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Columnistas
26/02/2018

Decime si exagero

Todo lo que necesitas es amor

Todo lo que necesitas es amor | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

En épocas donde los guiones cinematográficos de los estudios grandes de Hollywwod parecen productos sazonados al gusto general, sacados de cálculos estadísticos hechos en las oficinas de Durán Barba, Guillermo Del Toro nos trae una fábula hermosa en la que el amor levanta su rara cabeza y nos muestra caminos posibles.

Fernando Barraza

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“Incapaz de percibir tu forma,

Te encuentro a mi alrededor.

Tu presencia llena mis ojos con tu amor,

Doblega mi corazón,

Porque estás en todas partes”

 

SANAI HAKIM (poeta afgano del siglo XII)

 

Según el diccionario de la Real Academia Española, fábula, como concepto, tiene dos acepciones posibles. Si estamos hablando de un “apólogo”, fábula es el “relato o composición literaria en prosa o en verso que tiene una intención didáctica de carácter ético y universal” y si estamos hablando de un “mito”, fábula es la “leyenda que narra las acciones de los dioses o héroes de la Antigüedad”.

La última película del mexicano Guillermo Del Toro cumple a la perfección con ambas definiciones.

“La forma del agua”, el bello y contundente film de Del Toro, recientemente estrenado en cines de nuestra región, cuenta la historia de una mujer, huérfana de origen, que trabaja como maestranza en el turno nocturno de un centro de investigaciones del ejército norteamericano durante los años más crudos de la guerra fría y entabla una especial relación afectiva con un ser anfibio capturado por los yankees en el Amazonas, encerrado en un sótano de laboratorio y sometido a violentísimos tratos. Qué pareja tenemos aquí, ¿no? Pues ella es retraída, noble, valiente, muda de nacimiento; y él es... ¿un simple y bestial animal?, ¿un mágico semi-dios mitológico? Tendrán que pagar para ver a la pareja en acción y sacar sus propias conclusiones, porque la aventura bien vale la pena.

Primero los plagios

Para empezar a desandar esta nota, vamos a comenzar refiriéndonos con detalles a las dos acusaciones de plagio que pesan sobre la película de Del Toro. Toda la información al respecto está dando vueltas por internet, en todos lados, claro, pues el film es un verdadero tanque que ya ha recaudado una millonada de millones en todo el planeta y -como si esto fuera poco- parece que puede llegar a entrar en la historia como una de las películas que se alce con más Oscars en la historia de estos premios, superando a “Titanic”, “Eva al desnudo” y “Lalaland”. A quienes nos gusta ver y disfrutar el cine, más allá de estas ornamentaciones mercadotécnicas (taquilla y Oscars lo son), poco nos importa la situación de “éxito” del film, por eso, quizás, podamos tener una distancia más equitativa a la hora de evaluar estas acusaciones de plagio, viéndolas con más tranquilidad que la que tienen los voceros oficiales del estudio Fox Searchlight y con menos nerviosismo editorial que el que profesan los miles de periodistas ávidos de estruendosos titulares en los principales portales del mundo.

Así que veamos...

La primera acusación viene de parte de Mark Lolkema, el productor de “The space between us” (El espacio entre nosotros), un hermosísimo corto independiente holandés realizado en 2015. El denunciante usó en diciembre pasado sus redes sociales personales para generar el suspicaz comentario sobre las similitudes que había entre el corto de Marc S. Nollkaemper (director del film) y la película de Del Toro, pero todo quedó allí, jamás fue a la Corte, pues los fanáticos de todo el planeta Del Toro saben y conocen (también a través de las benditas redes sociales) que los primeros storyboards y bocetos de personajes de “La forma del agua”, fueron publicados a cuenta gotas por el bueno de Guillermo desde principios de 2011, cuatro años antes del estreno de este corto. Habida cuenta del silencio que reinó tras estos comentarios suspicaces de Lolkema, sobre todo el silencio judicial (ninguna demanda por plagio de ningún miembro del equipo en ningún tribunal del planeta) el búmeran pegó la vuelta y en su regreso no son pocos los que acusan a estos muchachitos de haber plagiado ellos la idea ya sociabilizada en borradores desde 2011 por el propio Del Toro.

