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“Soñé que desenterrábamos la piel del tiempo/ oculta como una tela tapada por tapiceros/ ¡qué tiempo más justiciero para restaurar asientos!/ sabiendo que fue su dueño quien lo tapizó primero…”
“Consagración”, Roque Narvaja, 1974 – Descatalogado -
La receta del “no recuerdes” es infalible. Los años pasan y a más de un encaramado con poder le conviene que el grueso de la sociedad olvide sucesos, acontecimientos y hasta esas pequeñas “cosas sueltas” que nos permitan elaborar un anclaje colectivo que nos reconstruya, desde la memoria activa, devolviéndonos pedazos de historia necesarios, pedazos nuestros que no deben olvidarse.
Así, y por el contrario de la memoria, desde los estados neoliberales suelen diseñarse políticas tendientes a la desmemoria, con la prolija puesta en escena de postmodernismos disfrazados de planes culturales, o actos y dichos irreverentes (en el mal sentido del término) que encuentran ecos cuando los difunden e instalan los medios que enojan y empujan a la “gente de a pie” a creer que hay muchas obras, causas o acciones que “ya fueron”, que son “parte del pasado” y que –en pos de un supuesto crecimiento como sociedad moderna y eficiente- tenemos que mandar directamente a la papelera de reciclaje y para siempre muchos “viejos valores perimidos”.
Más cuando estos actos -que son políticos, no jodamos- se mezclan con una tendencia comercial/privada/empresarial, la cosa se pone más que oscura. El ejemplo del poder de veto y olvido ejercido por la industria de la música (transnacional, híper concentrada) es un clarísimo testimonio concreto de cómo intenta “cajonearse” y regalarse al olvido la obra de grandes exponentes de la cultura colectiva, sacando de circulación sus obras pasadas. Que el pueblo no los consuma, que el pueblo no los recuerde. Esa es la meta.
Toda la producción fonográfica, todos esos discos grabados durante años y años, que las empresas multinacionales –dueñas casi absolutas de los derechos de reedición- no “mueven”, duermen y dejan que muera bajo el polvo de sus bóvedas, es un patrimonio cultural que la sociedad entera, significada en generaciones y generaciones, pierde por completo. ¿Alguien saca esa cuenta?, porque es verdaderamente importante ¿no?
Lo político es lo económico
“Cadenas que pesan como la moneda/ Moneda cómo puedo comprar el sol/ Sol dime, dime qué miras desde arriba/ Sucede aquí todos los días/ Nada te debe de asombrar
Cadenas desátense de mi camino/ Camino ya no te aferres más a mí/ Cadenas desátense de mi camino/ Y no se aferren nunca más”
“Cadenas y Monedas” Litto Nebbia, 1972 – Descatalogado por décadas -
Alguno que se ponga en abogado del diablo dirá que el interés que mueve a estas empresas no es político, que es enteramente comercial. Es cierto, pero a medias. No reeditar a, pongamos por ejemplo, Litto Nebbia, Piazzolla o Porchetto, significa ni más ni menos que no patear el tablero de sus propios catálogos y que toda la atención y la fuerza corporativa de difusión y distribución esté enteramente puesta en el sitio que ellos quieren: sus artistas “del momento”. Nada –por mínimo que sea- debe dispersar la atención de ese negocio, el coyuntural.
Hay empresas que se juegan por reediciones, no neguemos esa realidad, pero por lo general se trata de “números puestos”: Beatles, Soda Stereo, Queen, Spinetta, Pink Floyd, Charly García, discos que pueden engrosar las arcas de la compañía casi tanto (o más) que las últimas producciones de Lali Espósito, Rihanna, Abel Pintos o Camila Cabello. Y todo esto –entiéndase, por favor- no es una valoración estética o artística, sino un análisis sencillo sobre las razones empresariales de los que tiran a matar a los artistas que durante generaciones nos dijeron cosas importantes desde su música (¡cosas que aún tienen vigencia!) considerando que reeditarlos es perder dinero y poder.
