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La fábula llamada RAM va cayendo por su propio peso. Nadie se hace cargo de esa sigla entre nosotros, el Pueblo Originario Mapuche. Y tampoco la inteligencia del Estado ha logrado demostrarlo. No hay armas ni arsenal alguno para mostrar.
Es un buen momento para destacar un concepto que, aunque repetido, es necesario como aporte a la comprensión del derecho que nos corresponde como pueblo preexistente.
Hablamos de distinguir claramente la diferencia entre Estado y Nación. Cuando hablamos de Estado, nos referimos al sistema organizativo jurídico, político, administrativo, educativo, militar, etc, que definió una sociedad para organizar su convivencia y su interrelación. Su existencia es moderna. En el caso de Argentina celebró su bicentenario el año pasado.
Mientras tanto, una Nación, es un conjunto de individuos que viviendo dentro de un mismo territorio están unidos por una misma cultura, idioma, religión o cosmovisión, reconociendo un mismo origen y persiguiendo un mismo destino. Su existencia es milenaria.
Los mapuches asumimos nuestra condición de ciudadanos argentinos. Una ciudadanía impuesta porque así fue la relación que establecieron los modernos estados argentinos y chilenos que se instalaron en esta región mapuche o Wajmapu, en base a un genocidio. Y nos asumimos como ciudadanos argentinos porque es la condición que nos permite interrelacionarnos con la sociedad argentina, acceder a los derechos sociales y civiles, como también cumplir con las obligaciones que permiten esa convivencia intercultural.
Lo que es irrenunciable es nuestra nacionalidad mapuche. Somos parte de una Nación Mapuche porque nuestra historia, nuestra identidad y nuestra continuidad histórica nace y se desarrolla en este preciso lugar que defendemos. Acá se construye nuestro Ixofijmogen (relación armoniosa y respetuosa con todos los elementos de la naturaleza) y acá es donde sostenemos nuestro Nor az Mogen (juridicidad propia que nos permite una normativa lógica y accesible regido por el mismo orden de la naturaleza). Para todos y todas, no solo para nosotros los mapuches.
Es posible que la sociedad argentina no conozca muchos aspectos de nuestro sistema de vida. Es bueno que podamos debatir estas razones para provocar saber, conocimiento, nuevas prácticas. Debemos trabajar para en base la memoria y justicia, dar pasos a una convivencia, fraternidad y unidad como no la supieron construir los “héroes argentinos” de la generación del ’80, que se propusieron la creación de una argentinidad en base a la destrucción y aniquilamiento de los pueblos indígenas que preexistían en estas tierras.
¿Cuál es el modelo de Estado que puede superar esa historia traumática y dar pasos hacia esa convivencia? Avanzar hacia Argentina como Estado Plurinacional. Son muchos los ejemplos en el mundo que han adoptado este nuevo modelo de Estado, buscando superar el enfrentamiento, la violencia y la relación racista de cultura superior a cultura inferior. Alguno de esos Estados, son hoy: Canadá, Bélgica, España, Bolivia.
Acá, en Puelmapu (región del este del territorio mapuche) no fue fácil romper la antinomia ley winka versus derecho mapuche, que generó poco más de un siglo de desencuentros, de rencores y resentimientos, de una relación traumática con el naciente Estado. Logramos romper esa antinomia jurídica hace un par de décadas atrás en la reforma a la Constitución Argentina del año ’94 cuando se reconoció entre otros derechos, nuestra preexistencia. Es decir, Argentina reconoció que nuestra vigencia como pueblos naciones era previa a su organización como Estado. Esos derechos quedaron establecidos con mayor fuerza en la Constitución de Neuquén (artículo 53), reformada en 2006 y donde tuvimos un protagonismo intenso en esa Constituyente.
A partir de ese momento, derechos excluidos hasta entonces, pasaron a ser parte del andamiaje jurídico argentino. Se superó la antinomia jurídica, pero no se logra su aplicación. No existe la posibilidad de proyectarnos como pueblo Nación mapuche sin la aplicación de esos derechos. Sin el derecho al territorio que nos permite desarrollar idioma, cosmovisión, institucionalidad, educación basado en nuestra identidad, sistema de salud, administración de justicia, etc. De esta manera, pueblo – territorio - autonomía, son el trípode de derechos fundamentales en que nos sostenemos para aportar a la construcción de un Estado Plurinacional. Es decir, un Estado moderno que evoluciona y cobija en su interior toda la inmensa diversidad de pueblos/culturas que exigen su derecho a no perder su historia e identidad.
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