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Columnistas
23/05/2016

Martín Fierro defraudado

Lanata, un Oro al oportunismo

Lanata, un Oro al oportunismo  | VA CON FIRMA. Un plus sobre la información.

Entre anécdotas y datos, un periodista cuyo tiempo de gloria es un buen retrato de época.

Sergio Fernández Novoa

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Año 1999. Ciudad de Buenos Aires. La Revista Veintiuno estaba por cumplir su primer aniversario y pasaría a llamarse Veintidós. Junto a Víctor De Gennaro, por entonces secretario general de la CTA, visitamos la redacción de la publicación fundada y dirigida por Jorge Lanata para comentar las iniciativas políticas de la Central, entre las que sobresalía establecer un Seguro de Empleo y Formación y la Asignación Universal por Hijo en medio del desastre social provocado por el neoliberalismo.

Ya en el edificio de calle Arroyo, nos encontramos con los periodistas Ernesto Tenembaum y Guillermo Alfieri, con quienes hicimos la previa mientras esperábamos por Lanata. Una secretaria nos vino a buscar y nos acompañó hasta la oficina del director. Después de atravesar una puerta de rejas que el propio Lanata abrió con un botón desde su escritorio, nos saludamos y comenzó el diálogo; conversación que, vista a la distancia, decía mucho más del futuro del personaje que de nuestras preocupaciones.

Tras las explicaciones del Tano De Gennaro, el periodista pertrechado con vistosas alhajas propuso crear el “premio al trabajo”. La intención era acrecentar el rating de su programa Día D, que se emitía por América TV. Nuestra colaboración debía ser conseguir listas de desempleados. Él garantizaría que algún empresario diera un puesto laboral. El resultado: el ganador se quedaría con el empleo, como un premio por determinadas “condiciones” que debíamos acordar.

De Gennaro reaccionó: “el trabajo es un derecho, no puede ser un premio para un show televisivo”. En medio del humo de su fumar incesante, Lanata insistió que sería una buena manera de difundir las iniciativas de la CTA y que él necesitaba de la Central para legitimar la idea televisiva. Lo que se dice: matar dos pájaros de un tiro. No hubo acuerdo, sino enojo de ambos lados.

Años más tarde conté la anécdota mientras almorzaba en el Café San Juan con algunos ex compañeros que participaron junto a Lanata de la etapa fundacional de Página/12. Sonriendo, uno de ellos fue categórico: “sus elecciones nunca son periodísticas, obedecen siempre a su ideología: ganar mucho dinero”. Página/12 no fue la excepción. “Jorge estaba convencido que en ese tiempo convenía ser progresista”, remató el colega. Lapidario.

Ya sin Página/12, Lanata volvió a la carga con la idea de ser dueño de un diario. En marzo de 2008 montó Crítica de los Argentinos donde se asoció con Antonio Mata, el español acusado por sospechas de administración fraudulenta por el vaciamiento de Aerolíneas Argentinas. El matutino nunca logró ser atractivo para los lectores y vivió rodeado de rumores sobre su “extraña” composición societaria hasta que inició su declive y dejó decenas de desocupados.

Lanata se acostumbró a ir y venir con sus ideas. Por ejemplo, en un principio apoyó la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Esto decía de su actual empleador: “Durante los años que desaparecieron miles de personas, Clarín no se caracterizó por informarlo. No sólo no le importó, sino que hizo grandes negocios. Entre ellos Papel Prensa, que fue una empresa subsidiada por el Estado para producir papel y que les permitió crecer mucho”.

Después “arregló” con Héctor Magnetto y pasó a denostar esa misma ley: “Esto de vamos a desmonopolizar los medios creando nuevos medios, no significa que esos medios vayan a tener público. Una cosa no trae a la otra. Esta boludez de ‘hagamos la radio de los wichis’, ¿quién carajo va a escuchar la radio de los wichis? Y lo que es peor, ¿quién va a poner avisos en la radio de los wichis? ¿Y cómo le van a pagar el sueldo a los operadores? Esta es vida real. Es un negocio como cualquier industria”.

Según el periodista Pedro Ylarri, los ingresos de Lanata ascienden a los seis millones de pesos anuales entre lo que cobra por su programa en Canal 13 y en Radio Mitre. Además, suma abultados beneficios por los llamados PNT (publicidad no tradicional) y sus colaboraciones en Perfil, medio al que “sin embargo” no se privó de defenestrar después de que la revista Noticias informara que en los primeros días de febrero de este año compró un exclusivo piso en Miami (“impresionante vista al mar y 232 metros cuadrados distribuidos en varias habitaciones”) por 2,55 millones de dólares.

La defensa del periodista fue por lo menos insólita, ya que se presume de haber engañado al banco que supuestamente le prestó el dinero: “Pagué seis gambas y saqué un crédito a 30 años. O sea lo va a terminar de pagar Magoya porque yo voy a estar recontra muerto en 30 años”. (La Nación, 9/2/2016)

Lanata atraviesa un tiempo de gloria. Sabe que fue una pieza fundamental en la parafernalia comunicacional armada para derrotar al Frente para la Victoria y que lo sigue siendo hoy para legitimar la restauración neoliberal del gobierno de Mauricio Macri.

Por eso no sorprende el Martín Fierro de Oro que le otorgó la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas. Tampoco la silbatina con que lo reprobó una parte de los asistentes a la ceremonia. A estos, fiel a su estilo, Lanata los descalificó acusándolos de recibir dinero del gobierno anterior. Está claro: todo pasa por la plata, jamás por las ideas.

Hay algo que nunca sabremos: que le dirá Martín Fierro cuando deje de ser estatua y lo encuentre lejos de los reflectores. Podemos imaginar que no está de acuerdo con el premio, como tampoco lo están los miles de trabajadores a los que el periodista quiso distinguir mientras perdían su trabajo. Sí, es cierto, a Lanata, a Jorge Lanata, ni una ni otra cosa le importa demasiado.

29/07/2016

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