El fútbol es un emergente. Un emergente de la sociedad. ¿Por qué deberíamos ser más que lo que somos con clubes devenidos redes de trata...? La enfermedad es sistémica. El nivel de iatrogenia de la institución, de eso se trata cuando se habla de trata. Iatrós es enfermedad en griego, según la Academia. Y las instituciones, luego, también se enferman. Y la institución, aquí, no sólo se llama AFA, se llama Estado antes que AFA. La familia, la sociedad civil y el Estado, como quería Hegel. ¿Cuán enferma está la sociedad estadounidense, esa de los estudiantes muertos a balazos por otros estudiantes? ¿Cuánto lo está nuestra sociedad argentina, esa que lo está en estado avanzado pero dice no estarlo o vive sin darse cuenta de que lo está?
Macri - Angelici - Tapia (a) "el Chiqui" - Sampaoli. Ese es el perfil actual del fútbol argentino. Esta AFA es la misma que en su última elección de autoridades contabilizó 76 votos sobre un total de 75 votantes presentes, un fraude que expresaba, ya en aquel año 2015, una grave patología institucional en la así llamada Asociación del Fútbol Argentino. Eran los tiempos de la dupla Don Julio-Mauricio en el comando, formal e informal, de la institución. Don Julio Grondona había muerto hacía poquito y Tinelli y Segura se disputaban el sillón de la benemérita institución deportiva cuando se toparon, de frente y sin tocar bocina, con una suerte de "donjulismo" residual, el fraude, 38 a 38, empate y sin penales para dirimir, porque los "señores asambleístas" eran 75 y los números no daban. Y de ahí vinimos, directo, a chocar otra vez, pero esta vez con este 6 a 1 en España. No debería sorprender.
Se trata del país del fraude a dos puntas para cosechar el ridículo. Dujovne y Aranguren, con sus dólares afuera, hacen reír a los fantasmáticos "inversores", que son como los ganadores del Loto, se sabe que existen pero nunca nadie vio uno. Y también los españoles se ríen de los argentinos y de los periodistas deportivos argentinos, que ya se veían en Rusia como parte de los mejores del mundo porque, si bien se mira, los periodistas deportivos argentinos, los exitistas periodistas deportivos argentinos, son parte del problema, no de la solución.
Nos mira el mercado de rabo de ojo a un costado, porque si la corrupción afecta hasta el tuétano incluso al fútbol, entonces nada serio puede nadie esperar de nosotros, los mejores del mundo aunque nadie se dé cuenta. Pero ahora resulta que no todo es, en Independiente, Bernao, Mura, Suárez, Mario Rodríguez y Savoy, también es Martín Bustos, Cohen Arazi y los niños de la cámara Gesell.
Y así, entonces, lindo va si no se apaga dijo una vecina y se le estaba quemando el rancho a otra vecina, pero no es asunto de ella este incendio, yo no fui, yo argentino, como yo tampoco fui el que ofendió a un policía porque ese policía es un gil que gana cien pesos por mes, en cambio a mí me pagan ochenta millones por año para que el mejor fútbol del mundo -el argentino, por supuesto- demuestre en Rusia que los argentinos no sólo somos los mejores del mundo sino también, y en primer lugar, derechos y humanos. Pero, claro, el problema es que el fútbol argentino no sólo viene de Vacca, Marante y Valussi, también viene de Bertoni, que acaba de desayunar al auditorio con la impensada revelación de que la prostitución, la pedofilia y las redes en el fútbol son viejas como el fútbol mismo. ¿Cuántos ídolos populares aplaudidos a rabiar con fervor argentino fueron, en su momento, niños abusados? ¿Cuántos niños no llegaron a ídolos populares porque el abuso iniciático les hizo cuesta arriba la ilusión y los devolvió a la nada y al dolor?
