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Columnistas
23/03/2018

¿Dos o más presidencias Pro?

¿Dos o más presidencias Pro? | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En la coalición gobernante algunos entusiastas proyectan hasta una segunda reelección. Para extender su gobierno eventualmente 12 años, el actual equipo gobernante enfrenta el desafío de sostener el esquema vigente de alianzas o directamente pasar a deglutir a muchos actores que parecen más cómodos como Pro que como socios en Cambiemos.

Gabriel Rafart *

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Varios líderes del Pro blanquearon que es tiempo de lanzar la reelección de su gobierno. Que trabajarían para que en 2019 el actual presidente sea reelegido. Algunos van más allá y, muy entusiastas, proyectan una segunda reelección. Doce años en total. Sin duda Mauricio Macri corre con la ventaja de contar con el actual traje presidencial para relanzar un turno más largo. El sistema hoy está de su parte. Un segundo tendrá que esperar para ese tercer turno que puede ser más corto. Igual que el modelo norteamericano, nuestro presidencialismo incentiva una presidencia personal y cuasi imperial de ocho años, con una parada plebiscitaria a mitad de aquel tiempo.

Curiosamente nuestra historia reciente expone escasos reeleccionismos para el ocupante de la casa Rosada. En cambio, en el mundo de los gobernadores y de los intendentes es más corriente la repitencia de varios turnos. Y cuando la regla escrita impide una reelección inmediata esta siempre la posibilidad de retornar al cargo Ejecutivo después de dejar pasar un periodo. Las provincias de Mendoza y Santa Fe son las ovejas negras de un sistema que arranco en 1983 impidiendo la reelección de presidentes y gobernadores.

Volvamos a nuestro universo más estrecho de presidentes reelectos. Arranca con el cambio constitucional de 1994. El listado, es breve. Menem y Cristina Fernández. A esta última se le podría sumar el tiempo presidencial de Néstor Kirchner dando una suerte de dos reelecciones consecutivas. Para aquel entonces se decía que estaba en juego el “proyecto” o el “modelo” y el mismo estaba encarnado en el matrimonio presidencial. Aún así se ponía en juego estilos de mando presidencial y cambiantes esquemas de alianzas políticas y sociales. Y es sabido que el primer Kirchner, más flexible, abierto, tenía el doble desafío de inventarse una legitimidad y trazar las líneas maestras del modelo. Luego se dio paso a una primer Cristina del coalicionismo con una parte del radicalismo y el activismo para un amplio menú de derechos, para cerrar con una segunda menos “aliancista”, más cerrada sobre los suyos, decididamente confrontativa y administrando los logros sociales y económicos en un tiempo de escasez.

El itinerario del último reeleccionismo puede que sea un espejo para los ingenieros del Pro-Cambiemos. Uno de ellos es que las reelecciones resultan un buen momento para desprenderse de vices molestos y reemplazarlos por otros que puedan proyectar un nuevo tipo de coalición política. Algo está en el adn del Pro cuando su armado del 2015 no tuvo nada de espíritu aliancista para la cúspide -un binomio presidencial puro- y resultó más abierto -no mucho- para pensar las otras escalas del poder.

Para el momento de revalidar la presidencia de ocho años y extenderla eventualmente hasta el 2027 el actual equipo gobernante enfrenta el desafío de sostener el esquema vigente de alianzas o directamente pasar a deglutir a muchos actores que parecen más cómodos como Pro que como socios en Cambiemos. No caben dudas que muchas de las piezas del radicalismo están sometidas a esta tensión. Algunas ya están muy quejosas haciendo crujir la actual coalición. Mientras otras ya asumieron por entero el verbo y programa Pro. Por fuera de estas tramas partidarias que la dirigencia del Pro parece despreciar, el mayor desafío es ver si pueden darle continuidad después de 2019 a un tipo policlasismo que se puede caracterizar como invertido y ser consecuentes con esa voluntad de ser los primeros en el siglo XXI en ofrecer el rostro de un mundo político sin partidos y bajo el mando de la élite del dinero. Si ocurriera esto, se echaría por tierra a una historia donde del policlasismo político argentino daba para que esas elites ya prescindieran de la política de partidos y actuaran como poderes fácticos dispuesta a lo que sea, o se acomodaran dentro desnaturalizando los proyectos nacionales y populares del viejo radicalismo o el peronismo.

No cabe duda que los seis años que siguen -o si se prefiere diez- darán cuenta del éxito o fracaso de una experiencia novedosa para el país donde una derecha que ha sabido consagrar la unidad de las elites de los negocios pueda contar con eso que llamamos hegemonía, o sea la capacidad de conducir moralmente y en las ideas a gran parte del mundo popular. Las reelecciones no son solo capítulos electorales, son modos de ver la perdurabilidad de un proyecto político y social.



(*) Historiador, autor del Libro “El MPN y los otros”
29/07/2016

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