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Columnistas
30/05/2016

Reflejo de la sociedad

Perro de raza, se busca

Perro de raza, se busca | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Nuestras mascotas caninas se convirtieron en símbolo de cierta categoría social y pasaron a formar parte de un mercado de compra, venta, reproducciones y robos. Los criterios que aplicamos para seleccionarlos dicen mucho acerca de nuestra cultura.

Miria Baschini *

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Larga historia de acompañamiento entre especies es la que llevamos humanos y perros, en una clase de simbiosis que seguramente se originó en lograr importantes beneficios para unos y otros, tales como protección, colaboración para resolver más fácilmente las problemáticas asociadas a obtener comida, refugio, calor durante las épocas invernales e incluso afecto. Pero en el largo camino recorrido en conjunto los seres humanos le otorgamos a nuestros compañeros de siempre un rol de mascota, que podría asociarse no solo a la compañía, sino también a la posesión, cuando los tenemos en nuestros hogares se transforman en una especie de amuleto. Y así nos convertimos en sus “dueños”, ejerciendo el poder de amos.

Algunas características de nuestros cánidos compañeros se volvieron, de acuerdo a las modas o a las circunstancias, más agradables ante nuestros ojos, o se convirtieron en símbolo de cierta categoría social. Fue a partir de entonces que, si reunían los requisitos deseados, pasaron a formar parte de un mercado de compra, venta, reproducciones interminables y robos. Algunos cachorros se compran y venden a precios que superan el monto de varios sueldos mínimos, a veces en cuotas desde antes de su nacimiento, incluso portando mutilaciones “estéticas” realizadas durante sus primeros días de vida.

Estos perros, en general, llevan vidas acomodadas de acuerdo al rango que les hemos otorgado y el pasear en su compañía imprime a su acompañante humano de algo así como un título jerárquico destacable dentro de la sociedad. Lo cual en principio no representa un aspecto cuestionable en sí mismo, o al menos no más cuestionable que muchas otras acciones que elegimos para diferenciarnos socialmente de otros seres humanos.

Al empeñarnos en la selectividad de caracteres no queda otra alternativa que reducir la posible combinación de genes, razón por la cual los pequeños vástagos caninos suelen tener precisa información de defectos a manifestarse durante su vida: caderas que no sostienen sus patas, problemas de piel, dificultades respiratorias, corazones débiles, por mencionar solo algunas de la amplia gama de posibles enfermedades. De hecho, casi todas las razas con pedigrí tienen algún mal que los aqueja en forma predominante.

Esta forma de selección dice mucho acerca de la sociedad humana, sin duda se relaciona con sus gustos por la estética, llevada hasta su límite, y también con la selección de algunos estereotipos respecto de otros, con formas de discriminación, que en este campo perjudican notablemente a todos aquellos canes que no responden a una raza en particular, al que comúnmente llamaríamos callejero, no por vivir en las calles (quienes merecen un párrafo aparte) sino por no portar los genes que le otorgan prestigio.

Puede parecer poco relevante como abordamos el tratamiento de la incorporación de animales de compañía a nuestros hogares cuando anda suelta tanta problemática social entre los humanos, pero no puede dejar de mencionarse que, cada vez con mayor respaldo probatorio, es posible destacar que aquello que somos capaces de hacer a los animales, seremos capaces de repetir en nuestro mundo social humano. No es casual que los asesinos seriales, o los maltratadores, registren siempre claros antecedentes previos y contemporáneos, manifestados con ataques a perros, gatos, u otros acompañantes cercanos del reino de los animales no humanos.

El modo en que, como sociedad, pensemos acerca del aspecto y de los requisitos que debe cumplir nuestro compañero de vida canino (o felino), es siempre un fiel reflejo del modo en el que evaluamos a la sociedad. Esto no implica que resulte dañino elegir una mascota de raza, con pedigrí, pero pretende servir de reflexión para que revisemos cuales son los valores esenciales a los que debiéramos otorgarle un espacio prioritario, cuando elijamos cualquier cosa que toque elegir en la vida.



(*) Profesora de la UNC, doctora en Química
29/07/2016

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