Dinero porque reeditar la obra de –pongamos otro ejemplo- Los Otros Shakers es poner “innecesariamente” en tensión la música que hace No Te Va a Gustar y así “se distrae” al consumidor habitual de una nueva propuesta (la de NTVG) haciendo que el público se maree en bateas viendo la vieja fuente de inspiración en la que probablemente está basada la música que hoy se graba. Lo mejor es que los Shakers no estén. Y listo, solucionado el dilema.
Poder porque no reeditar discos de artistas “descatalogados” (que horrible es ese término, sin embargo es uno de los favoritos de los sellos) es también una manera de penalizar a los músicos que intenten abrirse un camino de trabajo y derechos por fuera del mainstream. Dejar que los discos vuelvan a salir después de 20 o 30 años, por más que a las empresas multinacionales no le interese para nada reeditarlos, es darle la razón en que la música es “de ellos” (de los propios músicos) y no de las compañías que durante décadas usufructuaron hasta el último centavo de esas producciones fonográficas.
Admitir que el músico tiene la libertad de disponer de su propia obra años más tarde de haber sido grabada, cuando las compañías los olvidaron por completo, es concederles un principio de independencia que ninguna empresa multinacional del mundo, que se jacte de ser buena en los negocios, aceptaría. Tal vez por esto mismo Litto Nebbia, padre del rock argentino, artista popular de cincuenta años de trayectoria, esté por estos días encarando un juicio engorroso y costosísimo con Sony (además de otro que tiene con Warner Chappel, por otro tema) porque el pulpo no toleró que Litto reedite los discos de Los Gatos (quietos por décadas) y saliera a hacer reediciones desde la empresa compitiendo deslealmente con los que Nebbia ha lanzado de manera independiente.
El sentido común nos indica que Litto Nebbia “es” mucho más Los Gatos que Sony Corporation, empresa que -¡encima!- lo único que hizo fue fundirse con BMG hace algunos años y estos (BMG) eran los que habían absorbido/comprado el catálogo de RCA Viktor, sello que originalmente firmó el contrato leonino con Litto y lo grabó en los sesenta. A ver si se entiende lo que quiero decir… ¿qué te dice tu sentido común: “Rock de la mujer perdida” y “El rey lloró” fueron canciones compuestas por Litto Nebbia o por Armando Mola, el CEO de Sony Corporation Argentina? La respuesta, social y culturalmente analizada, no es tan difícil ¿verdad?
¿De quién es el derecho de la propia obra luego de tantos años de contratos legales, sí, pero injustos y leoninos? ¿De Litto o de Sony? Decime si exagero…
A por docena
“Pueblo nuestro que estas en la tierra/ sacrificándote bajo el sol/ vénganos en tu reino/ vénganos pueblo, vénganos/ hágase tu voluntad/ así en la oración como en la rebelión/ así en la oración como en la rebelión”
“Pueblo nuestro que estás en la tierra” – Miguel Cantilo, 1970 – Descatalogado por décadas -
Casos como el del gran Nebbia, se cuentan de a docenas (nota aparte: ahora que lo saben… ¡compren por favor las reediciones de Los Gatos que saca Melopea!), y muchas obras enormes de la música popular argentina se encuentran prisioneras de encierros forzosos o caprichos judiciales motorizados por las mismas dos o tres firmas que no darán el brazo a torcer fácilmente porque –lo repetimos- eso significaría desdecir el paradigma empresarial cuasi vampiresco que las ha traído hasta aquí.
Algunos dirán que muchos discos descatalogados están siendo editados en la tiendas digitales de las corporaciones dueñas de los derechos (costo cero, ganancia absoluta) o que se pueden encontrar en blogs de descarga, o en redes sociales como youtube, subidos por usuarios que pasan a ser una suerte de héroes anónimos; pero nada de esto devuelve a la cultura y al acervo popular una obra que no se edita físicamente, porque –más allá de lo que se venda o no un disco- un relanzamiento implica un reposicionamiento social de la obra.