No todo es Daponte, Guidi y Nazionale en el fútbol y en el país. También está, para batirse contra estos males, Carrió, una especie de bosón de Higgs de la moral que señala, cual Émile Zola del subdesarrollo, a corruptos de toda laya, que no son ellos, claro está, sino los otros, pues ellos, los representantes del pueblo, están cada día más ocupados en que los pobres no sufran, no vaya a ser que un día de éstos a estos pobres de solemnidad se les ocurra vincular su hambre con las jubilaciones de privilegio que aguardan a todos, diputados y senadores, en el primer recodo del arduo camino hacia la república que ellos, los repúblicos, por el bien de todos, han decidido transitar con una abnegación y un desprendimiento dignos de las mejores causas.
Y los periodistas argentinos, que en esto de la catástrofe ante España 6 a 1 son parte del problema, no de la solución, ya han dictaminado, por boca de sus colegas no especializados en fútbol pero argentinos hasta la muerte como ellos, que el doctor Juan Martín Maldacena está "a las puertas" del Nobel, y lo dicen como antes decían que éramos los mejores del mundo con Messi, y la verdad es que ni lo uno ni lo otro, sino que Maldacena es, apenas, un argentino insigne al que Cavallo y Macri no valoran porque es científico y los científicos, ya se sabe, son un gasto y no una inversión, y entre Maldacena y Luis Caputo admiran más bien el genio de Luis Caputo que timbea de lo lindo, no produce y se enriquece y es el Messi de la deuda.
Y ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario como una vez dijo Frondizi, porque el premio holandés que recibió Maldacena no coloca a nadie a las puertas de nada y sólo sirve ya de mucho, porque sirve para mostrarles a los argentinos cuál es el camino de los valores, qué valores hay que profesar y el vínculo entre el dólar, el euro y el peso argentino importa más que el que hay entre energía, masa y velocidad de la luz que es lo que desvela a Maldacena, pobre, nunca será como Macri, agujero negro, horizonte de suceso, teoría de cuerdas y dimensiones cuánticas para medir el cuántum de desorientación en que vive la Argentina por obra de los que votan para arribar al apetecido puerto de ser iguales a Canadá, y no saben que Canadá es como el partido conservador, no suscita fanatismos -como dijo Borges- y nadie da la vida por Canadá, es tan aburrida Canadá que dicen que había una vez un concurso y el primer premio del concurso era un viaje por una semana a Ottawa con todo pago, y el segundo premio era ... dos semanas en Ottawa, cómo será de aburrida Canadá. Nunca será como el fútbol argentino que tiene de todo como para no aburrirse, menos deporte, tiene de todo.
Es así. No todo es Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreyra y Guaita. También repta por los medios un roedor de información privada y pinchada que él subasta en el altar de una mal entendida pericia profesional. Se trata, apenas, del alcahuete de un juez, pero si las acciones privadas de los hombres (y de las mujeres) no merecen más que desprecio por parte de jueces y formadores de opinión, ¿por qué entonces las acciones públicas de los jugadores de la selección van a ser otra cosa que lo que son? Si no hay códigos, el único código es el dinero, no la camiseta, ¿y cuál es el deseo colmado de Di María?, jugar la Champions, dice, y Maradona, entonces, también dice: con éstos, estamos en el horno. Y alguien podría agregar: con Maradona en la cancha esto no pasaba, no había 6 a 1. No sé si ganábamos, pero seguro que no nos humillaban, dice otro.
