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El Proyecto Unicaba, de creación de una universidad docente y cierre de los 29 profesorados existentes, presentado por el gobierno de Larreta para su sanción en la Legislatura de la ciudad, forma parte del llamado “Plan Maestro”, que es una reforma estructural, nacional, del sistema educativo. Este proyecto es resistido por docentes y estudiantes en forma unificada, del mismo modo que el año pasado, los estudiantes resistieron la experiencia piloto de la Secundaria del Futuro en unas decenas de escuelas de nuestra ciudad.
El proyecto supone dinamitar la actual autonomía de la formación docente del poder político, para ponerla en sintonía con los cambios que pretende el gobierno del Pro con la provisoriamente congelada reforma laboral.
Algunos de los fundamentos que se han explicitado en un muy pobre documento del Ministerio, señalan, por ejemplo, que la llamada Unicaba serviría para “actualizar la educación a los cambios tecnológicos en el mundo”. En realidad, se busca desplazar a los docentes como eje de la tarea pedagógica para controlar la educación desde las plataformas digitales, al tiempo que, con un sistema de credenciales y evaluaciones externas al propio cuerpo de docentes, se digite el contenido de lo que se enseña en cada aula. Descontemos que, estos mecanismos conducen a una creciente recolonización ideológica de nuestro sistema educativo ya que muchas de estas plataformas y empresas evaluadoras son filiales de empresas extranjeras cuyos intereses son ajenos a un proyecto social y hasta nacional.
Otro de los fundamentos que se han dado para la misma, sería la necesidad de preparar para un futuro de trabajadores “autónomos, emprendedores y creativos”. Esta formulación es un eufemismo para designar la intención de destruir las relaciones laborales, con derechos adquiridos durante más de 100 años, como son un salario por convenio, obra social, vacaciones, jubilación. En cambio, se trataría de extender, más aún que en la actualidad, las relaciones vía contrataciones de proyectos, programas a ONGs, fundaciones, de modo que cada día habría más cuentapropistas con monotributo a la AFIP, claro.
Este proyecto de una "universidad" docente, de universitario solo tiene el nombre. Mientras las universidades del país funcionan con un sistema democrático de co-gobierno, el proyecto de la UniCABA promueve liquidar el co-gobierno de los profesorados para avanzar en mayor verticalismo por parte de los funcionarios del gobierno de la ciudad. Dice que se garantiza la autonomía de la futura universidad, pero resulta que quien escribiría su Estatuto sería el Poder ejecutivo que designaría a un rector interventor. Esto es lo opuesto a lo que ocurre en las universidades de nuestro país. Dice que garantiza la fuente de trabajo de sus docentes, pero oculta que gran parte de los mismos hoy no son titulares por lo que, no saben qué pasará con ellos. Dice que la UniCABA se ajustará a la Ley 24541 que rige para las universidades del país, pero, si esto es así, el Ejecutivo de la ciudad no tendría injerencia. Entonces, es falso que puede garantizar los derechos laborales de los docentes.
La UniCABA pretende un feroz ajuste de nuestros profesorados, tal como ya en reiteradas oportunidades el ex ministro Bullrich lo refiriera cuando afirmó que en nuestro país hay muchos profesorados, con una baja tasa de graduación. La intención es clara, un sistema educativo donde la tecnología no sería una herramienta auxiliar de la tarea docente, sino la línea directriz de la relación pedagógica, requiere menos docentes y significa una fuente de ingresos para las empresas que producen las plataformas digitales en forma privada y que ya los ministerios de educación están comprando.
Pocas veces en la historia se ha logrado la unidad en el rechazo a una medida de un gobierno como ocurre en este. Aunque en la Legislatura el Pro tiene mayoría absoluta, no tiene en quien apoyarse para implementarla. El Consejo de Enseñanza Superior de la Gestión Estatal (Cesge), constituido por los rectores electos por voto de sus claustros en cada instituto, la Coordinadora de Estudiantes Terciarios (CET), los cuerpos docentes y el estudiantado todo, rechaza el proyecto y desde hace cinco meses viene realizando marchas, asambleas, semaforazos, clases públicas, petitorios y cartas a la población, sin descanso. El cerco mediático ha impedido a la población conocer lo que ocurre. Agradecemos este espacio. El debate debe llegar al conjunto de la sociedad.
A 100 años de la reforma universitaria de 1918, que instaló la autonomía de la formación superior respecto de los poderes políticos, convocamos a defenderla frente a este ataque que liquidaría esta tradición, fundamental para el desarrollo del conocimiento público, de profesionales al servicio de la sociedad y no de intereses sectoriales empresariales.
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