Para echar luz prácticamente sobre esto último, tomemos como ejemplo el relanzamiento reciente del disco de Los Gatos Salvajes, para muchos el primer disco de rock de Argentina. Si ustedes ponen en el google “reedición de Los Gatos Salvajes” encontrarán que la búsqueda arroja 68.900 resultados relacionados y las primeras ocho páginas de búsqueda son artículos que refieren al hecho concreto del relanzamiento del disco, contando con la cobertura de los principales medios de comunicación del país. Si buscamos videos, 1.530 son los resultados y las dos primeras páginas poseen videos de medios masivos de comunicación a nivel nacional que cubrieron la conferencia de prensa del lanzamiento de la reedición, con declaraciones de Nebbia y de Diego Boris, presidente del Instituto Nacional de la Música (Inamu). A esto, súmenle la cantidad de veces que en el transcurso de esa semana se pasó material del disco de Los gatos Salvajes en radios de todo el país mientras se daba la noticia. Muy bien, con todos estos elementos en la mano, hagamos entonces algunas preguntas: ¿cuánto costaría un posicionamiento mediático tal, si hubiera que pagar en una campaña publicitaria convencional para anunciar el disco?, ¿a cuántas personas les ha llegado en todo el país -y al unísono- la noticia de esta reedición?, ¿cuántas son las personas de menos de 50 años de edad que en este país escucharon por primera vez a Los Gatos Salvajes a raíz de esta acción?
Si tomás enserio todas esas preguntas, alcanzarás a notar la diferencia entre reeditar físicamente un disco o cajonearlo en una bóveda sin permitir que el autor lo reedite y solo “dejar” que se lo suba a redes y blogs. La diferencia es enorme. Decime si exagero…
El instituto
“Mi padre me decía: no olvides la lección/ la música no tiene frontera ni nación/ la cantan los ministros y hasta el gallo campeón/ yo particularmente curtía el rock and roll/ él siempre me decía: no subas al camión/ no vayas donde todos si no hay una razón…”
“Rock de la calle”, Rubén Rada, 1979 – Descatalogado por décadas -
Desde el 28 de noviembre de 2012, la Argentina cuenta con un instituto nacional autárquico que, al estilo del Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) o el INT (Instituto Nacional del Teatro), fomenta la actividad relacionada con la música en todo el país. Desde 2013 tenemos Ley Nacional de la Música. Por ser Inamu un ente que nació de la acción directa y militante de muchas asociaciones independientes de músicos argentinos que han trabajado a destajo en los últimos quince o veinte años, el perfil del instituto contempla con mucha atención los aspectos salientes de lo que significa ser un “trabajador de la música”, haciendo mucho hincapié en accionar concretamente sobre los derechos adquiridos y, por otro lado, estar en permanente alerta para detectar los vacíos de hoy que, cubriéndolos legalmente, sellen derechos futuros.
Una de las patas importantes del accionar federal del Inamu tiene que ver, precisamente, con el rescate de la producción fonográfica puesta en “pausa/stop” por los avatares judiciales manijeados por las empresas. En este sentido, su nave insignia hasta el momento ha sido el rescate y puesta en valor del catálogo de Sicamericana, empresa que quebró y que antaño funcionaba a través de sus sellos, de conocidos nombres de fantasía como Music Hall, Sazam y TK. La quiebra de esta empresa tuvo parada durante más de dos décadas la posibilidad de la reedición de los discos de un número importantísimo de artistas argentinos de los géneros que se te ocurran. Hay m´s de 2.000 títulos, y hasta ahora se reactivaron 173 lp’s, 14 discos dobles y 40 simples, que juntan nombres como el de Troilo, Charly, Piazzolla, León, Nacha Guevara, Daniel Toro, Pappo, Los jaivas, Cantilo y Eduardo Falú, solo para mencionarte diez que seguramente te dejarán boquiabierto.
