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Ya sabemos quién es Mauricio Macri y cuáles sus ideas. Pero si existieran dudas al respecto, dejemos que una comisión parlamentaria o cualquier otro grupo de personas se dediquen a recordarnos lo que es el presidente y la teoría, si la hubiera, en que basa su poder y tomemos a título de inventario sus conclusiones.
Pero los demás debemos poner todas las fichas en crear una “oposición con propuestas”. Eso sí que es más difícil que detallar el perfil multifacético del quehacer macrista. Es más difícil porque ser oposición requiere tener un proyecto alternativo. Y la oposición lo tiene, pese a que parece ignorarlo. Hay que basarse en la gestión de Néstor y de ahí saldrán las propuestas demoledoras de esta realidad miserable que se le ha impuesto desde la democracia al pueblo argentino.
Hay quienes proponen estudiar el fenómeno Pro cuando el solo hecho de ponerlo de modelo de estudio le otorga lo que no tiene, aquello de lo que carece, originalidad. Carece de originalidad acá y en el mundo por donde se han extendido las inquietudes de revelar académicamente lo que es la derecha, llamada pomposamente, “moderna”, hija del neoliberalismo de los años ‘80. ¿Es que todavía no lo aprendimos, después de la dictadura, de Menem y De la Rúa, de las gestiones de Reagan y Thatcher en el “Primer Mundo”?
Cada vez que, por decir algo, la intelectualidad se detiene ante la manifestación saqueadora de la derecha argentina liderada en la ocasión por Macri, dotándola de un barniz de objeto de estudio, le otorgamos una legitimidad de la que carecen sus políticas, constituyendo academia donde solo hay chatarra intelectual, que podrá explicar el ardid proselitista en el que basó su triunfo electoral y las tácticas de opresión y censura de toda oposición política, pero nada que pueda sorprendernos.
Y no es solo por un desvío de mala interpretación de sus epígonos de ocasión el no hallazgo de algo constructivo que pudiera emularse en las estrategias por el bienestar colectivo, sino porque no hay nada que ya no hayamos vivido y padecido los argentinos en las múltiples ocasiones en que fue gobierno el liberalismo conservador en nuestro país.
Para marcar sus características no hace falta detener el debate político, alcanza con que alguien marque alguna de sus peculiaridades, que seguro no serán significativas respecto del modelo conocido.
¿Acaso puede ponerse en el paquete heterogéneo que representa el macrismo, el abuso que hace del poder para volcar beneficios económicos hacia la figura presidencial y sus ministros? ¿Se pueden conjugar esos hechos en el marco de una teoría que otorgue ponderación o inteligencia a lo que hacen? Estaríamos destacando una inteligencia transgresora puesta a gobernar un país.
Si es por teorizar estudiemos la heterodoxa gestión de Néstor que está apoyada en los textos críticos de Jauretche, en los análisis que Perón dejó como herencia en su descripción de la dependencia económica, en las cartas del Bebe Cook y en tantos otros que aportaron a lo popular y nacional desde hace muchos años.
El peronismo tiene cómo derrotar a la oligarquía porque ya lo hizo en el ‘45 en el ‘73 y en el 2003.
No finjamos con un juego de abalorios a lo Hesse, dando racionalidad y lustre a lo que son sencillamente las formas políticas del saqueo.
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