El fútbol es hijo de su circunstancia. No todo es Martín, Pastoriza y Sacchi. Y la circunstancia argentina luce atravesada por la inmoralidad hipostasiada bajo la forma del lucro y el negocio sin correr riesgos y atrapando todo lo que el Estado tiene para atrapar de modo de perpetrar, allí, el "emprendimiento" o el "desarrollo inmobiliario" de ocasión, la ocasión de hacer negocios aprovechando que el pueblo los votó para administrar el Estado. Por qué Sampaoli es el técnico si Macri es macrista y Sampaoli kirchnerista, otra ilusión, otro error, delete, clic en eliminar, aquél no es nada que no huela a dinero e inopia espiritual y éste, si es de la tropa K, mejor tenerlo controlado, porque es de los progres que cobran por adelantado y trabajan para el que mejor pinte. Los creativos que armaron el negocio en las inferiores de Independiente son de esa ralea de emprendedores, con los pies bien puestos sobre la tierra, bien lejos de soñadores, de poetas y de otros trasnochados. Ellos son de otra madera. Los creativos de Independiente prostituyen a los niños y Sampaoli hace lo propio con el lenguaje: se estampa una cita del Che en su cuerpo de atleta. De allí, derechito al escarnio de aquello mismo que dice venerar: ofende al trabajador porque gana cien pesos. Un admirador del Che Guevara, Sampaoli. Ni a Discépolo se le hubiera ocurrido. Y justo ahora vienen con eso, dicen. Si hubiéramos ganado no dirían nada de Sampaoli, dicen. No hagamos olas, dicen, que en una de esas llegamos a San Petersburgo, pasamos por el Hermitage para luego, sin escalas, terminar ovacionando a Messi, que todavía no está nada dicho.
¿Qué valores, de qué modo, con qué argumentos, se hace respetar un técnico que, encima, ahora tiene que afiatar un grupo, darle fuerza moral? ¿Qué fuerza moral puede ofrecer Sampoli si hace poco dijo que un laburante que gana poco es un imbécil pero que él, en cambio, es un vivo bárbaro porque se lleva ochenta millones por año de la AFA? Insultó porque no quería pagar la multa. El policía trabaja bien, le pagan para que sancione a los borrachos que se desplazan por rutas y caminos argentinos, que también son los mejores del mundo, estos caminos, eso también se sabe. Sampaoli, a lo que parece, no trabaja tan bien: sus dirigidos dieron pena. Y dieron pena a pesar de que se trata de excelentes individualidades. En sus clubes son realmente buenos. Pero en sus clubes hay grupo, hay colectivo, hay equipo. En esta selección de Macri, Angelici, Tapia y Sampaoli sólo hay muchachos adinerados y lo demás es un desbarajuste apoyado en la molicie, en el sálvese cada quién como pueda, cumplamos y volvamos a lo nuestro, que está en Europa lo nuestro. Sampaoli no motiva y entrega a la selección a su propia deriva. ¿Por qué no habría de hacerlo si Macri entrega las Misiones para una base militar, y entrega la Tierra del Fuego para otra base militar, ambas de EE.UU., por supuesto, y Argentina es ahora, de nuevo, un proyecto y una meta: satélite de Washington y con la pobreza viento en popa.
Nunca se le podrá ganar a nadie viniendo de este pozo ciego en que han convertido al fútbol de un país así. Y mucho menos podemos inaugurar centros de la memoria, de la memoria de los derechos humanos, de la memoria de la violación de esos derechos humanos, con gente que mata chicos por la espalda. La Vidal es parte de este gobierno y, con ella, ni a misa. Sin embargo, hay que prepararse: con el metrobús a La Matanza y la puesta de Comodoro Py al tope de las marquesinas por un año más, hay 2019... para Macri. Y esto es así porque el pueblo nunca se equivoca, sobre todo cuando tiene que meter la pata, ahí la mete solito y sin equivocarse. Si se dan esos dos prerrequisitos, el futuro será amarillo en la Argentina. Igual queremos que gane la Argentina con Messi de la mano. Porque somos argentinos. Somos el proyecto de una gran nación. Somos un proyecto. Hace dos siglos que somos un proyecto. Como proyecto, estamos bien consolidados y entrenados. Llevamos doscientos años entrenándonos, proyectándonos. No todo es Boyé, Pío Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez.