El catálogo total estuvo paralizado dentro de un proceso judicial de quiebra desde 1993. A partir de ese año, y hasta el día de hoy, los discos estaban imposibilitados de ser reeditados, impidiendo también que se generen recursos económicos para sus intérpretes, pese a que ellos fueron quienes realizaron esas grabaciones. El Inamu se encargó de rescatar este catálogo completo y lo puso a disposición directa de los intérpretes (o de sus familiares en el caso de que éstos hayan partido) para que los intérpretes o sus herederos reediten la obra en el formato que más les plazca y en los términos que más les plazcan. Inamu no va a percibir ningún monto de lo que estas reediciones generen comercialmente, pero sí se reserva el derecho de percibir los importes que se liquiden por Comunicación Pública en las sociedades de gestión colectiva que representan a los productores fonográficos, y con esta recaudación solventa su programa nacional “Mi Primer disco”.
Este primer paso trae de sí una revelación: al instituto le importa que la obra vuelva a circular, y no solo por el valor agregado que le queda a sus intérpretes, sino porque la recuperación de ese patrimonio circula en libertad y fortalece a las generaciones. Uno de los slogans de comunicaciones que INAMU eligió para difundir esta campaña de rescate es clarísimo al respecto. Dice: “Las obras cumbres de ayer fomentarán a las emergentes de hoy”. No hay que agregar más nada.
La charla
“No transes más/ con la cantina, con la cantora/ con la televisión gastadora/ con esas chicas bien decoradas/ con esas viejas todas quemadas/ Gente revista, gente careta/ ¡la grasa inmunda cual fugazzetta!/ ¡No se banca más!/ La grasa de las capitales, no se banca más”
“La grasa de las capitales” García, Lebón, Aznar y Moro, 1979 – Descatalogado por décadas -
VaConFirma charló sobre el tema que circunda este informe con el presidente de Inamu (Instituto Nacional de la Música), Diego Boris Macciocco. Te dejamos para finalizar una transcripción de esa conversación que ilustra con claridad muchos aspectos que quisimos destacar en esta nota. Antes de pasar a la conversa, estaría bueno contarte que todos los encomillados de letras de canciones que leíste en este artículo pertenecen a discos que salieron hace más de cuarenta años y no encuentran cauce para ser reeditados, Sus letras son vigentes, son parte de nuestro patrimonio histórico cultural más reciente. Ahora sí… la charla:
: Hay un regreso, una revalorización de lo que se grabó fonográficamente en Sudamérica durante los sesentas, los setentas y los ochentas. El Inamu se metió en la discusión con el rescate del catálogo de Music Hall, y es solo una puerta que se abre, porque existen otros sellos que desaparecieron y en los que grabaron grandes artistas populares argentinos y otros, emergentes por aquel entonces, pero tan valiosos ahora…
D.B.: Sí, hay un montón de sellos chicos que tenían un excelente catálogo, estaría muy bueno que, de a apoco, esos discos vuelvan a re-editarse, en cualquier formato, pero preferentemente en lo último que ha generado la tecnología de la música… ¡el vinilo! (risas) Hay números que sorprenden: de las reediciones de Pappo´s Blues ya se vendieron más de 40 mil discos de vinilo, y esto sucedió en apenas un año.
: Evidentemente hay un respeto y un apoyo masivo por la reedición, por el formato, por re-encontrarse con la música grabada y olvidada por los sellos.
DB: Sí, hay mucha gente que valora el formato, y busca otras frecuencias para escuchar música, para recuperarla.
: El Inamu fomentó insuflando dinero para que los músicos de toda la Argentina editen vinilos y discos compactos de sus más recientes trabajos en estudio, pero también apoyó cada proyecto de re-edición de obra “cajoneada”, en ocasiones, como la del catálogo de Pappo´s Blues conversando con gigantes como Sony ¿Cómo se da esa instancia en el que un organismo estatal nacional se sienta a conversar con pulpos así de grandes?
