-?
Al momento en que el peronismo presidencial de Carlos Menem avanzaba por la senda del neoliberalismo se empezó a hablar del fin del peronismo. Ha transcurrido un cuarto de siglo y ese final no llego. Los recientes fracasos electorales de muchos peronistas y la consolidación de la estrella del Pro han relanzado ese diagnóstico. Por su puesto que hay marcadas diferencia entre aquel tiempo y este. En principio quien ocupa actualmente el centro político lo ha hecho por fuera del peronismo, aún más relanzando el antiperonismo desde su furioso antikirchnerismo. Además, gran parte del peronismo quedo desorientado ya el ganador de las elecciones recientes fue capaz de apropiarse de porciones de sectores populares donde solo los peronistas tallaban.
Es cierto que el peronismo partidario de hoy no es el mismo que el de ayer. Su mutación es parte de una transformación mayor para el mundo de los partidos. Ocurrió a principios de los ‘80 con los sólidos partidos europeos para luego avanzar sobre una Latinoamérica de partidos frágiles. En ambos escenarios los procesos de cartelización de los partidos, en el sentido de qué todos trabajan para un mismo programa liberal y conservador, diferenciado solo por las formas y los lideres, había liquidado los puntos de referencias de socialistas, democristianos, liberales, conservadores, laboristas, etcétera. De allí que para muchos estudiosos la “crisis de los partidos” no es solo cuestión del derrumbe de las ideologías.
Desde entonces se afirma que es el mismo artefacto el que ha perdido ventajas y atractivo respecto a una democracia que a la salida de la última dictadura será pensada como el triunfo de una democracia de partidos. Es sabido que ese triunfo fue efímero. Lo cierto es que los partidos políticos de la Argentina no caben en las actuales formas de representación que sólo palpita espectáculos y construye preferencias ciudadanas desde esa cosa mal llamada pospolítica o impolítica. De eso que hace dos décadas Giovanni Sartori empezó a llamar primero videopolítica y luego videodemocracia. Hoy esos términos quedaron desactualizados con la pantalla táctil de nuestros celulares y la instantaneidad con que se construye la información política. Es que hoy le problema ya no es qué se “ve” y su homo videns. Cuenta la emergencia y el dominio -provisorio seguramente- de una arena de deliberación política en expansión geométrica basada en las redes. De allí que pareciera imponerse la idea de que estamos en la era de lo pospartidario, sabiendo que aplicamos el prefijo pos debido a que no tenemos un mejor nombre para la mutación del mundo de partidos.
Volvamos al peronismo. Pensemos que lo suyo ya es definitivo. Que le llego su final y su destino sería el mismo que llevo a muchas piezas partidarias a su extinción. De esas que animaron la historia partidaria del país. Frente a aquel diagnóstico algo es cierto: los peronismos y peronistas de partidos no saben qué hacer frente a estos cambios. Pueden suponer que sus días ya están contados. Que a ellos les pasara lo que ocurrió con el radicalismo. Ciertamente, el centenario partido radical –ahora como satélite del mundo Pro– se reduce a una colección de líderes locales que en general ofician de políticos sin partido, que se exponen pragmáticos y no cuentan con otra preocupación que aferrarse al territorio conquistado.
Hay una parte del peronismo partidario que parece seguir el camino de ese radicalismo Pro. Creen que la estrella ascendente del Pro es la tabla de salvación para sus carreras de políticos profesionales. Estos y otros peronistas se proponen quebrar una parte de la historia existencial del mismo peronismo. Esa que le daba su esencia popular y obrera. Son los que se parecen al acto de autodestrucción que fue la voz de Alberto Teisaire cuando denunciaba el mismo gobierno que compartió como segundo vicepresidente de Juan Perón. Pasado unos años de esa “traición”, el mismo Perón confesaba en una carta de marzo de 1961 con mucha amargura a muchos dirigentes peronistas “que han buscado otros horizontes políticos mediante diversos recursos como el de formar nuevos partidos, permanecer inactivos, substraerse a la lucha o simplemente pasarse al enemigo”.
A pesar de lo dicho, algo permanece estable dentro el peronismo y los peronistas: el partido o su reunión en coaliciones sigue siendo la única fórmula desde donde colgar sus candidatos. También sirven para “nacionalizar” preferencias y ordenar el campo de disputa política, siempre dentro del clásico ordenamiento de izquierdas y derechas. Ellos podrán ser parte de un proceso de desnacionalización del peronismo partidario y el relanzamiento de los peronismos de territorios.
Va con firma | 2016 | Todos los derechos reservados
Director: Héctor Mauriño |
Neuquén, Argentina |Propiedad Intelectual: En trámite