Mas el corto de los jóvenes holandeses es bello, vale la pena verlo, está ambientado en un futuro distópico y -si bien tiene similitudes notables- trata temas distintos a los de la película de Del Toro. Les dejamos aquí el corto y ustedes sacarán sus primeras conclusiones tras ver ambas obras:

La segunda acusación por plagio es jurídicamente más seria, pues una demanda fue presentada en enero de este año y un juicio que reclama 77 millones de dólares viene en camino. Se trata del reclamo judicial radicado por David Zindel en un juzgado de Los Ángeles. David es el hijo del dramaturgo Paul Zindel, y alegó desde un principio que Guillermo Del Toro se basó por completo en “Let me hear you whisper” (Déjame oir tu susurro), una obra de teatro escrita por su viejo y estrenada en 1969, para hacer “La forma del agua”.

Con el correr de las semanas, y teniendo en cuenta que Del Toro cuenta con un “aguerrido” (para ponerles un adjetivo calificativo neutro) equipo de abogados de un estudio/tanque de Hollywood, el discurso de Zindel hijo bajó unos cambios y a la justicia no llegó una acusación a los gritos, sino una prolija y menos beligerante presentación en la que se destaca y se puntualiza que en la película de Del Toro hay “elementos varios” tomados de la obra de su padre, los suficientes como para -según Zindel- cobrar aquella millonaria indemnización que hemos citado más arriba. El director mexicano negó la acusación, citó las diferencias sustanciales que existen entre su película y la obra teatral de Zindel padre y sacó chapa de sus 25 años de trabajo en los que hemos visto al menos diez películas suyas, escritas de su propio puño, que brillaron mundialmente por su originalidad.

Concretamente, y para no esquivar la balacera, les proponemos (y será mejor si lo hacen después de ver la película de Del Toro, eh) que vean ustedes mismos la obra de Zindel, que fue televisada en USA a principios de los 70's. Notarán que el tono es distinto, la intención es distinta, los personajes son muy distintos y el final es diametralmente opuesto. En todo caso la obra de Zindel -genial también, por cierto- se acerca en clave de comedia, en clave de futurología también, a una reflexión de lo que actualmente sería la ecología “de empatía y preservación del reino animal” que tan en boga (por suerte, por qué no) está por estos días. No es -ni por asomo- la fábula de amor y humanismo que Del Toro estrenó en cines.

Bueno, sin más vueltas, vean por ustedes mismos esta fabulosa puesta en escena para la televisión que el New York Television Theatre hizo de la obra original de Zindel:

Y finaliza aquí, amigas y amigos, el capítulo “acerca de ciertos plagios” con la siguiente reflexión:

Tenemos tres verdaderas obras de arte nacidas de una idea igual o parecida; una pieza de teatro de vanguardia que por la vía del humor nos deja pensando en lo insensatos que somos los humanos al interactuar con nuestro ecosistema; un cortometraje de ciencia ficción que con belleza inusual trae una reflexión social sobre cómo nos organizamos y cómo nos defendemos del poder abusivo; y una película que trae con magistral pulso una fábula de amor, esperanzadora, inteligente, poética y sólida... ¿Vale la pena que entremos en la polémica sobre el huevo y la gallina y se nos vaya el tiempo en no disfrutar de las tres? Pues habrá que dejar que, en materia de resarcimientos posibles, decidan los jueces y nosotros, simples mortales, gocemos a nuestras anchas con las tres historias.

En todo caso “Romeo y Julieta” se escribió y se filmó más de un centenar de veces con otros nombres ¿o no? Decime si exagero...

Ahora sí, la película

“La forma del agua” es saludada por la mayoría de los críticos del planeta como una pieza maestra. Casi todos coinciden en que la mayor genialidad está en que Del Toro ha convertido una película clásica del género de “monstruos” en una película de amor inolvidable. Esa apreciación no es del todo justa con el autor, pues que la idea de “El monstruo de la laguna” esté presente en la cabeza de muchos espectadores que van a ver “La forma del agua”, es un preconcepto que, en el correlato real del film de Del Toro, no se condice con nada de lo que sucede durante la película que -se insiste- es una fábula hecha y derecha.

Como toda fábula (ya vimos definiciones al principio de la nota), el largometraje ofrece con encanto hipnótico -una excelente dirección de arte, superior inclusive a la de “El laberinto del Fauno”, solo para comenzar- una atrapante historia en la que veremos como una serie de personajes aparentemente “grises” y prisioneros de fracasos y agobios cotidianos, son los únicos capaces de tener la valentía que es necesaria para jugarse por un otro -no importa que sea un ser desconocido, extraño, casi no humano- en condiciones de sufrimiento y en peligro de ser sacrificado bestialmente. Estos personajes se permiten, genial y tiernamente, durante todo el transcurso del film, la posibilidad de preguntarse a sí mismos que es lo que están haciendo cuando no hacen nada frente a la injusticia y -en consecuencia- buscan coraje de donde sea y ponen manos a la obra cuando la vida debe abrirse paso.

