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Cabe preguntarse, ¿la unidad de la oposición, para cuándo?
Asimismo, cabe interrogarse acerca de cuál es la autoridad de los dirigentes que serán quienes le den forma electoral a la unidad, para que se tomen todo el tiempo del mundo mientras el macrismo ya picó en punta y pese a la crisis se ofrece como la única opción viable para el 2019.
Es increíble que aún muchos estén dudando en convocar a la principal figura política en actividad de la oposición a este intento, me refiero a Cristina Fernández. Quienes se oponen, ¿tienen una representatividad que se le acerque a la ex presidenta? Claramente, no.
Cristina debe intervenir en ese proceso, sea como candidata a ser validada en una interna, o sea como un apoyo decisivo a la hora de contar adhesiones.
Hay que obstaculizar mediante postulantes de la unidad el campo que se le abre a Cambiemos con estas dilaciones.
No me cabe duda de que muchos de los que buscan una perfección en la convocatoria -perfección que en política no existe-, miran con simpatía o son directamente atraídos por la cooptación macrista, en permanente acecho. Cambiemos sabe que ante una formación en que el frente popular aparezca unido, no puede ganar nunca.
¿Qué es lo que se espera, entonces?
El macrismo se ha apropiado del espanto. Dejémoslo allí, es muy poco más lo que puede decirse del mismo, como para afinar su descripción, archisabidas sus soberanas agachadas y su prosternación ante los ricos y poderosos. Pero, ¿y la oposición?
Parece estar aun cavilando en los meandros de la unidad, sin confirmar en los hechos lo que ha tomado como bandera electoral. Sin embargo, la amplitud de la convocatoria formulada a viva voz no se corresponde con la realidad, que aparece más vale en un estancamiento muy ventajoso para el régimen gobernante.
Si se estuviera compitiendo en una carrera hacia una meta difícil y lejana, como lo es el 2019, el macrismo ya largó hace rato y “primereó” como los mejores.
Insisto ¿y la oposición?
No hacer algo rápido para neutralizarlo, nos permite apreciar que el macrismo lleva la delantera pese a los tarifazos, los despidos y la entrega del patrimonio nacional: el poco más de 30 % del electorado inclinado para su lado aparece, aun en la crisis que vivimos, más sólido que nunca.
Un piso que es un núcleo duro, a partir del cual se podrá crecer, nunca descender. Por eso la oposición, con sus vacilaciones, no hace más que fortalecer a quienes tienen dudas de seguir votando a Cambiemos. Estos, al no visualizar los nombres de los que se le oponen (al oficialismo actual), imaginan que carecen de una opción superadora.
En síntesis: es muy floja, hasta ahora, la actuación de los que se dicen opositores al gobierno, dándole todo tipo de ventajas en el apronte y en la instalación en las cabezas de por sí colonizadas, de aquellos que dudan volver a elegir a Cambiemos.
Curiosamente, esas personas, por más que estén ávidas de otras opciones, no las encuentran. O, mejor dicho, no están. Frente a esa vacancia de formas y de personas, por ahora hay una sola propuesta que es la del oficialismo, la que al no competir con nadie, no merma su caudal electoral.
Convocar o aceptar a Cristina en los fines de la unidad tiene obstáculos de quienes no la han acompañado en la gestión, negándole a una militante peronista desde la cuna, justamente, su patente de peronista. O de esos otros, que habiendo llegado a tener instalación pública y figurar en una boleta que encabezaba la ex Presidenta, luego de ganar su banca renuncian al partido que los ungió y repudian a su líder.
Argumentan que como ella formó otro partido diferente del PJ en la última elección, no merece integrar la unidad que aún está en gestación. Una especie de estalinismo partidario para quien puso al día durante su gestión los principios doctrinarios peronistas, en base a una justicia social de innegable alcance popular y que cuenta aun, sin un esfuerzo especial de promoción, el mayor caudal de votos del peronismo al día de hoy.
¿Puede ser que una fuerza popular que siempre trató de sumar, aun a los impresentables, en sus listas, tenga el prurito de dudar o rechazar al alfil más temido por la reacción conservadora que nos gobierna?
Si se espera su renunciamiento espontáneo, adelanto mi opinión de que no creo que lo vaya a formular ante Luis Barrionuevo, ni ante sus socias de la CGT.
Cristina tiene que estar finalmente. La idea de la unidad fue lanzada por ella antes que por otros.
Tiene que estar como un valor insuperable en un grupo que debe jugarse una parada decisiva para salvar al pueblo que invoca permanentemente, y para salvar al justicialismo como ente político.
Me animo a decir que si Cristina, voluntariamente, da un paso al costado, el candidato número 1 debería ser un kirchnerista, el que se enfrente en pie de igualdad con los demás en una interna democrática
Los que impiden que el kirchnerismo participe en una interna democrática, están abriendo las puertas para que el neoliberalismo siga siendo gobierno por muchos años.
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