en sus redes sociales una foto/captura de pantalla de parte del material audiovisual utilizado en escena durante la gira. El día después del sangriento bombardeo, mientras los presidentes y ministros alardeaban su pulseada de terror, el twitter, el Instagram y el Facebook de Marillion mostraron la misma imagen: la bandera inglesa teñida de rojo y un fragmento de la letra del movimiento cuarto de la suite “El Dorado” que abre el disco, allí donde se lee: “Mientras los papeles se revuelven/ los colores de la bandera que flameamos/ estuvieron y estarán/ manchados de sangre otra vez”. El posteo no sufrió censuras, pero fue duramente criticado por varios comunicadores británicos y –lo más triste, tan acorde a los tiempos que vivimos- fue intensamente vapuleado por un montón de foristas en las redes sociales, acusando a la banda de no ser patriotas y de apoyar al terrorismo. Cortos de visión, alienados por el discurso oficial de guerra al terrorismo, un grupo importante de compatriotas de la banda desvirtuaron en redes sociales el discurso de reflexión que el grupo trataba de brindar “desde casa” y para el mundo entero, alertando sobre la necesidad de respeto humano y pacificación que había que imponer frente a lo que -a todas luces- se terminaría convirtiendo en una desigual masacre, tragedia de guerra que finalmente sucedió frente al silencio total de las naciones unidas.
Lo curioso e ilógico de todo esto es que la gente acusaba de “violentos aliados con los violentos” a los únicos artistas internacionales británicos que, claramente, pedían un cese al fuego en días calientes y sangrientos, mientras están presentado uno de los discos más pacifistas y críticos de la desigualdad neoliberal que el rock global recuerde en muchos (pero muchos) años. Ese cambio total de signo, en el que los foristas acusan a alguien de ser lo que ellos en realidad son (violentos en este caso) termina por legitimar el discurso del poder en un implacable caso del ya mencionado “garchate a todo el mundo y salí corriendo”.
Cualquier similitud con foro-bardos, leídos en los últimos años en las redes de Argentina, donde la ciudadanía que ha votado un cambio “honesto” acusa virulentamente de “corruptos” a los gobiernos progresistas de la década pasada, no es mera coincidencia. El “Fuck Everyone And Run” es, recordémoslo, un fenómeno completamente global.
“Somos los nuevos reyes
Navegando nuestros mares
De diamantes y oro
Nunca vistos, por doquier
Pero escondidos
Comprando todo
Desde Londres a Mónaco
Hacemos lo que queremos
Mientras vos vas diciendo
Garchate a todo el mundo
Y salí corriendo”
Marillion, suite “The New Kings”, Movimiento I
El nuevo disco de Marillion está dividido en tres largas suites de entre 13 y 19 minutos de duración cada una; más tres canciones sueltas. Todas estas piezas están unidas por una temática común: el mundo moderno, sus imposiciones, su “híper conectado” afán de segregación y desunión a través de tres poderes: el de losmass media, el militar y el económico. Los tres concentrados, los tres en las mismas, pocas y multimillonarias manos.
Así, con una temática central concatenada en todo el álbum, Marillion entrega el sexto disco conceptual de su carrera, retomando un camino que por última vez había abordado en 1994, con la edición de su lp “Brave”, un álbum que contaba la conmovedora historia (basada en un hecho real) de una adolescente londinense que decide suicidarse tirándose de un puente, pero es disuadida por la policía y un grupo paramédico para no hacerlo. Lo que la chica les revela a los adultos, la detallada lista de sus motivos para el suicido, son el corpus de las letras de aquel disco, y son un alegato sesudo y sensible, una postal perfecta del planeta a fines de siglo XX. Recordemos, por si todavía quedan dudas, que un disco conceptual es una obra fonográfica que –de cabo a rabo- cuenta una historia, una suerte de moderna cantata, como “The Wall” de Pink Floyd, o la “Santa María de Iquique” de Quilapayún, por dar solo dos ejemplos salientes.