El film de Del Toro no busca tener un guión super-lógico y sólido, donde todo sea explicado al detalle y “factiblemente”, sin cabos sueltos (tan en boga en el Hollywood actual, en películas de cualquier género), sino que apuesta al fuerte delineamiento del carácter de cada personaje, la poética narrativa de lo esos personajes dicen o callan, porque los silencios son fundamentales en este relato, también lo que cada imagen muestra u oculta y, finalmente, hace una buena inversión de tiempo y creatividad en el aspecto de la magia fantástica que todo relato fabulesco debe tener para trascender en el tiempo y universalmente.

“La forma del agua” no solo tiene esta bella lectura en la que los personajes “grises” muestran la valía del coraje y la importancia vital de los vínculos sólidos con el otro, sino que -empezando ya con las posibles didácticas morales y éticas que una fábula de por sí trae- nos pone en escena el valor que un accionar inteligente y sensible a la vez puede tener para resolver un problema injusto. Con un tinte sumamente poético, Del Toro hace que los silencios de su heroína, completamente muda de nacimiento, nos traigan a pantalla lo que -echemos manos a una especialista regional en poesía- la poeta platense/neuquina Edith Galarza ha definido como “la inteligencia del silencio que los aparentemente pequeños pueden tener frente al idiota poderoso, esa inteligencia es poder, 'en mi silencio mando yo', no se trata de callar o someterse, sino de defenderse de una manera mucho más inteligente, desde un lugar al que el idiota no puede llegar”; una definición que resume muy bien un aspecto importante de lo que Del Toro nos muestra en esta fábula, y una definición bien femenina, que es el próximo tema a destacar en el relato del mexicano.

Femme power y mucho más

Porque también hay una mirada de género poderosa en “La forma del agua”, que -en este sentido- se encuentra tres escalones más arriba que la media de Hollywood. Las dos mujeres de esta película de Del Toro son heroínas, se masturban sin culpas, discuten a sus maridos, comprenden lo importante de vivir porque transpiran, toman las riendas de sus destinos con coraje. El sutil y pragmático poder femenino, un contrapunto de la manera masculina de hacer el mundo, se hace presente en la película con todo su esplendor. Los tres hombres del film se dividen en:

a) Un científico que replantea su sentido de existencia y entra en tensión, tratando de aceptar su destino por fuera (¡muy fuera!) del mandato socio-político que le tocó vivir. El amor entre una mujer y un ser fantástico le demuestra que en él hay una humanidad más fuerte de la que pensó jamás tener dentro suyo.

b) Un pintor de la tercera edad, gay, alcohólico, derrotado por el sistema, una persona que a medida que avanza el film se muestra dispuesta a pelear (con el ejemplo directo de esas dos mujeres) contra lo que lo aplasta y lo tiene muerto en vida.

c) Uno de los villanos más abyectos que recuerde la historia del cine: sádico, machista, perverso, xenófobo, violento, bruto de mente: una verdadera pinturita.

Como verán, el abordaje de género es muy pero muy interesante.

Por último y por no extendernos más, digamos que hay contenido sociológico para desmenuzar y disfrutar. El film muestra notoriamente en algunos de sus personajes muchos aspectos de segregacionismo y paranoia tan típicos de la sociedad yankee de los años de guerra fría. El guión está plagado de micro-discursos cotidianos de personajes que se expresan con furia y miedo (esa mezcla ancestral que es la fórmula esencial de la ignorancia humana) en contra de los negros, de los comunistas, de los homosexuales, de las personas con discapacidad, de lo desconocido y también trae consigo algunas situaciones vividas por los personajes más insensatos en los que hay alusiones directas al rescate bobo e infantil del discurso de que el futuro es siempre mejor que el pasado, la idea de “ser exitoso”, la (¡vaya, cómo no!) sempiterna meritocracia, el “pensamiento positivo del triunfador que solo piensa en sí” a rajatablas y otras delicias que harán que disfrutes esa “bajada de línea” desde que comienza hasta que termina la película. Mirando esa recreación de época (los rasgos cotidianos de la sociedad norteamericana) bien advertimos -en todo el planeta, seguramente- que hemos avanzado todos de la mano hacia esos comportamientos oscuros y egoístas. Para pensarlo seriamente ¿no?

Bueno, redondeando: por todas estas razones, y tal vez muchas más, no deberías dejar de ir al cine a ver esta película que -vamos a advertirte- posee uno de los finales más poéticos y bellos que la historia del cine recuerde. Andá a verla y después... ¡decime si exagero!

29/07/2016

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