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Columnistas
23/03/2018

Carpe Diem, Frei Betto…

Carpe Diem, Frei Betto… | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.
Frei Betto

El autor responde a la nota “De aquí a 100 años”, del teólogo de la liberación brasileño, publicada originalmente en Cubadebate.cu y reproducida el martes en Va Con Firma.

Juan Chaneton *

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Si bien se mira, lo mejor que podría ocurrir es que dentro de cien años nos recuerden con amor, con admiración, con respeto, con agradecida bonhomía y, sobre todo, con humor, es decir, haciendo befa ellos, nuestros congéneres del próximo siglo, de ese poco de risible y ridículo que también portamos cada uno de nosotros. Y todo eso es lo contrario de lo que dice nuestro hermano Frei Betto.

A él, solipsista consumado, le ocurre que no puede afirmar ninguna existencia, salvo la suya propia. Narciso colmado. La vanidad consiste en aspirar a ser anfitrión del ágape hoy y en no resignarse a la condición de huésped en fiesta ajena mañana, cuando ya no estemos para recibir la mirra, el lapislázuli, el damasco y la seda y el oro que nos seducen hoy.

Eso compruebo después de leer ese canto a mí mismo que escribió el hermano Betto y que hubiera hecho las delicias de Walt Withman. Eso compruebo. Y digo: tal vez nada trascendente ha ocurrido con tu vida que vaya más allá de tu muerte. Y agrego: pero todo puede ocurrir acá, en la Tierra, más allá de nuestra muerte. El comunismo puede ocurrir, por caso.

Creo que te equivocas, hermano Betto: es más importante ganar en la apelación que en la primera instancia. Sólo un egoísta irredento puede carecer de interés en aquélla. Porque es la especie la que ganará en la apelación, aunque nosotros no estemos para celebrarlo. Para eso trabajamos, no para admirar nuestra belleza en las aguas del estanque, ¡oh, Narciso…!

Te copias de Sartre, hermano. ¡Enhorabuena! Pero siempre es mejor citar la fuente. Dice mi maestro: “… la gloria póstuma se funda siempre en un error… La inmortalidad es una terrible coartada. Hay autores que se han dejado robar sus vidas por la inmortalidad. Nosotros escribimos para nuestros contemporáneos. No queremos ganar nuestro proceso en la apelación y no sabemos qué hacer con una rehabilitación póstuma; es aquí mismo, mientras vivimos, donde los pleitos se ganan o se pierden…”. Dice lo mismo que vos, pero mejor.

Y eso que yo nunca pude coincidir con ese punto del programa ético de Q’est ce que c’est la littérature. Por lo dicho en el párrafo cuarto de esta misiva no he podido coincidir con Sartre. Pero no por eso deja él de ser mi autor de culto. Porque aquel marxista angustiado y trémulo, aquel que elevó el compromiso y el juramento al cielo azul de los valores, aquel que denunció la impostura de la mala fe, aquel, sigue enseñando hoy.

¿Cierras los ojos para ver mejor? Ya. Muy bien. Haces como Demócrito de Abdera. Pero él lo hizo antes que tú, hermano.  Y él no tenía a quién emular; entonces, tuvo que crear. Es mejor crear que copiar. También Borges, otro ínclito, supo apropiarse del tracio pero sólo para elogiar a la sombra y para decir que, como él, se ha quedado ciego. Y para rematar: Llego a mi centro // a mi álgebra y mi clave // a mi espejo  //  Pronto sabré quién soy. Bello, por cierto. Y de una honestidad intelectual a la medida de su talento.