Pues bien, la primera suite de este nuevo y conceptual “F.E.A.R.” se llama “El Dorado” y posee cinco movimientos, en ellos se desanda la siguiente temática: el oro, el valor central de nuestra sociedad, el dinero, y –finalmente- el miedo siempre presente como método de control de las masas. Son casi veinte minutos en los que la banda nos somete a una montaña rusa musical acorde con la estatura de gigantes del rock progresivo que los ha traído hasta aquí. A la suite inicial se le pega “Living in Fear” (viviendo en el miedo) una canción, la más pegadiza y entradora del disco, que fue seleccionada como primer corte de difusión del álbum y fue editada como simple convirtiéndose, como decíamos antes, en el single en formato de vinilo más vendido en Inglaterra en los últimos veinte años. La canción tiene un sonido de rock británico muy actual, pero es un himno de protesta pacifista al estilo de las viejas canciones rock de los sesenta y setenta (no en vano en escena aparece el rostro de John Lennon varias veces en pantalla cuando lo tocan en vivo). El estribillo es clarísimo: “Hemos decidido arriesgarnos/ derritiendo nuestras armas/ como símbolo de poder” y el épico final, casi de Gospel, defenestra tres de los grandes muros-emblema levantados por la humanidad para dividirnos: la Muralla China, la línea de Maginot y el muro de Berlín. Probablemente en algunos años, al tocarla en vivo, deban incluir el muro que el maniático de Trump quiere levantar en la frontera sur de su país. Decime si exagero…
El paseo conceptual continúa con “The leavers” (los que abandonan, o “los dejadores”) otra suite, esta vez de unos dieciséis minutos, en la que a través de cinco movimientos, la banda nos cuenta lo que significa ser músicos globales y viajar por el mundo actual, abandonando todo el tiempo su propia raíz, sus casas, sus afectos, girando desde Lima a New York, desde Lisboa a Calais, entregando conciertos esperanzadores en un planeta tan afectado por la falta de esperanzas: “Somos los dejadores/ y el mundo gira atravesándonos/ estamos en algún lado, cerca de ti/ trazando trenes a vapor en el cielo/ días y noches revueltos/ aterrizando en algún lugar/ algún lugar que alguien ha olvidado/ y han olvidado a sus olvidados”. A esta suite se le pega la canción “White papers” (papeles blancos) que cuenta la historia de una mujer que busca los matices de la vida en el vacío del “color” blanco, que es la ausencia de colores en rigor a la verdad. “Ella está pintando cuarenta diferentes matices del blanco/ sobre un papel blanco” cuenta “H” en esta canción que habla sobre el vacío y la partida, terreno subjetivo y humano que prepara los oídos para la penúltima pieza.
Entonces llega la suite “The new Kings”, otros diecisiete minutos en cuatro movimientos, que nos cuentan la historia de los dueños del planeta: pocos, poderosos, omnipresentes pero siempre ocultos, sin rostros. Son los dueños de los bancos que te desahucian luego de prestarte el dinero para tu casa, los que abren cuentas off shore y te enseñan la filosofía del garchar y correr para que vos la apliques con tus pares mientras ellos viven garchándonos a todos y corriendo. “Somos demasiado grandes para caer/ y cuando lo hacemos, caemos sobre vos” dicen, pletóricos en sus megalomanías. Pero en el movimiento tercero y el cuarto de la suite, el ser humano “de a pie” es el que habla, reemplazando a los nuevos reyes en la voz protagonista y así el “hombre común” reflexiona: “No sé si creer en las noticias de hoy/ porque ellos pueden hacer lo que quieran por estos días/ ellos pueden hacer lo que quieran con sus computadoras por estos días”
El disco cierra con la corta y bella canción “Tomorrow’s new country” (el nuevo país del mañana) , dos simples estrofas confesionales en las que la banda se sitúa en el mismo lugar que su público -¿la sociedad global?- reconociendo las cicatrices que nos atraviesan, pero dando un paso al costado si la tendencia sigue siendo no reconocer lo desconectados que estamos en medio de tanta conexión. ¿Les suena familiar?
Concluyendo: lejos de ser un disco que llegue a ser exitoso, grabado por músicos de entre sesenta y setenta años en un mercado global que apologiza la juventud y el peterpanismo, sin estribillos que contengan scooby doo papis, ni canciones altamente radiables, esta pieza maestra es un relato llamado a perdurar en el tiempo porque, como todas las obras grandes, cuentan con sensibilidad y talento el espíritu de la época que las ve nacer. Y si te parece que no es para tanto, volvé a leer la nota, apuntá uno a uno los temas tratados en cada canción, mirá hacia los costados, reflexioná y… decime si exagero.
Buscá el disco en spotify, o pedilo física o digitalmente a la tienda que la banda tiene y atiende de manera directa (racketrecords.com). Te dejo el video del simple “Living in FEAR” para terminar esta reseña. Que lo disfrutes:
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