DB: En este caso específico el Inamu le dio la licencia a Luciano Napolitano, el hijo de Pappo, y él, junto a Corcho Rodriguez, le llevaron el proyecto a Sony, los arreglos los hacen ellos dentro de las posibilidades que delimitan las licencias que otorgamos. Podría haberlos re-editado Luciano solo o a través de un sello, como finalmente lo hizo. El Instituto se queda con el derecho de productor fonográfico, y eso redunda en un ingreso de dinero para el Instituto para poder hacer un proyecto este año que se llama “Mi Primer Disco”, todo el dinero que se junta por el derecho de producción fonográfica por el catálogo de Music Hall, va a este proyecto para que grupos y solistas de todo el país hagan su primera grabación.
: Los discos en los que participa el Inamu traen un sello detrás, en las contratapas, que muestra el logo del Instituto…
DB: Sí, más que nada para que se sepa que esto es fruto del rescate de la compra de la quiebra del catálogo de Music Hall, pero también para que haya un llamado de conciencia para que quede bien claro que no puede ser que haya fonogramas que están en algunos sellos que no quebraron, que están vigentes, y ese material no está disponible para la sociedad.
: Hay artistas importantísimos en nuestra historia cultural, como Litto nebbia, que están padeciendo esta “retención forsoza” de su obra ¿verdad?
DB: Litto tiene dos conflictos actualmente, uno que tiene que ver con lo editorial, donde hubo un fallo en el que no le fue bien en primera instancia, pero piensa apelarlo, es un conflicto que tiene que ver con la relación de un compositor con la editorial, con la letra chica de los contratos que uno firma cuando se tiene 20 años. El otro tiene que ver con lo fonográfico, con la re-edición efectiva de sus discos, inclusive lo de Los Gatos. Yo lo veo a Litto como alguien que está dispuesto a seguir jugando su prestigio, su patrimonio, para poner alertas para que los músicos más jóvenes no cometan errores, basados en no repetir los errores que otra generación si cometió.
: La enseñanza seria, aunque evidente, pareciera ser: antes de firmar un contrato, por favor sentate y lee tranquilo.
DB: ¡Sí! Antes de firmar cualquier contrato te tiene que quedar bien claro que es lo que obtenés, pero por sobre todo que es lo que cedés, porque en el caso de la producción fonográfica, es el sello el que casi siempre paga para que ese fonograma exista y tiene los derechos de ese fonograma, pero también debería haber algún tipo de contemplación cuando el sello no re-edita ese fonograma por muchos años, porque allí hay un perjuicio no solo para el artista, sino para la sociedad, que no puede acceder a ese patrimonio cultural, entonces debe haber, y se va a trabajar para que haya, algún tipo de cláusula para que sí durante una cantidad de años específica, ese material no está a disposición del público en forma física, pueda el músico reeditarlo, porque para el músico es parte de su vida y es posibilidad de trabajo concreto, pero para la sociedad es un valor cultural que no debe perder.
: Es cierto, la sociedad no tiene que perder conexión con composiciones que, a 20, 30 y 40 años siguen siendo útiles, vigentes, conmovedoras.
DB: Y sí, imagínate que con lo de Music Hall hubo un periodo de 22 años en los que no se podían conseguir en formato original discos como “La Grasa de las Capitales” de Serú Giran, o PorSuiGieco, o los diez primeros discos de León, Troilo, Arco Iris, Porcheto, Piazzolla, Rada, Cantilo, Pedro y Pablo… la cantidad de material que quedó invisibilizado por una cuestión judicial es tremenda, y no está bien que varias generaciones no hayan accedido a ese material
: Es de imaginar que, como músico que sos, te debes haber topado con verdaderas gemas perdidas en esos archivos y debes haber sentido una emoción grande…
DB: Sí, imaginate… Litto Nebbia buscando en algunas cintas de los masters de Los Gatos Salvajes encontró dos de los cuatro temas inéditos que quedaron de aquella grabación y se editaron ahora en el vinilo que salió de Los Gatos Salvajes. Imaginate la alegría que significó para Litto, para nosotros en Inamu y las alegrías que le traerán las canciones a la gente cuando las termine descubriendo…
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