Habrás sido un buen Cristiano, hermano Betto y yo respeto profundamente a cada quien con su imaginario, no es preciso estar de acuerdo en todo para que nos duela el hambre o el miedo de ese niño o el crimen de esa guerra gringa. Pero también sé que hay modos de creer en dioses y en resurrecciones más honorables que el cristianismo. Ningún monoteísmo es hijo del alucinante terrorismo con que se impuso, ante propios y extraños, el cristianismo. Ninguna sangre, ningún malleus maleficarum, ninguna inquisición encontramos en el Corán o en la Torah. Giordano, aquel de Nola, aun aguarda su rehabilitación que el Vaticano le mezquina aun cuando, a buen seguro, y llevado por su ética impecable, él mismo, si rehabilitado, rechazaría el homenaje: nada que provenga de los hijos de Roberto Belarmino puede ser bueno. Ni lo bueno.  Felizmente, la humanidad todavía celebra alguna buena nueva. A Stephen Hawking, en aquel ayer del cual provienen ustedes, amado Betto,  en clave progre, habríalo esperado la pira. Nosotros, en cambio, lo despedimos con tristeza infinita pues él sabía de lo inefable más que cualquier dios. Eso celebramos; celebramos que un hombre no se inclina ante ningún dios.

Hay un Otro ausente, sí, lo hay, como tú dices, hermano Betto, pero ese Otro es Otro y es absoluto sin ser imaginario y sin ser no-humano porque es el que interpela tu posición de sujeto y dice cuántas y cuáles son las posiciones de sujeto disponibles para vos. Ese Otro no necesita habitar en el cielo y fuera del alcance de los humanos, porque ese Otro es el padre y es el lenguaje del padre, y padre y lenguaje, orden Simbólico, están inmersos ambos en lo Real, y te han constituido como sujeto. Tú no eres Frei Betto más que porque la realidad material de la vida humana (ese Absoluto ausente en la conciencia inmediata) te ha instituido como tal sujeto por la mediación del padre y del lenguaje del padre (que también modulan su presencia como ausencia y como absoluto), y no porque algún heterónomo fantasma te haya instituido como sujeto. Aquí y ahora, en situación, en esta dulce tierra, en la materialidad de la vida, en tus condiciones reales de existencia pudiste ser sujeto y postular tu relación imaginaria con la realidad y con la divinidad.

Abres los ojos para mirar y los cierras para pensar, dices.  Me gustas más mirando. Mira, aquí está la prueba, tú lo dices, hermano Betto:

 “ … De nuevo, seré uno con todo, como el océano… Vuelvo a mí mismo, a lo recóndito del espíritu, atento a la delicadeza de la vida. Todo es liturgia, basta tener ojos para creer: el pan sobre la mesa, el agua vertida en el vaso, la ventana batida por el viento, la rueda de piedra del amolador de cuchillos, la luz de la vela que se consume junto al sagrario, el olor dulce del mango, el misterio del momento exacto cuando me secuestra el sueño, el grito alegre de un niño al cortar una flor en lo que reste de jardín de aquí a 100 años. Lo mejor de la existencia son las cuentas de su collar, los diminutos abalorios que forman bellos diseños, los pedazos de vidrio coloreado. La búsqueda de la utopía, la conversación inconsútil con los amigos, la lengua perfumada por el vino, los salmos recitados con la cadencia gregoriana, la siesta del domingo, el gesto de cariño, el cuidado solidario…”.

No eres Proust, por cierto, pero igual es bellísimo. Suena ora a Borges, ora a Filippo Bruno. Como literatura evoca a Borges. Como filosofía, es Bruno, porque es inmanencia. En el siglo XV hubieras sido condenado a la hoguera. Por los tuyos.

Adiós, hermano Betto. Va con firma este saludo ritual, y mezclado de yoes y de túes, la lengua absuelta y que lengua maravillosamente suelta la mía… Estoy vivo aún. Los que van a morir te saludan, y ojalá que ganemos en la apelación y que los niños del futuro aplaudan nuestras ideas de hoy, aunque hoy no nos aplauda nadie. De eso se trata, porque, en ese caso, habremos triunfado, en primer lugar, sobre nuestro egocentrismo y, luego, sobre el enemigo de hoy. Carpe Diem.



(*) Abogado, periodista, escritor.
29/07/2016

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