Tampoco todo es Herminio Masantonio haciendo las delicias del globito en Parque Patricios una tarde de domingo de 1930. En aquel lejano ayer, todavía se sentía la vergüenza. Hoy, en cambio, dicen que bajó la pobreza cuando el empleo en negro aumentó... Ese pobre que dejó de ser pobre, ¿qué es ahora? ¿Es un rico? ¿Es un clase media? ¿O dejó de ser pobre porque ahora tiene una changa en negro? Argentina, con 40 millones de personas le puede dar de comer a cuatrocientos de esos millones, y el gobierno festeja que "bajó la pobreza" y los argentinos sufren por ese 6 a 1 que golpeó en el centro mismo de su orgullo, no sufren por la pobreza porque la pobreza está bajando. Pero lo cierto es que nunca bajará la pobreza y el empleo sin cobertura social (en negro) con 400.000 millones de dólares escondidos por sus dueños en prostíbulos financieros para no pagar impuestos o para no ir presos a causa del origen de ese dinero. A Gustavo Arribas ("experto" en transferencias de jugadores y ahora a cargo de... ¡la seguridad del Estado!) ya lo mandó en cana dos veces un brasileño arrepentido que conoció la trama Odebrecht desde adentro. Casación... ¡teléfono...! Lorenzetti, ¡teléfono...! ¿Y Carrió? Carrió es hincha de Chaco For Ever. Le encanta el fútbol.
Nunca bajará la pobreza así. Y nunca el fútbol nos dará satisfacciones así. El fútbol argentino es lo que es por razones que ni Messi conoce. El bueno de Daniel Bertoni, aquel de las tres B con Balbuena y Bochini, dice que no es nada nuevo lo de la pedofilia, la prostitución y el horror descargado sobre niños del interior que vienen a Buenos Aires con miedo a que la ciudad se los trague, porque Buenos Aires mete miedo al que no la conoce y cuando se es niño se siente más miedo y los adultos no contienen a ese niño y cuando no hay un adulto que le saque la roja al miedo y lo expulse del partido, entonces ese niño ha quedado solo, lo abusan y luego lo preparan para que lo abusen los buenos que van a "Esperanto" o que van a alguna de esas "discos" que a los periodistas deportivos y a los futbolistas y a los famosos de toda laya les encantan. Bertoni dice que esto pasa desde siempre en el fútbol argentino y nosotros queremos ser los mejores y el mejor fútbol del mundo. Y el club Independiente -dice Bertoini con buena fe- no tiene nada que ver porque el club "les da todo", les da buena comida y buenas sábanas, todo pasa dentro del club pero el club no sabe nada y no es responsable de nada, les da todo menos lo que no se le puede dar a una criatura que tiene que irse de su madre, de su padre, de sus hermanos y de sus amigos y del pueblo que lo vio nacer porque si no viene a la capital, no come o no estudia. La pobreza lo expulsa, para caer en la trata. Hay que venir a Buenos Aires para estudiar o para comer y nosotros, adultos, nos aprovechamos de ellos que están "en situación de calle", vienen de "barrios carenciados" y aprovechamos las oportunidades que nos brinda el sistema para abusarlos y hacer buen dinero. Y si quieren los pasajes para ir a ver a sus familias... bueno, los pasajes están, pero ya saben lo que tienen que hacer antes de irse. ¡Oh, hipócritas! En cualquier momento el padre Esteban, el de la catedral de La Plata, les da una patada en el culo, total... el infierno no existe, Francisco dixit.
De modo que, con estos formadores de opinión, la opinión sobre cómo está hoy el fútbol de Macri, Angelici, Tapia y Sampaoli importa poco. No es la familia, ni la sociedad civil, ni el Estado, como quería Hegel. El problema es Messi; o, mejor dicho, su ausencia. A "la Pulga" hay que cuidarlo, no vaya a ser que justo ahora que las cosas marchan de maravillas se nos lesione nada menos que el mejor del mundo. No todo es cuestión de Lettieri, Vaghi y Ferreyra, Yácono, Rodolfi y Ramos. También está el país dentro del fútbol. ¿O es el fútbol el que está dentro del país? ¿Y si a Higuaín lo probamos de arquero...? No sería el primer caso de un argentino mostrándole al mundo un talento escondido. Lo cierto, pese a todo, es que el mundo sabe que, como siempre y desde siempre, somos los mejores del mundo: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna, Lousteau... Y así.
(*) Abogado, periodista, escritor.