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Columnistas
02/02/2018

Gobierno sin academia

Gobierno sin academia | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

La reciente exposición de Macri sobre el legado europeo de los latinoamericanos, lo liga estrechamente a lugares de sentido común desinformado y negacionistas que son parte del común ideario de las elites blancas del continente.

Gabriel Rafart *

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En una de las tantas cadenas nacionales del atril presidencial de Cristina Fernández meses antes de terminar su mandato hablo del origen de la Alemania Nazi. Fue en ocasión de destacar el papel de la automotriz alemana Mercedes Benz que anunciaba un ambicioso proyecto de inversión en nuestro país. La entonces presidenta se colocaba del lado de la más fundada corriente historiográfica que explica el nacimiento de aquel régimen.

Decía Fernández: "… el nazismo fue la consecuencia de las condiciones que los aliados le impusieron a la Alemania vencida en la Primera Guerra Mundial a través del Tratado de Versalles". Además, recomendaba a sus interlocutores mirar la excelente película "La caída" de Oliver Hirschbiegel, sin duda la más sólida reconstrucción hecha desde el cine de los últimos días de Hitler.

Seguidamente, recordó que "esta empresa fue importante proveedora de material para el ejército nazi durante los años de la guerra. Esto fue así y nadie tiene que sentirse ofendido ni atacado, porque la historia es la historia y no tiene nada que ver el empresario que está ahí, ni yo, ni el actual gobierno de Alemania, ni nada”.

Para ciertos medios la ex presidenta ofreció "una extraña versión del nacimiento del nazismo”. Ninguno de los autores de esas notas intentó complicarse con la extensa lista de historiadores que asumen esa “versión”. Aún más señalaron que Fernández pretendía “disculpar” a Hitler de su terrible papel en la historia alemana.

Sin duda, la Argentina de aquel momento, contaba con una cabeza de gobierno que era capaz de ofrecer miradas profundas sobre el pasado trágico de Occidente de la misma manera que hablaba de la dinámica del capitalismo globalizado recurriendo a las obras de potentes intelectuales como Thomas Piketty. Entonces había un gobierno con academia.

No hay duda que Latinoamerica carece de presidentes recientes que puedan mostrar intensas vidas académicas. Es cierto que algunos de estos sumaron después de terminar sus mandatos con rangos académicos distintivos que no estaban en sus propósitos. Para ellos los “Honoris Causa” y otros premios reservados la élite académica. El más titulado es Ignacio “Lula” da Silva.

El ex presidente brasileño acumula el mayor número de títulos otorgados por universidades de su país y del mundo. Una docena de universidades argentinas le han entregado galardones de relevancia. Reconocimiento merecido ya que sus políticas se destacaron, entre tantos beneficios para Brasil, por el acceso al mundo universitario de su país de millones de jóvenes. Antes, Fernando Henrique Cardoso contó también con el reconocimiento de varias academias del mundo.

Es cierto que su Teoría de la Dependencia tuvo mayor apreciación dentro del mundo académico que su etapa de liberal pragmático que caracterizo a sus dos presidencias. Igual que Cardoso Rafael Correa, antes de ser presidente de su país, obtuvo importantes logros académicos. Hoy fuera de la presidencia sigue sumando otros reconocimientos.

También la región andina ofrece otro caso exitoso sin pasado universitario. El boliviano Evo Morales parece seguir los pasos de Lula. Muchas instituciones académicas premiaron a Morales por su intensa biografía y el nuevo rostro de una Bolivia que ya no oculta su pasado racial. De los presidentes chilenos Michelle Bachelet es la que reúne el mayor número de títulos Honoris Causa.

Otros gobernantes carecen del respeto del campo académico. El otro rostro del Ecuador de Correa fue el que ofrecieron los políticos outsiders que sin duda estuvieron lejos del territorio de las academias. Aún más pusieron en entredicho la idea de un gobierno serio”.

El ranking lo encabeza el Abdalá Bucaram que apenas llega al poder anunciando duras medidas en los económico informa que grabaría un disco con los Iracundos y que no se mudaría al palacio de gobierno hasta que no tenga una cancha de futbol. Su extravagancia hizo que el parlamento ecuatoriano declarara la "incapacidad mental para gobernar" de Bucaram y con ello el fin de su mandato sin haber cumplido un año.

En nuestro país varios presidentes obtuvieron galardones universitarios. Raúl Alfonsín es quien recibió los mayores reconocimientos, además de ser apreciado dentro del campo intelectual. Aún Fernando de la Rúa que contó con una cátedra universitaria tuvo sus homenajes. También Eduardo Duhalde sumo reconocimientos de este tipo.

Cristina Fernández cuenta con su propio medallero académico. Todos han mostrar un rico vocabulario junto a capacidad oratoria. Algo muy distinto se ve en quien ocupa actualmente la Casa Rosada.

Ciertamente Mauricio Macri ha dejado en claro que lo suyo no son los discursos ordenados e informados que no ha podido salvar ni siquiera su asesoría en comunicación política. Carece de relatos académicos. También de definiciones científicas provenientes de las disciplinas que se cultivan en las academias. Su más reciente exposición sobre el legado europeo de los latinoamericanos lo liga estrechamente a lugares de sentido común desinformado y negacionistas que son parte del común ideario de las elites blancas del continente. Seguramente el futuro dirá si lo suyo es suficiente para que las academias le otorguen un galardón. A la fecha solo recibiría desaprobación.



(*) Historiador, autor del Libro “El MPN y los otros”
29/07/2016

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